Traducido de: Coloma, L. A. and Duellman, W. E. 2024. An Introduction to the Amphibians of Ecuador: Diversity, Conservation, and Cultural History. Volume I. CRS Press, Taylor and Francis Group. 326 pages. Enlace
En esta sección, hemos compilado y resumido la historia de la investigación de anfibios, sus protagonistas y los hechos más relevantes en relación con los descubrimientos científicos y la investigación sobre los anfibios ecuatorianos hasta tiempos recientes. Al hacerlo, describimos eventos en un orden casi cronológico, excepto en los casos en que fue necesario hacer un seguimiento del trabajo de un individuo o una institución durante el lapso de sus actividades. La información pertinente la extraemos de biografías publicadas aunque también describimos eventos que no se habían publicado previamente, particularmente sucesos que ocurrieron en nuestros tiempos, hasta 2022–2023. Al describir la historia reciente personal o institucional, hicimos un esfuerzo por incluir, como autores, a varios biólogos que escribieron (en tercera persona) secciones concernientes a sus intereses o proporcionaron información de primera mano; estos son autores contribuyentes y se citan bajo el título de la sección. Cuando nosotros y los autores contribuyentes hablamos de nuestro propio trabajo, nos esforzamos por equilibrar la jactancia con la objetividad y los hechos. No obstante, algunos de los adjetivos utilizados fueron elegidos por Luis A. Coloma y los revisores, y son de su preferencia. Reconocemos que sin duda existe un sesgo inherente en la narrativa e interpretación de eventos, dado por nuestra propia participación en la historia reciente (desde 1966 hasta el presente). Los autores que proporcionaron información para las biografías se citan en la sección de agradecimientos. Los nombres de personas, instituciones y museos se escriben por completo la primera vez que se mencionan bajo un título. Posteriormente, se utilizan los apellidos de las personas, y las instituciones y museos se indican con sus abreviaturas.
Antes de 1848, durante un período de 90 años (1758–1848), 22 especies de anfibios neotropicales de amplia distribución, la mayoría etiquetadas como procedentes de América, Brasil y Guyana, fueron descritas por científicos europeos. Más de un siglo después (114 años), comenzando en 1872, se registraría la primera especie como presente en Ecuador.
Los primeros nombres binomiales para anfibios aparecieron en 1758 y fueron establecidos por el fundador de la taxonomía binomial moderna, Carl Linnaeus (1707–1778) (Linnaeus, 1758). Linnaeus fue un científico, naturalista, botánico y zoólogo sueco que fue pionero en la clasificación de especies, a las cuales asignó nombres binomiales. Nombró las siguientes cinco especies que posteriormente se han encontrado en Ecuador (la localidad tipo, autor y año de publicación o primer registro de Ecuador están entre paréntesis): Rhinella marina (América; Jiménez de la Espada, 1872), Ceratophrys cornuta (localidad desconocida; Jiménez de la Espada, 1872), Boana boans (América; Duellman, 1978), Pipa pipa (Surinam; Duellman, 1978) y Caecilia tentaculata (América; Taylor y Peters, 1974). Con la excepción de la cecilia C. tentaculata, todas estas son especies comunes en las cuencas de Guyana y Amazonas. Estos nombres estuvieron asociados con unos pocos especímenes e ilustraciones realizadas por varios autores, la mayoría en referencia a las ilustraciones publicadas por el zoólogo holandés Albertus Seba (1665–1736) (Seba, 1734) (Figuras 1, 2).


En el resto del siglo XVIII, durante un período de 42 años, dos científicos europeos acuñaron los nombres para otras seis especies comunes. Tres de ellas fueron descritas por Josephus Nicolaus Laurenti (1735–1805): Dendropsophus marmoratus (Surinam), Scinax ruber (América) y Leptodactylus pentadactylus (Indiis) (Laurenti, 1768). Laurenti fue un naturalista austriaco de origen italiano que nombró 42 especies de anfibios y reptiles. Posteriormente, en 1799, el clasicista y naturalista alemán Johann Gottlob Theaenus Schneider (1750–1822) proporcionó descripciones de tres especies adicionales: Rhaebo guttatus (Surinam), Boana punctata (Surinam) y Lithodytes lineatus (no indicado). Durante la primera mitad del siglo XIX, entre 1802 y 1848, 11 especies abundantes fueron descritas de Guyana y Brasil por otros naturalistas europeos: Daudin (2), Mikan (1), Spix (5), Wiegmann (1), Tshudi (1) y Troschel (1): Sphaenorhynchus lacteus (América), Siphonops annulatus (Río de Janeiro, Brasil), Hemiphractus scutatus (Río Solimões, Brasil), Boana cinerascens (Ega, Tefé, Brasil), Leptodactylus mystaceus (Salvador, Estado de Bahía, Brasil), Lithobates palmipes (Río Amazonas, Brasil), Rhinella proboscidea (Río Solimões, Brasil), R. horribilis (Veracruz, México), R. poeppigi (Moyobamba, Perú) y Boana calcarata (Guyana), respectivamente. Entre estos autores, destaca el alemán Johann Baptist von Spix (1781–1826), quien fue el primer curador de zoología en la Academia Bávara de Ciencias en Munich, por haber participado en una expedición a Brasil en 1817.
Durante el medio siglo de 1849 a 1900, 108 especies fueron descritas de Ecuador a través del trabajo de 15 científicos europeos y norteamericanos. Italia, Alemania, Estados Unidos, España e Inglaterra estuvieron en la línea de partida de la época de la investigación de anfibios en Ecuador. En 1849, la primera especie de anfibio en ser nombrada de Ecuador, Atelopus ignescens (Cornalia, 1849), un bufónido, fue descrita en una publicación del científico italiano Emilio Cornalia (1824–1882) (Figura 3).

Figura 3. Emilio Cornalia. Tomada y modificada de Smithsonian Institution Archives, Record Unit 95, Box 27A.
Este evento histórico ocurrió porque en abril de 1847, otro naturalista italiano, Gaetano Osculati (1808–1894), recolectó varios especímenes en una localidad descrita como “Locis humidis circa Latacunga prope Quito” (= humedales alrededor de Latacunga cerca de Quito) y los depositó en el Museo de Historia Natural de Milán (actualmente esos especímenes estarían perdidos). Dos años después, Cornalia nombró formalmente la especie y describió la morfología externa del endémico A. ignescens en un texto de 15 líneas (que era una descripción extensa para esos tiempos). Emilio Cornalia fue curador y director del museo y es bien conocido porque fue uno de los naturalistas y científicos líderes de su tiempo; se especializó en anatomía comparada y fue uno de los fundadores de la Sociedad Entomológica Italiana (Conci y Poggi, 1996). La descripción de Atelopus ignescens marcó el comienzo de una era de exploración e investigación por parte de naturalistas, coleccionistas e investigadores europeos y norteamericanos que, durante más de un siglo (hasta 1949), descubrieron y describieron 170 especies adicionales de anfibios ecuatorianos. Treinta y seis taxónomos trabajaron en las descripciones de estas especies (proporcionamos información sobre la mayoría de ellos aquí). Entre ellos, Espada y Boulenger destacan por el número de especies que describieron. Espada sobresalió por sus descripciones detalladas, y es el único que describió especímenes que fueron recolectados por él mismo.
En la primera mitad del siglo XIX, hubo muchas expediciones a América del Sur, y algunos de los exploradores pertenecían o servían a la nobleza alemana. Según Bustamante (2016), sin duda siguiendo el ejemplo de Humboldt, la exploración de la naturaleza se convirtió en una actividad atractiva para la aristocracia. En Ecuador, esta era de exploración estuvo asociada con nuevas descripciones de especies a partir de 1857–1860, cuando 12 especies adicionales de ranas fueron recolectadas en Ecuador por el científico y explorador alemán Friedrich Johann Carl Moritz Wagner (1813–1887) en una expedición que fue financiada por el rey bávaro Maximiliano II (Wagner et al., 2012). Los especímenes que recolectó fueron depositados en el museo Zoologische Staatssammlung München (ZSM) en Alemania, excepto un espécimen de la salamandra sin pulmones Bolitoglossa palmata, que fue dado al Naturhistorisches Museum Wien (NHMW) en Austria. Algunos de los especímenes sirvieron como material tipo para cuatro especies que fueron descritas por el científico alemán Wilhelm Karl Hartwich Peters (1815–1883), director del Museo Zoológico de Berlín, y el austriaco Franz Josef Maria Werner (1867–1939): Leptodactylus wagneri (Peters, 1862a), Hemiphractus fasciatus (Peters, 1862), Pristimantis chalceus (Peters, 1873) y Bolitoglossa palmata (Werner, 1897)—nótese que L. wagneri fue nombrado en honor al recolector. Desafortunadamente, el material en la colección ZSM se perdió debido a los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Es posible que algunos de los especímenes aún existan, pero esto espera aclaración (Wagner et al., 2012).
Otra expedición a Ecuador ocurrió siete años después. Como relata Cope (1868), una expedición desde Estados Unidos, con fines de exploración científica, se llevó a cabo durante el otoño e invierno de 1867–1868, bajo los auspicios del Smithsonian Institution. El profesor James Orton del Williams College, Massachusetts, dirigió la expedición, que estaba compuesta principalmente por estudiantes del colegio. Junto con muchos especímenes de reptiles, recolectaron una pequeña rana negra en la vertiente occidental del Volcán Antisana, a 13,000 pies (3962 m) sobre el nivel del mar. Aparentemente, esta fue la única especie nueva de rana que encontraron en Ecuador, y fue descrita por el prolífico y famoso zoólogo, paleontólogo y experto en dinosaurios, Edward Drinker Cope (1840–1897) en 1868. Cope trabajó durante un período de intensa competencia en la búsqueda de fósiles ahora conocida como las Guerras de los Huesos (https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_los_Huesos). Cope nombró a la rana ecuatoriana Atelopus longirostris (Cope, 1868), mencionando en su publicación que tenía un dorso negro. Sin embargo, en la descripción se afirma que provenía del Valle de Quito, una localidad que, según Peters (1973), es un error. Las colecciones en el siglo XX de A. longirostris se hicieron en las vertientes occidentales de la Cordillera Occidental de los Andes, pero la especie ocurre a una elevación máxima de 1925 m. Cope eventualmente describió 14 especies (en 7 publicaciones) actualmente registradas de Ecuador. Nueve de ellas eran de Perú, traídas por Orton, tres de Colombia, una de Costa Rica y una (A. longirostris) de Ecuador.
En 1862, Isabel II de España envió una expedición a la costa del Pacífico de América del Sur. Esta expedición fue una operación militar y política, un intento de ayudar a España a recuperar su poder e influencia en las Américas. En este contexto, y en el último minuto, el Ministerio de Fomento de España organizó la Comisión Científica del Pacífico, que incluía un equipo científico de naturalistas para emprender el estudio de la flora y fauna de las antiguas colonias españolas en América y recolectar especímenes para el museo en Madrid de 1862 a 1865 (Savage, 1978; Miller, 1983; Cabodevilla, 1998; López-Ocón y Ponsati, 2002; González Fernández, 2006). Con esta expedición, se promovió un resurgimiento del interés académico por América en España, junto con el desarrollo del americanismo. Aunque la expedición fue una empresa imperial o neocolonial, los “estudios americanos” que inició sentaron las bases para una “ciencia federativa” iberoamericana (López-Ocón, 2003). La preocupación por el desarrollo académico también se expresó en Ecuador durante el gobierno de Gabriel García Moreno, quien estaba interesado en la ciencia; este período ha sido llamado la Ilustración Conservadora (Bustamante, 2016).
Los naturalistas de la Comisión incluyeron a un pionero prominente, Marcos Jiménez de la Espada (1831–1898) (Figura 4), nacido en Cartagena de Murcia, España.

Espada fue un conocido y distinguido americanista, explorador y científico (Barreiro, 1928; Colao, 1967; Luer, 1966; Savage, 1978; López-Ocón, 1991; Cabodevilla, 1998; López-Ocón y Pérez-Montes, 2000; González, 2000). Sus viajes, biografía, diarios y escritos han sido compilados en una página web sobre la Comisión (López-Ocón y Ponsati, 2002). Desafortunadamente, aunque la expedición científica de un año estuvo dedicada a actividades de investigación a lo largo de toda la costa del Pacífico, desde Tierra del Fuego en América del Sur hasta California en América del Norte, al llegar a Lima, encontraron que la situación política se había deteriorado gravemente. Un incidente en Perú, cuando la mitad del ejército peruano declaró la guerra a España, abrió la Guerra del Pacífico (1864–1866). Aunque Ecuador emitió una declaración de guerra en un acto de solidaridad, no tuvo una participación significativa en el conflicto (Bustamante, 2016). Frente a esta realidad, la misión científica fue suspendida en 1864 cuando el Almirante Pinzón ordenó arbitrariamente a los miembros de la comisión descargar del barco todo su equipo y materiales y regresar a España (Savage, 1978). Sin embargo, Jiménez de la Espada (el participante más prestigioso) decidió continuar en un proyecto diferente que se nombró como el Gran Viaje, es decir, una recreación del viaje que Charles Marie de La Condamine inició en 1735 desde Quito al Atlántico por vía del Amazonas. Espada fue un emulador de los grandes viajeros naturalistas de la era romántica como Alexander von Humboldt y Charles Darwin, y su viaje por las regiones andina y amazónica estuvo lleno de aventuras. Espada llegó a Guayaquil, Ecuador, el 31 de octubre de 1864 y recolectó ranas en Ecuador hasta aproximadamente junio de 1865. Su ruta fue desde Guayaquil a Quito y luego a través de los Andes hasta Papallacta, Baeza, Sumaco, Archidona y el Río Quijos. Entre sus aventuras, mientras descendía el Volcán Pichincha, Espada se perdió durante tres días y estuvo cerca de la muerte antes de ser rescatado (López-Ocón y Ponsati, 2002). Un esquema y mapa de su itinerario se encuentra en Savage (1978), y información más detallada está en los diarios de los miembros de la expedición (Jiménez de la Espada et al., 1866; Barreiro, 1928). Lamentablemente, a su regreso a España, Espada y los otros miembros de la Comisión no recibieron apoyo gubernamental, y la indiferencia y pereza del personal del museo resultaron en el deterioro de sus colecciones, que solo fueron recuperadas recientemente (González Fernández, 2006). En el apogeo de su prestigio como naturalista, y después de haber promovido la Sociedad Española de Historia Natural, de la cual fue fundador en 1871 junto con un puñado de colegas, Espada terminó su programa de investigación como erudito de la Comisión Científica del Pacífico—que fue oficialmente terminada en 1872—y redirigió su atención al campo de la geografía histórica y la historia americana. Murió a la edad de 67 años (Savage, 1978; López-Ocón y Ponsati, 2002).
Jiménez de la Espada fue el primer científico que describió anfibios ecuatorianos basándose en especímenes de su propio trabajo de campo. Durante la expedición, Espada recolectó 786 especímenes de anfibios, la mayoría de los cuales eran de Ecuador, particularmente del lado amazónico de los Andes, entre Baeza y Sumaco, Provincia Napo. Las recolecciones en algunas otras localidades ecuatorianas fueron hechas con la ayuda de sus colegas en la comisión (de La Riva, 2000; González Fernández, 2006). Basado en estas colecciones, Espada publicó descripciones y datos para 35 especies (34 especies y una variante) que pertenecen a 28 especies actualmente válidas (Tabla 1). Según se reconoce actualmente, 18 de las especies eran nuevas para la ciencia, 7 fueron registradas de Ecuador y 3 habían sido reportadas previamente. Además, Espada describió seis géneros actualmente válidos: Centrolene, Edalorhina, Engystomops, Hyloxalus, Oreobates y Pristimantis. Estas descripciones fueron publicadas entre 1870 (ver leyenda de la Tabla 1) y 1875 (Jiménez de la Espada, 1870, 1872, 1875), entre las cuales el artículo de Batracios de 1875, considerado un clásico de la literatura zoológica, es de uso obligatorio para cualquier biólogo de anfibios interesado en el Neotrópico. Para cuatro de las nuevas especies, Espada solo proporcionó ilustraciones en el artículo de Batracios de 1875 (Tabla 1) porque el texto no se publicó debido a problemas financieros. En un artículo publicado en 1899, un año después de su muerte, Espada agregó extensas descripciones morfológicas de las ranas de casco Hemiphractus (Jiménez de la Espada, 1899).
Espada trabajó en estrecha correspondencia con renombrados herpetólogos de otros museos en Europa (López-Ocón, 1991). Entre ellos estaba Wilhelm Peters, a quien dedicó el nombre específico de una especie, Engystomops petersi.
Dedicamos la especie al eminente naturalista Sr. W. Peters, director del Museo Zoológico de Berlín, cuyas sabias lecciones han contribuido tanto a dirigir e ilustrar este trabajo mío. (Jiménez de la Espada, 1875)
El siguiente relato de Hemiphractus (Jiménez de la Espada, 1899) se basa en uno de los especímenes recolectados por Wagner en 1857–1860. Aquí también expresa su respeto a Peters.
No es arriesgado suponer que el género Hemiphractus hubiera continuado proscrito de los catálogos científicos sin el envío fortuito de otro ejemplar encontrado por M. Moritz Wagner (un viajero cuyos pasos he seguido a través de algunas de las regiones ecuatorianas y he dejado atrás en mi ascenso a Izalco) en las orillas del Pastasa [Pastaza], un río que corre paralelo al Napo y baña una parte de la región norte del alto Amazonas, visitada por nosotros. Dicho ejemplar llegó a manos del sabio Director del Museo de Berlín en un estado de perfecta conservación.
Espada estuvo adelantado a su tiempo al proporcionar descripciones morfológicas externas meticulosas y detalladas (Savage, 1978), y fue el primero en publicar amplios datos sobre osteología, historia natural y dieta y en proporcionar ilustraciones (por F. Díaz Carreño) (Figura 5) e información etnozoológica para anfibios que habitan en Ecuador.

Figura 5. Las primeras ilustraciones de ranas ecuatorianas. Edalhorina perezi, Atelopus petersi y A. ignescens. Ilustraciones de F. Díaz Carreño. Tomado y modificado de Jiménez de la Espada (1875). © Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid (ACN110B/002/04705).
Fragmentos de sus descripciones son interesantes para relatar aquí. Por ejemplo, Espada da cuenta (no tan detallada como le hubiera gustado; ver lo siguiente en sus propias palabras) de algunos aspectos de la historia natural de la una vez abundante rana arlequín jambato (Atelopus ignescens), basada en observaciones realizadas en 1865 en Laguna de la Mica, Antisana, e incluyó la primera ilustración conocida de esta especie. Actualmente, A. ignescens está casi extinta y fue vista por última vez en Laguna de la Mica en 1983 (Mario García Saltos, com. pers.). El encuentro de Espada con el jambato fue durante la temporada de reproducción, que describe de la siguiente manera:
Vimos individuos por miles cerca de arroyos durante los meses de noviembre, diciembre y enero en los prados herbosos y húmedos, cerca de los arroyos, estanques o lagunas. En las orillas de la llamada la Mica, en Antisana a partir de 1865, los sorprendí en la época de sus amores, y cuando los machos buscan a las hembras para desovar o fertilizar sus huevos. Las perseguían a través de los pantanos junto al agua con actividad e insistencia, y tan ciegamente que, luchando por alcanzarlas, al llegar a ellas, rodaban en grupos, enredados unos con otros. Confieso con pesar que entonces tuve poca vacilación en ofrecerme una observación más detallada, contentándome con recolectar y conservar; por ahora, me reduzco a meras conjeturas sobre lo que podría haber registrado como un hecho cierto. Algo excepcional sucede en la fertilización de A. ignescens. En el momento, las cuatro extremidades de las hembras y las extremidades anteriores de los machos adquieren una fuerza extraordinaria; caminan soportando el peso del macho y el de los huevos que hinchan sus ovarios, por medio de los cuales el acto se verifica en tierra… . Tenemos seis parejas en nuestra colección todavía abrazándose tenazmente, tal como los sorprendí en el lugar… . Entre las hembras sueltas hay varias que todavía tienen impresiones muy profundas del abrazo del macho… . En el estómago de individuos de esta especie hay abundantes restos de coleópteros–muchos de ellos elateroideos– de himenópteros y dípteros–de estos también hay larvas y crisálidas, mezcladas con granos de arena.
Algunas de las especies descritas por Espada son ranas comunes en Ecuador; otras son raras, y hay algunas que posiblemente están extintas. Entre las que todavía son comunes están Leptodactylus labrosus de las tierras bajas del Pacífico de Ecuador y L. pentadactylus (como L. goliath) de la región amazónica. En una descripción de esta última, Espada proporcionó el nombre Kichwa (hatun-hambato), que significa rana grande, que podría ser el primer caso científicamente documentado del uso de la palabra hambato “Nombres Indígenas y Vernáculos”). Espada relata algunos aspectos interesantes de estas ranas:
[Leptodactylus labrosus] habita en la cuenca del río Guayas o Guayaquil. Los dos especímenes, que junto con varios otros reptiles mi compañero, el Sr. Martínez, debió a la generosidad del Sr. Alcides Destruge, un médico, y una persona muy conocedora de las cosas naturales del país, provienen de las orillas del río Daule, un afluente de ese [río] en la mitad de su curso.
[Leptodactylus goliath] habita en la provincia oriental de Ecuador, antiguo Quijos, donde no debe ser rara y se encuentra en diferentes altitudes en las llanuras y montañas. Camina durante el día y su hábitat es mucho menos acuático que el de L. pachypus, gracilis, etc.; permanece escondida bajo tierra durante mucho tiempo y se hinchaba enormemente, como los sapos, que los indios traían junto con ella, y, en una palabra, sus hábitos la convierten en una especie de sapo diurno. Le dan el nombre de hatun-hambato, que equivale a una gran rana o sapo. Dentro de su estómago he encontrado abundantes restos de ortópteros y los mismos escarabajos coprófagos de los que Bufo agua, Oxyrhynchus proboscideus, etc., suelen alimentarse.
Jiménez de la Espada (1875) también describió la rara rana (actualmente en peligro crítico según los criterios de la UICN) Leptodactylus stenodema y escribió:
[Leptodactylus stenodema] habita en la provincia oriental de Ecuador. Los indios la encontraron junto con L. goliath y B. agua. Dentro de su estómago he encontrado los restos de ortópteros y escarabajos carnívoros. Supongo que tiene las mismas costumbres del Leptodactylus mencionado anteriormente.
[Edalorhina perezi] vive en las afueras del pueblo de Napo, a orillas del río de ese nombre; la obtuve en el mes de mayo de algunos indios empleados por nosotros en la recolección de objetos naturales, y a pesar de las muchas solicitudes que les hice, solo pude obtener un espécimen. Esta circunstancia indica que debe ser rara. Dedicamos la especie al distinguido profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid, Dr. Laureano Pérez Arcas, mi primer maestro de Zoología.
Como se mencionó anteriormente, Espada describió especies que posiblemente están extintas, como Atelopus planispina (ver su relato), y la información que proporcionó es casi todo lo que se sabe de la historia natural de esta especie.
[Atelopus planispina] habita en la región oriental de Ecuador; la encontré muy abundante durante el mes de mayo en San José de Moti, al pie del volcán Sumaco en las quebradas y arroyos y a lo largo de los senderos de los bosques sombríos; muestra preferencia por las hormigas; sin embargo, en el estómago de uno también había un curculiónido, una larva y un escorpiónido… . Debe ser, como todos sus congéneres, muy fecunda; no estaba desovando en el momento en que la observé: las hembras mostraban un cuerpo deprimido que era tan delgado como el de los machos.
Espada también proporcionó datos, en su artículo de 1875, para un sapo relativamente común de las laderas del Volcán Sumaco que aún permanece sin describir (Rhinella sp. del complejo margaritifera):
[Oxyrhynchus typhonius] habita en la región andina oriental de Ecuador. La he encontrado abundante en San José de Moti, en las laderas del extinto volcán Sumaco, un lugar fresco en comparación con las llanuras de esa región. Sus costumbres son las de un sapo. En el estómago de una hembra, he encontrado rastros de carábidos, estafilínidos, curculiónidos y lamelicornios, y dos flores; en otra, dos o tres especies de hormigas y escamas de serpiente.
En el siglo XIX, surgieron los museos europeos de historia natural y algunos de ellos crecieron exponencialmente. Por ejemplo, el British Museum (Natural History) (Natural History Museum, London, desde 1992) (BMNH) posee más de 70 millones de especímenes (Simmons, 2016) y alrededor de 1280 especímenes de anfibios de Ecuador (Natural History Museum, 2023). Simmons discute más detalles de los museos europeos que se convirtieron en museos modernos, que estaban ligados al auge de la investigación y el llamado efecto Darwin. Según Simmons, en el siglo posterior a la publicación de la obra de Linnaeus en 1758, y antes de la publicación de Darwin sobre el Origen de las Especies en 1859, las colecciones de historia natural eran mayormente tipológicas, lo que significa que uno o dos especímenes de una especie se conservaban como suficientes para representar la especie. La teoría de la selección natural de Darwin impulsó una revolución fundamental en las ciencias naturales y tuvo efectos de gran alcance en las colecciones, dado que su teoría sentó sus bases en el estudio de la variación dentro de las especies, y para ese propósito se necesitaban grandes series de especímenes de cada especie a lo largo de su rango geográfico.
De mediados a finales del siglo XIX y principios del XX se realizaron estudios de campo de anfibios en Ecuador por varios naturalistas y coleccionistas profesionales, en su mayoría europeos. Entre aquellos coleccionistas que destacan están los ingleses Edward Whymper, William F. H. Rosenberg, Louis Fraser y Mervin George Palmer; el al parecer indú británico (ver más adelante) Clarence Buckley; el naturalista italiano Enrico Festa; y el coleccionista estadounidense Perry O. Simons depositaron especímenes clave en el BMNH y el Museo Zoologico di Torino. Estas colecciones fueron estudiadas inicialmente por el zoólogo británico de origen alemán Albert Günther, el zoólogo británico de origen belga George Boulenger y el italiano Mario Peracca. Aunque Günther era de Alemania y Boulenger de Bélgica, ambos trabajaron en el BMNH. Günther trabajó en el museo desde 1857 hasta 1895 (fue Keeper of Zoology de 1875–1895); Boulenger fue lo que se llamó un asistente de primera clase (first-class assistant) de 1880–1920.
Edward Whymper (1840–1911) (Figura 6) fue un montañista, explorador, ilustrador escritor inglés. Se le considera el padre del montañismo mundial y es bien conocido por realizar los primeros ascensos a varias montañas, entre ellas el Volcán Chimborazo en Ecuador.

Figura 6. Edward Whymper, foto de Atelier Boissonnas (vers 1863—vers 1980–1985), tomada el 30 de septiembre de 1909. De la Biblioteca de Ginebra, VG FBB N13x18 Clients 89834A.
En 1880, organizó una expedición a Ecuador, diseñada principalmente para recolectar datos para el estudio del mal de altura y el efecto de la presión reducida en el cuerpo humano, pero también aprovechó esta oportunidad para hacer colecciones zoológicas, especialmente en las tierras altas. Su colección de anfibios fue entregada a George Albert Boulenger en el BMNH en Londres.
De 1879 a 1880, Whymper viajó por los Andes septentrionales y centrales de Ecuador e hizo importantes ascensos a las montañas Chimborazo, Sincholagua, Antisana, Cayambe, Sara Urco y Cotacachi. Whymper llegó a Guayaquil el 9 de diciembre de 1879 y estuvo en las laderas del Chimborazo el 27 de diciembre de ese año. Describió en detalle su viaje en el célebre libro, “Travels Amongst the Great Andes of the Equator”, en el que incluyó un Apéndice Suplementario con descripciones de muchos insectos nuevos y otros invertebrados, anfibios, reptiles, peces, crustáceos y también algunas de las rocas que recolectó. Estas descripciones fueron presentadas a la ciencia por 15 científicos diferentes, pero todas se basaron en el material que él recolectó. En el prefacio del Apéndice Suplementario, Whymper explicó además las circunstancias relacionadas con las colecciones de cada uno de los grupos zoológicos.
Whymper recolectó numerosos especímenes de Gastrotheca riobambae y/o G. pseustes (ambas especies consideradas como Nototrema marsupiatum en ese entonces) y otros 42 especímenes de anfibios, incluidos dos que eran nuevos para la ciencia: Paruwrobates whymperi (descrito como Prostherapis whymperi) y Atelopus elegans (descrito como Phryniscus elegans). La colección recibió cumplidos de Boulenger, quien dijo que “aunque no contenía novedades sorprendentes”, la colección era “interesante por el cuidado otorgado por su coleccionista en registrar la localidad exacta de donde se obtuvo cada espécimen”. En el caso de la nueva especie de Tanti (Provincia Santo Domingo de los Tsáchilas), Whymper proporcionó los siguientes datos adicionales sobre su colección:
En Quito, un sueco muy inteligente (a quien me recomendó el Barón de Thielmann), Ludwig por nombre, prestó ayuda, y a través de él adquirí la mayor parte de las colecciones que provienen de Milligalli, Tanti y otros lugares en el Oeste de Ecuador—una región que no hubo tiempo de visitar. (Whymper, 1891)
Sobre Atelopus ignescens, una especie actualmente casi extinta en la naturaleza, Whymper dice que
es una de las más ampliamente distribuidas, creo que la más ampliamente distribuida, en el interior de Ecuador. La he visto en casi todas partes desde 7000 pies sobre el nivel del mar hasta 13,500 pies. Podríamos haber obtenido miles de especímenes. (Boulenger, 1882a)
Es notable que Whymper recolectara Atelopus ignescens (el jambato) en la ciudad de Quito mientras ascendía al Panecillo, ya que este es el único registro con espécimen testigo conocido para esta localidad. Sobra decir que esta especie ahora está extinta en el Panecillo y en la ciudad de Quito. La solitaria visita de Whymper a esta montaña aislada fue relatada por él de la siguiente manera:
Es de hecho obvio que las zonas medias de Ecuador han sido muy imperfectamente trabajadas por coleccionistas, incluso en las localidades más frecuentemente visitadas por ellos, como Quito. En las afueras del sur de esa ciudad hay una colina prominente llamada el Panecillo, que ahora está casi rodeada de casas, y es utilizada como patio de recreo por la juventud del lugar. Visité esta eminencia un día solo, para obtener un juego de ángulos, y batiendo la vegetación enana hacia mi sombrero aseguré alrededor de treinta especies de insectos de varios órdenes, sin ninguna expectativa de que un lugar tan frecuentado produciría resultados interesantes. (Whymper, 1891).
Whymper menciona la gran abundancia de Gastrotheca riobambae (y probablemente G. pseustes, una especie críptica que ocurre en simpatría en ese sitio) (como Nototrema marsupiatum) en Machachi diciendo:
el último nombrado es el más numeroso. En las cercanías de la ciudad de Machachi vimos miles, y debimos haber escuchado cientos de miles de ranas, principalmente de esta última especie—que es muy variable en su coloración y marcas (Whymper, 1891).
Estas ranas eran muy numerosas en esta localidad (Machachi); y por la noche su música era tan fuerte que casi interfería con el oído al salir a caminar. (Boulenger, 1882a).
William Frederick Henry Rosenberg (1868–1957) fue un naturalista, coleccionista, explorador y comerciante de especímenes de historia natural inglés. Rosenberg era miembro de la Royal Entomological Society of London. Comenzó un negocio como comerciante de historia natural en Tring, Inglaterra, en 1897. Vendía especímenes de todo el mundo. En América del Sur, recolectó o empleó coleccionistas de especímenes zoológicos (insectos, mamíferos, aves, anfibios, reptiles, peces) en Colombia, Ecuador y Perú, que posteriormente fueron adquiridos por numerosos museos y taxónomos de Estados Unidos y Europa, entre ellos el BMNH.
La primera expedición de Rosenberg fue a Colombia en 1894, donde recolectó insectos y aves. En 1896, fue a Ecuador y luego regresó a Colombia. Mientras estuvo en Ecuador, recolectó en Cachabé, Paramba, Ibarra, Cayambe y Chimbo en el occidente de Ecuador y envió los especímenes al BMNH, donde George A. Boulenger describió los reptiles y batracios y escribió un artículo sobre ellos (Boulenger, 1898). Rosenberg proporcionó 215 especímenes para Boulenger, por lo que una especie de anfibio particularmente espectacular lleva su nombre; la gran rana gladiadora hílida Boana rosenbergi fue nombrada en su honor por Boulenger en 1898. El museo también compró especímenes que Rosenberg había recibido de Perry O. Simons (Ecuador y Perú), que fueron reportados por Boulenger (Boulenger, 1899b).
Vane-Wright (1991) y Hämäläinen (2021) proporcionan información biográfica para Clarence Buckley (1832–1885 o 1886) (Figura 7), el “Príncipe de los Coleccionistas” que fue un intrépido y hábil coleccionista de especímenes zoológicos (particularmente aves y mariposas) en América del Sur.

Figura 7. Pintura que representa a Clarence Buckley durante sus descubrimientos de colecta en Ecuador hacia 1870. Se presume que la pintura fue realizada por William C. Hewitson o encargada por él. Tomado de Vane-Wright (1991).
A pesar de la importancia de sus colecciones zoológicas, su vida fue casi un misterio hasta 2018, cuando un pariente australiano de Clarence Buckley proporcionó en internet los detalles olvidados de su nacimiento y conexiones familiares en India y Londres, que luego fueron publicados por Hämäläinen (2021). Clarence Buckley nació en Baitul en la India británica. La familia más amplia de Buckley era bastante adinerada, lo que aparentemente lo ayudó a financiar sus extensas expediciones a América del Sur. Clarence Buckley todavía fue registrado como vivo en Londres en 1885. Buckley recolectó en Ecuador, Bolivia y posiblemente Colombia durante finales de la década de 1860 y 1870. Su primera expedición ecuatoriana duró casi un año durante el período de julio de 1868 a junio de 1869. Partiendo de Guayaquil el 5 de julio, tuvo que cruzar los Andes para alcanzar su objetivo, las laderas amazónicas. El punto más lejano alcanzado fue Santa Rosa de Otas, en el Río Napo. La segunda expedición de Buckley a Ecuador en 1870–1871 comenzó en el otoño de 1870, pero no está claro cuándo regresó a Inglaterra al año siguiente. Se sugiere que otra expedición había comenzado a principios de 1876 y terminó antes de finales de 1879 o principios de 1880. Durante la mayor parte de esta expedición, tuvo su base en el pueblo de Sarayacu en el Río Bobonaza, un afluente del Río Pastaza, desde donde hizo visitas a varios sitios en las áreas circundantes. Otras localidades de colección ecuatorianas en sus viajes (hasta alrededor de 1878) incluyeron Riobamba, Baños, Santa Inés, Canelos, Curaray, Río Rotuno, Jorge, Sarayacu, el Río Copataza, Andoas, Pallatanga e Intaj (Intag, Intac). Localidades de anfibios como Paitanga (= Pallatanga) e Intag han sido objeto de duda y han causado confusión taxonómica. Según Peters (1955), parece que hubo un etiquetado inexacto del material original de Buckley. Nadie sabe o ha discutido el origen de tal error de etiquetado; podría haber sido hecho por Buckley, o por alguien en el BMNH. La primera posibilidad es menos probable dado su reconocido perfeccionismo. Por ejemplo, William C. Hewintson, un famoso entomólogo y ornitólogo británico, quedó impresionado por las colecciones de mariposas de Buckley, y afirmó:
No comparo, por supuesto, la colección del Sr. Buckley con las … colecciones de Bates y Wallace … pero no vacilo en decir que, durante los veinticinco años que he sido estudiante de estas cosas, ninguna colección única (ya sea por su perfección o extensión) ha sido traída a Europa.
En Ecuador, Buckley recolectó 125 especímenes de anfibios (Natural History Museum, 2023) de aproximadamente 45 especies. Basados en estas colecciones, Albert Günther, George A. Boulenger y Emmett Reid Dunn describieron nueve especies (cuatro Gymnophiona, tres Craugastoridae, un Hylidae y un Phyllomedusidae) como nuevas para la ciencia. Además, alrededor de 90 especies han sido nombradas en honor de Buckley (Hämäläinen, 2021). Entre ellas hay cinco especies de anfibios de Ecuador: Centrolene buckleyi, Osteocephalus buckleyi, Agalychnis buckleyi, Pristimantis buckleyi y Caecilia buckleyi.
Louis Fraser (1810–1866) fue un zoólogo, cuidador de zoológico, comerciante y taxidermista británico. Se sabe poco sobre la vida temprana de Fraser. Nació en 1819 o 1820. En sus primeros años, Fraser fue Curador del Museo de la Sociedad Zoológica de Londres durante 14 años. Trabajó con el anatomista Richard Owen—un famoso anatomista comparativo británico que estudió las colecciones de fósiles de Darwin. En 1850, Fraser fue nombrado Cónsul de Quidah, Dahomey (ahora Benin), África Occidental. Durante 1857–1859, recolectó aves, mamíferos y anfibios en Ecuador. Gardner (1983) describe su viaje en territorio ecuatoriano:
Después de una breve estancia en Guayaquil, Fraser procedió a Cuenca, llegando el 6 de octubre de 1857 y permaneciendo allí hasta noviembre. Luego viajó a Gualaquiza donde trabajó desde diciembre de 1857 hasta febrero de 1858, excepto por un período de dos semanas en Zamora durante enero.
Fraser dejó Gualaquiza hacia Cuenca el 1 de marzo (llegando el 5 de marzo) donde recolectó durante abril y mayo antes de proceder a Riobamba. Trabajó en o cerca de Riobamba durante junio y nuevamente en agosto a su regreso de Quito antes de continuar hacia Pallatanga. Sus colecciones en el área de Pallatanga, con viajes a Chillanes, se realizaron desde la última parte de agosto hasta diciembre de 1858.
Dejando Pallatanga a mediados de enero de 1859, Fraser recolectó en las laderas del Chimborazo al norte de Riobamba en febrero en su camino a Quito. Marzo, abril, mayo y parte de junio se pasaron en las inmediaciones de Quito y en las laderas del Pichincha, así como en las laderas occidentales de los Andes al noroeste de Quito.
Fraser viajó hacia el sur desde Quito hasta Babahoyo donde se quedó del 10 de julio hasta parte de septiembre. Luego fue a Guayaquil donde, a principios de octubre, partió en barco hacia Esmeraldas. Fraser permaneció en Esmeraldas hasta finales de diciembre y luego dejó Ecuador hacia Guatemala.
La colección de anfibios de Fraser (74 especímenes) fue depositada en el BMNH y fue reportada por Boulenger. Entre ellos estaba el cutín Pristimantis surdus, que fue reportado como nuevo para la ciencia. Desafortunadamente, esta especie y varias otras ranas recolectadas por Fraser están etiquetadas solo como Oeste de Ecuador; por lo tanto, las ubicaciones exactas donde fueron recolectadas permanecen poco claras.
Perry O. Simons (1869–1901) fue un coleccionista científico estadounidense que trabajó predominantemente en el Neotrópico. Pasó cuatro años en la Universidad de Stanford como estudiante de ingeniería eléctrica, pero su primer trabajo en ciencias naturales fue trabajar para William W. Price como coleccionista científico en México de 1896 a 1897, donde se unió a su hermano, Luther. Los especímenes de mamíferos recolectados en esta expedición de 10 meses en México fueron comprados por el BMNH. El zoólogo del BMNH Oldfield Thomas quedó tan complacido con la calidad de los especímenes que le ofreció a Simons un trabajo recolectando especímenes adicionales en América del Sur. Luther acompañó a Perry durante los primeros dos años de la expedición antes de navegar de regreso a San Francisco. Mientras cruzaba los Andes argentinos alrededor de finales de diciembre de 1901, Simons fue asesinado por su guía. Se dijo que el motivo fue robo, y el guía fue capturado y encarcelado en Mendoza, Argentina. Después de la muerte de Simons, Oldfield Thomas lo llamó “el coleccionista de mamíferos más exitoso con el que he tenido que tratar”, señalando que “no encontraremos fácilmente a alguien como él nuevamente”. Simons recolectó 48 especímenes de aproximadamente 10 especies de anfibios, 3 especies nuevas para la ciencia que fueron descritas por Boulenger (Boulenger, 1899b). Estas son dos dendrobátidos, Epipedobates tricolor y Hyloxalus vertebralis, y el craugastórido Pristimantis crucifer.
Mervin George Palmer (1882–1954) fue un naturalista y viajero inglés que recolectó para el BMNH. Según (Beolens et al., 2011), se graduó como químico analítico pero decidió una carrera como coleccionista independiente y naturalista. Recolectó en América Central y del Sur. En Ecuador recolectó 27 especímenes de anfibios de aproximadamente 10 especies. Trabajó para empresas comerciales en Ecuador entre 1910 y 1918 antes de mudarse a Londres. Hyloscirtus palmeri y Pristimantis palmeri llevan su nombre.
Enrico Luigi Festa (1868–1939) fue un científico y coleccionista italiano que nació en una familia noble y muy adinerada. Obtuvo un doctorado en la Universidad de Turín en 1891 y luego trabajó en el Museo de Zoología y Anatomía Comparada de Turín. Viajó por Asia, África y el Neotrópico (incluido Ecuador), donde recolectó especímenes zoológicos, algunos de los cuales fueron descritos por él. Sus diarios de viaje en Ecuador fueron detallados en un libro (Festa, 1909). Los detalles de su vida son dados por Rodolfo Pérez Pimentel en una página web (https://rodolfoperezpimentel.com). Festa visitó Ecuador entre 1895 y 1898, mientras ocurría una guerra civil (la revolución liberal). Recolectó numerosos especímenes de 45 especies (en ese momento) de anfibios, que fueron depositados en el MZUT (Museo di Zoologia, Instituto di Zoologia e Anatomia Comparata Universitá di Torino) y ahora albergados por el MRSN (Museo Regionale di Scienze Naturali, Torino). Los anfibios recolectados en Ecuador fueron reportados por el italiano Mario G. Peracca en 1904. Peracca honró a Festa usando su apellido para cinco especies, entre las cuales tres son actualmente válidas: el sapo morfológicamente único de hocico largo, Rhinella festae; la rana de casco, Osteocephalus festae; el cutín, Pristimantis festae. Peracca también proporciona una síntesis de la ruta de Festa:
En la región oriental: el valle de Gualaquiza, el valle del Río Zamora, el valle del Río Santiago, del cual el Río Zamora es un afluente, oscilando entre 500 y 600 metros sobre el nivel del mar; San José, un pueblo a aproximadamente 1100 m s.n.m.; Papallacta, un pueblo cerca de 3100 m s.n.m.; Pun, localidad a aproximadamente 2500 m s.n.m., en la frontera de Ecuador con Colombia, cerca de las fuentes del Río Cofanes.
En la región interandina: Cuenca, capital de la provincia de Azuay a aproximadamente 2580 m s.n.m.; SigSig, pueblo al este de Cuenca; Cañar un pequeño pueblo a unos 3170 m s.n.m.; Tambo, un pueblo al norte de Cañar, a unos 2975 m s.n.m.; Quito, capital de la República; Ibarra, capital de la provincia de Imbabura a unos 2225 m s.n.m.; El Troje, pueblo cerca de Huaca a unos 3100 m s.n.m.; Tulcán, capital de la provincia de Carchi, a unos 2977 m s.n.m. en la frontera de Ecuador con Colombia; La Concepción, hacienda en el valle del Río Chota (que en la parte baja de su curso toma el nombre de Río Mira) a unos 1400 m s.n.m.
En la región andina: Paredones, en el camino de Cañar a Quito cerca del cerro de Quinza Cruz, a unos 4042 m s.n.m.
En la región occidental: en la llamada región húmeda de la Costa; Vinces, Balzar y el valle del Río Peripa, afluente del Río Daule; en la región seca de la Costa; Puntilla de Santa Elena, estrecha península al oeste de Guayaquil.
Albert Karl Ludwig Gotthilf Günther (1830–1914) (Figura 8) fue un eminente ictiólogo y taxónomo de reptiles alemán, Keeper of the Zoology Department en el BMNH.
Günther trabajó en muchos taxones, incluidos anfibios. Un resumen biográfico de él es proporcionado por Adler (2014b) y referencias ahí incluídas.
Después de ingresar a la escuela de teología en la Universidad de Tübingen en Alemania, Günther se trasladó a la escuela de medicina dentro de la misma universidad debido a su interés en la ciencia y la medicina. En el BMNH, Günther fue un gran constructor de colecciones, agregando notablemente alrededor de 900,000 especímenes de 1875 a 1895 durante un período importante de expansión del imperio británico de ultramar.
Günther describió cinco especies de anuros (Rhaebo caeruleostictus, Boana fasciata, Dendropsophus rhodopeplus, Pristimantis conspicillatus, P. unistrigatus) y una Gymnophiona (Caecilia pachynema) que ocurren en Ecuador. Desafortunadamente, las localidades tipo para estas especies fueron originalmente declaradas vagamente como recolectadas en los Andes de Ecuador, Oeste de Ecuador o Andes del Oeste de Ecuador por Louis Fraser. Los nombres de los sitios de recolección se refieren a áreas geográficas generales; sin embargo, según Caminer y Ron (2014), al menos para B. fasciata, es casi seguro que el holotipo fue recolectado ya sea en Gualaquiza (Provincia Morona Santiago) o Zamora (Provincia Zamora Chinchipe). Esto último se infirió de cartas y registros de las colecciones de Louis Fraser en Ecuador, que fueron recopilados por Gardner (1983) y las referencias ahí indicadas. Ciertamente, utilizando enfoques modernos (por ejemplo, secuenciación del genoma), es factible resolver los enigmas geográficos planteados por las vagas localidades de Fraser. Debido a que se conocen sus viajes en Ecuador, las secuencias de los tipos podrían compararse con colecciones modernas de las mismas localidades para determinar dónde se sitúan geográfica y filogenéticamente los tipos.
Günther describió Dendropsophus triangulum y Ctenophryne aterrima provenientes de Brasil y Costa Rica, respectivamente, y luego ambas especies fueron registradas como presentes en Ecuador por otros autores. Günther es honrado en los nombres científicos de 66 especies de reptiles y anfibios, entre ellos dos anfibios ecuatorianos, la cecilia Caecilia guentheri y la rana marsupial de dientes inferiores Gastrotheca guntheri, que fueron descritas por Dunn y Boulenger, respectivamente. Sin duda, su contribución más importante a la biología de anfibios, como señaló Adler, fue su contratación de George A. Boulenger, quien se convirtió en su sucesor a cargo de los vertebrados inferiores en el museo.
La persona que describió la mayoría de las especies que serían recolectadas por exploradores y coleccionistas británicos fue George Albert Boulenger (1858–1937) (Figura 9).
Oficialmente un “asistente de primera clase” en el Departamento de Zoología del BMNH, Boulenger no tenía el título de Curador (el equivalente británico entonces era Keeper); era un funcionario público con el título de “First-Class Assistant” durante toda su carrera allí. Boulenger fue un taxónomo honrado y líder de su era, cuya vida estuvo dedicada a estudiar rosas (en su tiempo libre) y describir la increíble cantidad de 2514 especies de peces, anfibios y reptiles del mundo. En total, describió 956 especies de anfibios (nombres válidos hasta el 9 de agosto de 2022, de Frost 2022), entre ellas 56 especies de anfibios que ocurren en Ecuador. Sin embargo, el enorme número de especies que Boulenger describió, muchas incluyendo dibujos morfológicos detallados (ver aquí), habla volumes de su dedicación sin distracciones. Solo en el año 1882, describió y nombró la increíble cantidad de 393 especies de anfibios.
Adler (2014b) resumió la biografía de Boulenger con énfasis en sus contribuciones herpetológicas y proporcionó referencias sobre su vida. Boulenger nació en Bélgica y luego se convirtió en ciudadano británico. Fue contratado como asistente a cargo de vertebrados inferiores por Günther en 1882. Entre 1882 y 1896, preparó una nueva edición de los catálogos de anfibios y reptiles en nueve volúmenes (dos volúmenes de anfibios), en los que describió muchos taxones nuevos. Esta fue una tarea monumental que cubrió alrededor de 5200 taxones (5170). Como señaló Adler (2014b),
tenía una memoria increíble y era un trabajador incansable con estricta autodisciplina y gran encanto. Rara vez disectaba especímenes e incluso entonces, usualmente hacía solo una pequeña incisión a través de la cual solo se podían ver características generales, bastante en consonancia con la política de larga data del BM en ese momento de que los especímenes no debían ser cortados. Debido a esta política, comprensiblemente, no hizo ningún descubrimiento anatómico fundamental como los realizados por su contemporáneo en EE. UU., Edward Cope. Además, la costumbre de Boulenger de no establecer tipos y de no indicar los especímenes específicos a partir de los cuales se hicieron las descripciones era costumbre en ese momento en Europa. Para él, los nombres científicos estaban destinados a definir y describir, independientemente de las legalidades involucradas.
Durante 38 años, Boulenger describió 56 especies (13 familias) de Anura y Gymnophiona que ocurren en Ecuador y proporcionó informes geográficos de muchas otras especies. Fueron incluidas en 14 publicaciones de 1880 a 1918. Sus descripciones se basaron en especímenes depositados en el BMNH principalmente por Whymper, Buckley, Fraser, Rosenberg, Simons, Palmer y algunos otros. Entre las especies que describió están las pertenecientes a Craugastoridae (15), Hylidae (11), Dendrobatidae (10), Hemiphractidae (5), Phyllomedusidae (4), Leptodactylidae (3), Bufonidae (2), Caeciliidae (2), Centrolenidae (1), Eleutherodactylidae (1), Rhinatrematidae (1) y Siphonopidae (1). El primer artículo sobre nuevas especies de Ecuador fue publicado en 1880, en el que describió Pristimantis devillei y P. glandulosus de las laderas orientales de los Andes. Estas descripciones se basaron en especímenes únicos recolectados por el Cónsul de Bélgica en Quito, Émile de Ville. Más tarde, en un solo año, en 1882, publicó las descripciones de 22 especies actualmente válidas en sus famosos catálogos de los anfibios en el BMNH. Sus principales publicaciones que incluían anfibios de Ecuador (Boulenger, 1882c, 1882a, 1882b, 1898, 1899a) proporcionaron ilustraciones en blanco y negro de buena calidad de los adultos, así como de algunos de sus detalles morfológicos, que en años posteriores han facilitado su identificación (por ejemplo, Figuras 10, 11, 12, 13).
Boulenger es honrado en los nombres específicos de 72 especies, entre las cuales hay dos especies de ranas de Ecuador: la rana arlequín Atelopus boulengeri (Peracca, 1904) y la rana venenosa Epipedobates boulengeri (Barbour, 1909).
Durante los 50 años de 1900 a 1950, a pesar de la efervescencia de la ciencia en campos como la física, la química, las matemáticas, la medicina e incluso la biología (en la que los avances se centraron en aplicaciones militares), la tarea de describir la diversidad de anfibios ecuatorianos fue interrumpida por la primera y segunda guerras mundiales. Solo 62 especies de anfibios ecuatorianos fueron descritas por 20 autores extranjeros. Entre los que destacan están los zoólogos británicos George Albert Boulenger y Hampton W. Parker, el zoólogo italiano Mario Peracca, los investigadores suecos Lars Andersson y Douglas Melin, y los estadounidenses Thomas Barbour, Emmett Dunn, Gladwyn Kinglsey Noble, Benjamin Shreve y Edward Taylor.
Algunos de ellos (Melin, Barbour, Noble) describieron especies de Perú que luego fueron reportadas de Ecuador, excepto por la rana acuática Telmatobius niger descrita por Barbour y Noble de la Provincia Chimborazo.
Hampton W. Parker (1897–1968) fue Curador de Zoología en el BMNH de 1947 a 1957. Publicó tres artículos describiendo dos especies de la Provincia Loja y agregando datos morfológicos y de distribución de anfibios en el sur de Ecuador (Parker, 1932, 1934, 1938). Utilizó las colecciones realizadas por el paleontólogo y naturalista ecuatoriano Clodoveo Carrión Mora (1883–1957) (Figura 14).
Carrión estudió en Europa en las Universidades de Londres y Manchester, y a su regreso recolectó 157 especímenes (de aproximadamente siete especies) en su tierra natal en las provincias de Loja y Zamora Chinchipe, que envió al BM. Carrión fue el primer biólogo académico ecuatoriano que recolectó especímenes de anfibios para uso científico, y su vida académica ha sido detallada por Loaiza (2012). En la introducción de un artículo de 1934, Parker agradece a Carrión:
El British Museum está una vez más en deuda con el Prof. Clodoveo Carrión por una buena serie de reptiles y anfibios de la provincia de Loja. Además de representantes de dos especies que no parecen haber sido descritas previamente, hay ejemplos de varias otras hasta ahora conocidas solo por especímenes únicos o series limitadas, y otras, nuevamente, que agregan materialmente a nuestro conocimiento de la distribución geográfica de las especies que representan. Las colecciones se hicieron en tres localidades, no muy separadas pero a altitudes muy diferentes, y, dado que nuestro conocimiento de la distribución vertical de reptiles y anfibios en los Andes es tan escaso, se ha considerado que vale la pena dar una lista completa de todas las especies recolectadas en cada estación; pero cualquier intento de generalizar sobre el tema sería, en el presente, decididamente prematuro. Las altitudes de las diferentes localidades son: Ciudad de Loja, S.E. Ecuador, 7200 pies; Zamora, 50 kilómetros al este de Loja, 3250 pies; 5 kilómetros al este de Loja, 9200 pies.
Benjamin Shreve (1908–1985) trabajó directamente con especímenes recolectados en las provincias de Pastaza y Guayas, Ecuador, y depositados en el Harvard Museum of Comparative Zoology (MCZ). Shreve fue un herpetólogo aficionado estadounidense. Era de una familia adinerada de joyeros de Boston y trabajó en el MCZ como voluntario.
A continuación, destacamos algunos aspectos de cuatro científicos (Peracca, Andersson, Dunn y Taylor) (Figura 15), que impulsaron la taxonomía de los anfibios ecuatorianos y para quienes se proporcionan biografías más detalladas por Adler (2014b).
Adler (2014b) proporcionó una biografía de Mario Giacinto Peracca (1861–1923) (ver Figura 15), el renombrado herpetólogo italiano, que nació en Turín.
Biólogos de anfibios de la primera mitad del siglo XX que trabajaron con anfibios ecuatorianos: Mario G. Peracca (arriba izquierda), Lars Gabriel Andersson (arriba derecha), Emmett Reid Dunn (abajo izquierda) y Edward H. Taylor (abajo derecha). Fotos tomadas de Adler (2014a), cortesía de Kraig Adler.
Peracca comenzó estudiando medicina en la Universidad de Turín pero pronto cambió a zoología. Mientras estudiaba para su doctorado (que obtuvo en 1886), se desempeñó como asistente de Michele Lessona, un especialista italiano en anfibios. En 1887, Peracca se convirtió en asistente en el Instituto Zoológico de la universidad y continuó su trabajo en herpetología hasta su fallecimiento en 1923. Peracca curó las colecciones herpetológicas y agregó especímenes que compró a coleccionistas de todo el mundo o de intercambios con otros museos. Adler (2014b) señaló que a pesar de su nobleza, se decía que Peracca vivía modestamente, y dedicó su fortuna a la zoología y a ayudar a otros. Adler agregó que la investigación de Peracca estaba claramente en la tradición de George Albert Boulenger, quien fue un amigo de toda la vida. Publicó 64 artículos herpetológicos (1886–1917) sobre la base de colecciones obtenidas en América del Sur y África, incluido Madagascar, pero también hubo títulos sobre especímenes de Medio Oriente, China y Australia. Se describieron muchos géneros nuevos y 40 especies válidas de anfibios y reptiles, y las colecciones eventualmente fueron donadas al Instituto Zoológico de Turín. A pesar de sus éxitos en el campo de la taxonomía, permaneció a través de su vida profundamente apasionado por observar el comportamiento de los reptiles (incluidas las tortugas de Galápagos de Ecuador) que crió en los terrarios de sus hogares.
En 1904, Peracca describió las colecciones realizadas en Ecuador por Enrico Festa en un solo artículo (Peracca, 1904) que incluía 45 especies de anfibios: 43 Anura, 1 Urodela y 1 Gymnophiona. Entre ellas había 6 especies nuevas para la ciencia (según se reconoce actualmente): Atelopus boulengeri, Osornophryne bufoniformis, Rhinella festae, Osteocephalus festae, Ctenophryne aequatorialis y Pristimantis festae. En ese artículo, reconoció a su colega y amigo Boulenger en el BMNH:
Con el amable consentimiento de mi buen amigo el Dr. Boulenger, a quien me complace poder agradecer aquí, pude estudiar y comparar una gran parte de las especies de la colección en el British Museum of Natural History en Londres.
La contribución de Peracca no solo incluyó la descripción de nuevas especies sino también datos geográficos y morfológicos novedosos para especies previamente descritas de Ecuador. Sus descripciones de morfología fueron relativamente detalladas e incluyeron datos morfométricos, una tradición pionera de Jiménez de la Espada. Su interpretación de los caracteres morfológicos reflejó el status quo de la taxonomía en ese momento, en el que la variación geográfica tenía un papel importante dentro de las especies. Por ejemplo, al describir Atelopus ignescens, mencionó lo siguiente (traducido del italiano):
Numerosos especímenes de El Troje, Tulcán, Paredones, Cañar, Tambo, Sig-Sig, Quito. Los especímenes de Quito y Cañar recuerdan, debido a su pequeño tamaño, a la var. exiguus Boettger. Esta especie es, además, extremadamente variable tanto por su tamaño como por su coloración. Gracias a la cortesía del Profesor Ehlers, Director del Instituto Zoológico-Anatómico de Götingen, con el consentimiento de mi amigo el Dr. F. Werner, pude examinar los Atelopus subornatus Werner y A. flaviventris Werner y solo puedo confirmar la opinión expresada para mí por Boulenger de que estas especies son idénticas al A. ignescens. Esto, además, se confirma aún mejor por las medidas de los tipos de Werner colocadas frente a las medidas de dos especímenes de A. ignescens de Paredones.
Tanto Peracca como Boulenger no reconocieron el número de especies (según se definen actualmente) que entonces se consideraban A. ignescens. Hasta la fecha, las poblaciones que Peracca asignó a A. ignescens pertenecen al menos a cuatro especies: A. ignescens, A. pastuso, A. bomolochos y A. subornatus.
Lars Gabriel Andersson (1868–1951) (ver Figura 15) fue un zoólogo sueco. Asistió a la Universidad de Uppsala, donde se graduó como Doctor en Filosofía (PhD) en 1909. Durante la mayor parte de su vida, fue maestro de escuela en Estocolmo, excepto por los períodos de 1894–1895 y 1897–1902, cuando fue empleado en la sección de zoología de vertebrados en el Museo Real de Historia Natural en Estocolmo. Más tarde, fue un trabajador voluntario en el museo. Además de varias obras zoológicas populares, Andersson publicó muchos artículos sobre anfibios y reptiles (1898–1945). Según Adler (2014a), las contribuciones de Andersson fueron revisiones cuidadosas y a menudo extensas de colecciones realizadas por expediciones suecas a muchas partes del mundo e incluyeron descripciones de numerosas nuevas especies. Su interés especial fue América del Sur, que ocupó casi la mitad de sus publicaciones y cubrió áreas desde los altos Andes hasta Tierra del Fuego en el extremo sur del continente. Su monografía más completa (Andersson, 1945), también su última publicación, revisó la taxonomía de los anfibios del este de Ecuador. Se basó en 220 especímenes recolectados en 1937 y 1938 por el coleccionista estadounidense William Clarke-Macintyre y el explorador, naturalista, escritor, fotógrafo y cineasta sueco Rolf Blomberg. Andersson reportó 52 especies, 31 de ellas como nuevas para la ciencia. La mayoría de sus nuevas especies fueron luego sinonimizadas, con solo nueve de las 31 reconocidas actualmente como válidas. Esto se explica como una falla al no comparar los especímenes con taxones previamente descritos por Boulenger.
Aunque Dunn no visitó Ecuador, revisó colecciones realizadas allí y describió siete especies registradas de Ecuador (cuatro anuros y tres cecilias) en cinco artículos. Entre las especies descritas por él estaba una de las cecilias más grandes del mundo, Caecilia guntheri.
Emmett Reid Dunn (1894–1956) (ver Figura 15) fue un herpetólogo estadounidense y especialista en salamandras que notable por su trabajo en Costa Rica, Panamá y Colombia y por estudios en el Este de los Estados Unidos. Su vida fue resumida por Adler (2014d). El interés de Dunn en la herpetología primero echó raíces en su Virginia natal. Dunn recibió una BA (1915) y una MA (1916) del Haverford College, donde se convirtió en profesor de biología y se desempeñó como Curador de Reptiles y Anfibios en la Academia de Ciencias Naturales en Filadelfia. Fue editor de Copeia de 1923 a 1936. Dunn fue mentor de Jay M. Savage, un herpetólogo estadounidense mejor conocido por su investigación sobre los reptiles y anfibios de América Central.
Edward Harrison Taylor (1889–1978) (ver Figura 15) fue un herpetólogo, coleccionista de campo y taxónomo estadounidense que estuvo asociado con la Universidad de Kansas y su Museo de Historia Natural durante casi siete décadas, ahora conocido como la era Taylor. Taylor viajó por gran parte del mundo, formó extraordinarias colecciones herpetológicas, se convirtió en un maestro muy respetado, inició un programa de posgrado en herpetología y se elevó a prominencia internacional. Su vida extraordinaria y enigmática ha sido extensamente descrita especialmente por William E. Duellman, Kraig Adler y otros autores; estos últimos son citados en Adler (2014c) y Duellman (2015a).
Taylor pasó varias semanas en Ecuador, durante las cuales permaneció enteramente en el campo. Sin embargo, hay información limitada disponible respecto a los detalles de su viaje. Para sus artículos de taxonomía, utilizó especímenes de anfibios depositados en museos. Su contribución al conocimiento sobre anfibios ecuatorianos fue la descripción de 14 especies que actualmente se registran de Ecuador (4 ranas de cristal y 10 cecilias) en cuatro artículos publicados entre 1949 y 1973, entre los cuales su enorme libro de 1968 sobre cecilias del mundo incluyó 8 nuevas especies de Ecuador. Posteriormente, Taylor y James A. Peters publicaron conjuntamente un artículo en 1974 sobre las cecilias de Ecuador (Taylor y Peters, 1974). En la introducción a la publicación de 1974, mencionan que el autor junior [Peters] también hizo trabajo de campo en Ecuador: “El autor senior [Taylor] visitó algunas semanas en el país, todo ese tiempo lo pasó en el campo”. Las ranas de cristal fueron originalmente descritas de América Central y luego registradas de Ecuador por otros autores.
Luis A. Coloma y Ana Almendáriz-Cabezas
A mediados del siglo XX, en 1949, se fundó la colección de anfibios de la Escuela Politécnica Nacional (EPN) (museo). Es el museo de historia natural más antiguo de Ecuador y actualmente es el cuarto más grande (10,751 anfibios, al 29 de junio de 2022). También es valioso por la información histórica que contiene, especímenes tipo (10 holotipos, 133 paratipos), especímenes de especies que ahora posiblemente están extintas y otras especies que se han vuelto muy raras.
Todo comenzó en 1946 cuando el Presidente de la República del Ecuador, Jose María Velasco Ibarra, reabrió la universidad pública llamada Escuela Politécnica Nacional (anteriormente Instituto Politécnico en su primera etapa, 1869–1876), y se creó el Departamento de Ciencias Biológicas. El DCB (EPN) comenzó bajo la dirección de un zoólogo francés, Robert Julien Hoffstetter (1908–1999), quien en una residencia temporal en Ecuador lo dirigió hasta 1953. Hoffstetter fue un taxónomo y paleontólogo, luego conocido por ser uno de los pioneros de la cladística en Francia y por su influencia en la clasificación de reptiles y el trabajo con la fauna de mamíferos terciarios de América del Sur. Hoffstetter también fue director del Centre National de la Recherche Scientifique y en 1972 asumió como jefe del Laboratoire de Paléontologie des Vertébrés et Paléontologie Humaine en París, y enseñó en la Universidad Pierre y Marie Curie. Hoffsteter fue parte de una misión científica francesa en Ecuador y también hizo expediciones a Perú y Bolivia. Aunque su estadía en Ecuador fue relativamente corta, unos ocho años, su influencia fue trascendental. Poco después de su llegada a Ecuador, en 1946, estableció vínculos académicos con el ecuatoriano Gustavo Orcés Villagómez (1902–1999), y juntos iniciaron la formación de las colecciones de fauna (destinadas como material para comparación con fósiles) del DCB (EPN), incluidos anfibios, aunque este no era un énfasis particular, ya que ninguno de ellos era especialista en ese grupo.
Orcés fue el primer zoólogo de vertebrados ecuatoriano. Aunque obtuvo el título de Profesor de Educación Superior (1958) en la Universidad Central del Ecuador, su formación en zoología fue autodidacta, y publicó 25 artículos científicos describiendo 11 nuevas especies de peces y reptiles (una tarea monumental para un ecuatoriano de su tiempo) y la taxonomía y distribución de peces, aves y mamíferos. Su punto débil, como él mismo reconoció, fueron los anfibios, sobre los cuales solo publicó un artículo (publicado póstumamente), coautorado por su colega Ana Almendáriz-Cabezas (Alméndariz y Orcés, 2004). También contribuyó con identificaciones e información para el clásico primer libro publicado sobre la fauna ecuatoriana escrito por su amigo alemán, biólogo, explorador y escritor, Erwin Patzelt (Patzelt, 1978). Patzelt reconoció las contribuciones de Orcés diciendo:
Mi más sentido e imperecedero reconocimiento al Profesor Gustavo Orcés, un científico ecuatoriano de talla internacional, quien con la modestia de un sabio se dedica diaria y silenciosamente a desentrañar los misterios de la naturaleza y quien siempre me ayudó con su generosidad sin límites.
Sin embargo, el mayor legado de Orcés en el área de anfibios fue la formación de las primeras colecciones de anfibios (la colección en la EPN (museo) y otra colección personal ahora depositada en el USNM), la creación del área de herpetología en el DCB (EPN) en 1982, el apoyo a su amigo James A. Peters del Smithsonian Institution en Washington para el estudio de las ranas arlequín Atelopus, y su influencia directa en algunos de los biólogos de anfibios ecuatorianos como Coloma (su estudiante de zoología de vertebrados en la PUCE) y Almendáriz. Sobre la herencia de Orcés, él expresó de sí mismo, con notable modestia:
No soy biólogo, pero creo que he sido útil a los biólogos y alguien que ha abierto caminos. Los he abierto en condiciones muy adversas… . Dejo estudiantes que hoy son buenos investigadores… . Mi principal interés era poder describir el comportamiento y la historia natural de los animales; pero para esto era necesario identificarlos y clasificarlos taxonómicamente, y en esa tarea se me ha ido toda la vida. Me correspondió desarrollar las ciencias zoológicas desde sus fundamentos, partiendo de la formación de colecciones de aves, reptiles y peces de agua dulce y marinos, para adquirir libros y revistas especializadas. Hubiera querido profundizar el estudio de algún taxón, como zoólogos de otros países. (Báez Tobar, 2017)
Estos y varios aspectos de su vida han sido mencionados y abordados en varias publicaciones (Báez, 1983; Ortiz, 1987; Mejía, 1993; Coloma, 1999; Jiménez, 1999; Albuja, 2004; Freile, 2005; Adler, 2007; Báez Tobar, 2017). Orcés nació en Quito en una familia adinerada. Quedó huérfano a una edad temprana, y en su infancia, los parientes de su madre despertaron su interés por los animales dándole libros de historia natural, aunque lo criaron para ser un terrateniente. En 1946, Orcés fue nombrado profesor investigador del Departamento de Zoología de la EPN. Después de la partida de Hoffstetter en 1953, se desempeñó como Director del DCB (EPN) durante 37 años hasta su jubilación en 1990. Además, Orcés fue profesor de zoología durante más de 40 años en la Universidad Central del Ecuador (comenzando en 1940) y la PUCE (1970–1974, 1981–1983).
Orcés entendió la importancia de las colecciones para uso científico y tenía experiencia en la formación de colecciones. En las décadas de 1930 y 1940, trabajó con los hermanos Olalla (Alfonso, Carlos Rosalino, Ramón, Manuel) y Jorge Olalla (el hijo de Carlos Rosalino), que hicieron colecciones para Frank M. Chapman (1864–1945) del Museo Americano de Historia Natural en Nueva York (Figuras 16 y 21).

Figura 16. De izquierda a derecha: Gonzalo Herrera, Ramón Olalla y nativos. Presumiblemente en la región de Bobonaza en marzo de 1958. Foto cortesía de Milton Herrera.
También proporcionaron especímenes para las colecciones de otros museos, incluidos anfibios para la EPN (museo) y el Smithsonian Institution, que fueron recolectados principalemtne por Jorge Olalla. Los Olalla—y Clodoveo Carrión, ver más arriba bajo el subtítulo “La Primera Mitad del Siglo XX, un Período de Guerras”—surgieron como los primeros coleccionistas de anfibios ecuatorianos y estuvieron entre los coleccionistas de vertebrados más productivos en el Neotrópico durante más de 50 años, hasta la década de 1970.
En sus primeros años (1946), las actividades de Orcés fueron en oficinas y el recién establecido museo en las instalaciones de la EPN ubicadas en La Alameda. Orcés asumió la dirección del DCB (EPN) en 1953. En 1960, se construyó el campus de la EPN en La Floresta, y el DCB comenzó ocupando un laboratorio y espacio de colecciones en la Facultad de Ingeniería Química. Más tarde, se mudó al nivel inferior del Teatro Politécnico. Utilizando fondos personales y luego (especialmente desde la década de 1970) con el apoyo académico del Rector de la EPN José Rubén Orellana Ricaurte (1919–1995), formó colecciones de vertebrados para uso científico, así como una biblioteca especializada, que también se almacenó en microfilm (reproducciones reducidas de documentos utilizados para preservación en bibliotecas) que imprimió como fotografías. Sobre los libros, Orcés comentó:
Luego llegó el momento en que comencé a comerciar sapos por libros, porque descubrí que si les enviaba (a extranjeros) material para su investigación, ellos podían enviarme libros. (Ortiz, 1987).
Aunque Orcés no era un coleccionista, fue un promotor de colecciones científicas y adquirió y reunió colecciones de anfibios. Una parte fue depositada en la EPN (museo) (772 especímenes) y otra en el USNM (729 especímenes). La primera fue reunida entre 1931 y 1974 y consistió en especímenes recolectados principalmente por coleccionistas profesionales, por ejemplo, 518 especímenes recolectados por la familia Olalla, 42 especímenes de Rodrigo Jiménez (un estudiante de Orcés) y 39 especímenes de Antonio Proaño (también miembro de la familia Olalla). Jiménez recolectó en la región Costera, mientras que Proaño en las regiones Amazónica, Andina y Costera. Las colecciones obtenidas por los Olalla provinieron de varias regiones de Ecuador pero especialmente de la región oriental: el área de Ávila, Cotapino, en la Provincia Napo y la cuenca alta y media del Río Pastaza. El anfibio más antiguo depositado en la EPN (museo) es un espécimen de Siphonops annulatus recolectado en marzo de 1931 por Ramón Olalla en el Río Copataza. César Durán (un taxidermista) fue contratado por el DCB (EPN) como asistente de Orcés entre 1969–1973 y agregó 28 anfibios a la colección. Orcés también fue asistido por Gonzalo Herrera (un diseñador de exhibiciones), quien trabajó en el DCB (EPN) entre 1948 y 1969 y recolectó 26 especímenes. Herrera fue contratado nuevamente de 1974 a 1999. Gonzalo Herrera acompañó a los Olalla y a Peters en viajes de campo.
En 1970, Orcés envió gran parte de su colección privada de anfibios (729 especímenes) al USNM. En ese momento, no se asignaron recursos de la EPN ni para viajes de campo ni para la adquisición de especímenes, ni para su mantenimiento. Como resultado, Orcés temía que sus colecciones personales se perdieran, y su amistad con Peters lo impulsó a enviar su colección herpetológica privada al USNM. En 1974, viajó al USNM para estudiar colecciones de fauna en ese museo. Durante la década de 1970, el fantasma del cierre de la sección de zoología de la EPN era una amenaza latente, dado que la EPN se centraba en desarrollar carreras técnicas e ingeniería; así, Orcés tuvo que invertir sus propios recursos para mantener el museo en funcionamiento. A fines de la década de 1970, tuvo que vender sus colecciones privadas de aves al MECN. Esta acción causó preocupación y enojo por parte del rector de la EPN Orellana, quien ofreció a Orcés más apoyo que resultó en proporcionar nuevas instalaciones en el recién construido Teatro Politécnico—una obra arquitectónica icónica de la década de 1960 en Quito—y la contratación de personal.
Por su amplia influencia en la ciencia en Ecuador, Orcés recibió muchos premios, incluido un doctorado honoris causa de la EPN (1994), el Premio Universidad Central a la mejor publicación (1958); la Condecoración de la Orden Nacional al Mérito en el Grado de Oficial, Presidencia de la República (1983); y la Condecoración de la Orden Nacional Honorato Vásquez en el Grado Placa de Oro (1991). Orcés fue nombrado Profesor Honorario tanto por la Universidad Central (1983) como por la Escuela Politécnica Nacional (1990). En 1989, se fundó en Quito la Fundación Herpetológica Gustavo Orcés para promover la conservación de anfibios y reptiles en Ecuador. La exhibición de ciencias naturales, el Museo de Historia Natural de la Universidad de la EPN, fue renombrado en su honor y oficialmente creado en 2000. Orcés ha sido honrado en los nombres de aproximadamente dos docenas de especies, entre ellas dos especies de anfibios, el cutín Pristimantis orcesi (Lynch, 1972) y la ahora posiblemente extinta rana arlequín Atelopus orcesi (Coloma et al., 2010).
Para 1958, la colección de anfibios de la EPN había crecido hasta incluir 817 especímenes. En ese momento, la colección comenzó a ser una fuente importante de información para investigadores en el extranjero. Por ejemplo, Orcés y Werner C. A. Bokermann (1929–1995), un herpetólogo brasileño, intercambiaron especímenes ecuatorianos (depositados en el Museu de Zoologia de la Universidad de São Paulo) con especímenes brasileños (254 especímenes de Brasil depositados en la EPN). La colección también fue utilizada por el científico estadounidense James A. Peters (1922–1972) (Figura 17) del Smithsonian Institution, quien mostró un interés particular en la herpetofauna de Ecuador.

Peters fue un herpetólogo y zoogeógrafo estadounidense cuya vida ha sido resumida por Adler (2014b). Nació en Iowa. Su principal foco de investigación fue América Latina, especialmente Ecuador. Durante sus 30 años de investigación en herpetología, describió 17 especies o subespecies nuevas, la mayoría de ellas anfibios. Peters murió prematuramente de cáncer de hígado en 1972 a la edad de 50 años. La especialidad de Peters eran las serpientes. En 1942, se unió a la Fuerza Aérea del Ejército de EE. UU. y se desempeñó como operador de radio. Tras su liberación del ejército en 1945, Peters ingresó a la Universidad de Michigan, donde rápidamente obtuvo tres títulos (BS 1948, MS 1950, PhD 1952). Durante este tiempo, su interés en el Neotrópico se inició cuando se unió a expediciones del museo a México en 1949 y 1950, y sus publicaciones sobre la herpetofauna mexicana comenzaron en 1950. En 1954, Peters obtuvo una beca para trabajo de campo en Ecuador y continuó su trabajo allí hasta 1969. Ecuador se convirtió en un foco importante de su investigación, y publicó sobre su herpetofauna el resto de su vida. En 1959, se unió a la facultad del San Fernando State College, en el borde norte de Los Ángeles, y trabajó allí hasta 1964, cuando se convirtió en Curador Asociado de reptiles y anfibios en el United States National Museum of Natural History en el Smithsonian. En 1966, Peters se convirtió en Curator-in-Charge, un puesto que ocupó hasta su muerte en Washington el 18 de diciembre de 1972. Peters también fue pionero en las aplicaciones de la tecnología informática a preguntas en sistemática, biogeografía y curación de museos. Se atribuyen a Peters más de 100 publicaciones científicas. Entre ellas hay 5 sobre anfibios ecuatorianos: un artículo ampliamente utilizado sobre localidades tipo herpetológicas ecuatorianas (Peters, 1955), otro sobre Ceratophrys (Peters, 1967), las revisiones taxonómicas de Leptodactylus (Heyer y Peters, 1971) y cecilias (Taylor y Peters, 1974), y su opus sobre las ranas arlequín del género Atelopus (Peters, 1973). Los 2 últimos artículos fueron publicados justo después de su muerte. Su artículo de 1955 es el primer artículo sobre anfibios publicado en Ecuador, curiosamente en una revista de entomología y parasitología.
Durante 1958–1959, Peters fue profesor Fulbright en la Universidad Central en Quito; este fue el segundo de cinco viajes que hizo a Ecuador (los otros fueron en 1962, 1965–1966 y 1969). Los viajes de campo de Peters en Ecuador cubrieron la mayor parte del país. Se resumen en la Tabla 2. Fue pionero, en el siglo XX, de la exploración herpetológica de ambas vertientes andinas, amazónica y del Pacífico, en las que se centró. Describe sus esfuerzos de muestreo de la siguiente manera:
En 1958–1959 hice una serie de siete transectos desde los valles interandinos hasta las tierras bajas del Pacífico, y en 1962 mi grupo hizo cinco transectos en las laderas orientales, usually, aunque no siempre, penetrando hasta las tierras bajas amazónicas. Tales transectos por fuerza siguen rutas disponibles, y del total de doce transectos, cinco fueron a mula y a pie, seis fueron por carretera en camión o Landrover, y uno fue por ferrocarril. (Peters, 1973)
Peters estaba particularmente interesado en recolectar reptiles pero también puso énfasis en las ranas arlequín. En su artículo seminal sobre los Atelopus ecuatorianos (Peters, 1973), revisó la taxonomía de todas las especies e incluyó las descripciones de seis nuevas especies. Incluyó notas sobre la ecología y historia natural de varias especies. Por ejemplo, hizo observaciones interesantes de las migraciones masivas de Atelopus ignescens:
La especie se involucra en migraciones masivas, aparentemente al comienzo de la temporada de reproducción, y puede verse por cientos en tal momento. He visto [sic] dos de tales migraciones, la primera de las cuales se movía a través de la Carretera Panamericana al norte de Latacunga el 31 de diciembre de 1958. Grandes cantidades de individuos fueron aplastados en la carretera a lo largo de una distancia de cuatro o cinco millas. Todos los individuos vivos cruzaban la carretera en la misma dirección. Se vieron algunas parejas apareadas. La segunda de tales migraciones se vio en los páramos en el camino de Quevedo a Latacunga, el 22 de enero de 1959, a una altitud de 3600 metros. En este caso, el movimiento era again en una sola dirección, y definitivamente cuesta abajo.
En esta publicación de Atelopus, en la sección de agradecimientos, Peters agradece a los ecuatorianos, y especialmente a Orcés:
Deseo agradecer particularmente a Manuel Olalla, Peter Spoecker, Robert Mullen y Gonzalo Herrera, quienes han ayudado en el campo. Gustavo Orcés-V. continúa como un amigo y crítico invaluable, y sus colecciones, ahora en el National Museum of Natural History, Smithsonian Institution, fueron extremadamente útiles en este estudio.
Peters ha sido honrado en los nombres de seis especies ecuatorianas, incluyendo cuatro anfibios, la cecilia Epichrionops petersi (Taylor, 1968), el cutín Pristimantis petersi (Lynch y Duellman, 1980), la rana cohete de Quito Hyloxalus jacobuspetersi (Rivero, 1991) y la ahora rara rana arlequín Atelopus petersi (Coloma et al., 2007). Pristimantis petersioides también lleva su apellido, dada su similitud con P. petersi.
A pesar del estallido inicial en la década de 1950, en 1981, la colección herpetológica en la EPN (1100 especímenes) estaba casi abandonada debido a la falta de recursos para su cuidado y la falta general de interés (excepto como se describió anteriormente en la discusión del papel de Orcés) de la administración universitaria. Orcés (Figura 18) centró sus esfuerzos en el estudio de otros grupos de vertebrados, en particular mamíferos y peces, para lo cual la EPN contrató a dos renombrados zoólogos ecuatorianos, Luis Albuja Viteri (en 1974) y Ramiro Barriga (en 1981), quienes lo ayudaron y estuvieron a cargo de mamíferos y peces, respectivamente.

A principios de 1981, Orcés aceptó a un joven voluntario (Luis A. Coloma), quien en 1979 había hecho un estudio de la autoecología de Atelopus ignescens como parte de su tesis de investigación de la escuela secundaria, y quien comenzaba estudios de biología en la PUCE. Coloma fue puesto a cargo de reorganizar e identificar la moribunda colección herpetológica. Esta colección relativamente pequeña (aunque en ese momento la más grande de Ecuador) estaba preservada en formaldehído y almacenada en un suelo polvoriento en un espacio sin estantes donde también había muchos frascos de especímenes de peces. Coloma comenzó a trabajar con la colección para organizarla. Los especímenes que estaban casi secos fueron transferidos a etanol, y sus datos fueron recuperados. Esta fue una experiencia única y valiosa para Coloma porque además de este primer trabajo herpetológico, las discusiones con Orcés, Albuja y Barriga lo introdujeron al mundo de las colecciones y la ciencia. Coloma relata una de estas conversaciones de la siguiente manera:
En una de mis conversaciones con el Profesor Orcés, recuerdo su emoción cuando me contó sobre los miles de jambatos que en su juventud vio vagando durante el día en el valle de Los Chillos y en las Chorreras del volcán Pichincha, junto a Quito (unos pocos especímenes de Pichincha se depositan hoy en las colecciones del colegio Mejía). (Coloma, 1999)
En esa época, Albuja organizó una serie de discusiones semanales sobre publicaciones importantes, entre las cuales estaba la lectura y discusión del libro recientemente publicado de Duellman The South American Herpetofauna: Its Origin, Evolution, and Dispersal.
A principios de abril de 1983, mientras estudiaba biología, Coloma acompañó a Marinus S. Hoogmoed durante el trabajo de campo en el occidente y centro de Ecuador, bajo los auspicios de la EPN y la PUCE. Marinus Steven Hoogmoed (nacido el 19 de marzo de 1942 en Rotterdam) es un herpetólogo holandés que ha vivido en Brasil desde 2004. Su foco de investigación es la herpetofauna de Surinam, donde recolectó más de 3000 especímenes para el Rijksmuseum van Natuurlijke Historie (RMNH, predecesor del Museo Naturalis) y la región amazónica en Brasil. En diciembre de 1973, Hoogmoed obtuvo un doctorado de la Universidad de Leiden. Fue Curador en el departamento de herpetología del RMNH en Leiden desde enero de 1966 hasta su jubilación en abril de 2004. De 1990 a 2001 fue Jefe del departamento de vertebrados del museo. Desde noviembre de 2003, ha sido investigador visitante en el Museu Paraense Emílio Goeldi en Belém, Brasil. En abril de 1983 y 1987, Hoogmoed hizo colecciones de anfibios y reptiles en Ecuador. Durante ese tiempo, describió cuatro especies de Bufonidae como nuevas para la ciencia de Ecuador: Rhaebo colomai, R. olallai, Osornophryne antisana y O. guacamayo (Hoogmoed, 1985, 1987). Hoogmoed fue un excelente mentor herpetológico para Coloma y Almendáriz (ver más adelante), quienes aprendieron de él los fundamentos del trabajo de campo con anfibios. Según Hoogmoed, Coloma demostró ser un entusiasta y confiable compañero de campo, cuyo entusiasmo por la herpetología resultó en colecciones continuas (Hoogmoed, 1985). De hecho, de 1983 a 1984, Coloma recolectó alrededor de 350 especímenes en localidades como Coca, Tiputini (en las tierras bajas amazónicas), Centro Científico Río Palenque (en la región del Pacífico), Lita y las cabeceras del Río Baboso, Provincia Carchi (ver Figura 18). La mayoría de los especímenes fueron depositados en la EPN (172), mientras que la mayoría de las colecciones de Carchi, realizadas en septiembre de 1984, fueron depositadas en el nuevo Museo Ecuatoriano de Ciencias Naturales (actualmente INABIO). En 1984, principalmente con las colecciones de Coloma (102 anfibios, 6 reptiles), el MECN comenzaría a desarrollar sus colecciones herpetológicas, y un estudiante de biología ecuatoriano en la PUCE, Juan Carlos Matheus Pozo, estuvo temporalmente a cargo de ellas.
Ana Almendáriz-Cabezas
A principios de la década de 1980, ocurrió un evento muy auspicioso después de aproximadamente tres décadas de casi abandono de las colecciones de anfibios en la EPN. En 1982, la bióloga ecuatoriana Ana Almendáriz-Cabezas fue contratada en el DCB como investigadora, y bajo la dirección inicial de Orcés y Albuja, comenzó a organizar las colecciones de aves (Almendáriz había hecho su tesis sobre aves), pero Orcés pronto cambió de opinión y sugirió que se hiciera cargo de los anfibios y reptiles. Ese año, Almendáriz comenzó una nueva era con un enfoque en el trabajo de campo, inventarios, taxonomía y distribución de anfibios y reptiles, que duró 37 años hasta su reciente jubilación.
En el momento de la llegada de Almendáriz, la colección de anfibios en la EPN consistía en 1106 especímenes y había aumentado a 10,694 especímenes en su partida el 17 de septiembre de 2019. Almendáriz, acompañada por sus asistentes de campo, asistentes de investigación y colaboradores, recolectó 6070 especímenes (58% de la colección EPN) (Figura 19). Las colecciones de la EPN también se enriquecieron con colecciones depositadas por otros investigadores que recolectaron 3186 especímenes (31%): Jorge Brito Molina (777 especímenes), Luis Albuja Viteri (328), Paul Hamilton (243), Mario H. Yánez-Muñoz (234), Jorge Vaca-Guerrero (215), Rommel Mena (185), Luis A. Coloma (172), Ramiro Barriga (147), Paul Meza-Ramos (133), Gregory O. Vigle (93) y otros (659).

Almendáriz lideró varios proyectos de inventario, particularmente en áreas protegidas que eran de interés gubernamental (por ejemplo, Reserva de Producción Faunística Cuyabeno, Parque Nacional Yasuní), y realizó otras investigaciones enmarcadas en estudios de impacto ambiental para las industrias petrolera, minera e hidroeléctrica (por ejemplo, Cordillera del Cóndor). Durante su tiempo, la infraestructura de la EPN (museo) mejoró (actualmente ocupa 65 m2) con fondos proporcionados por el Banco Interamericano de Desarrollo en 1996. Los fondos para asistentes y viajes de campo fueron proporcionados por Entrix Inc., una empresa que presta servicios ambientales para las industrias petrolera y minera, que firmó un contrato con la EPN en 1995 que duró hasta 2019. Fue asistida por estudiantes de la PUCE y la UCE, quienes colaboraron como asistentes de campo, de investigación o de curación. La EPN realizó los estudios requeridos por el gobierno ecuatoriano para obras, proyectos y actividades de impacto ambiental medio o alto (por ejemplo, en el proyecto OCP, oleoducto de crudo pesado).
Almendáriz fue una de las primeras ecuatorianas que estudió biología concentrándose en la investigación. De hecho, fue la quinta estudiante en graduarse (segunda mujer) con un título de licenciatura en biología en Ecuador, en 1983, del Departamento de Ciencias Biológicas de la PUCE. Poco después de que Almendáriz comenzara su trabajo en la EPN, llegó a Ecuador un importante herpetólogo europeo, lo que permitió a Almendáriz colaborar, a fines de abril de 1983, como asistente de investigación en el proyecto Herpetofauna de América del Sur. Con Hoogmoed a cargo, recolectaron en las regiones del Pacífico y la Amazonía central para el RMNH. Como resultado del proyecto, 52 especímenes fueron depositados en la EPN (museo). Hoogmoed fue el primer mentor de trabajo de campo herpetológico para Almendáriz, lo que tuvo una influencia significativa. Más tarde (1983–1984), Almendáriz continuó haciendo colecciones en el área de Montalvo y otras localidades de exploración petrolera, a menudo de difícil acceso, en la Provincia Pastaza, con la idea de llenar el vacío de conocimiento para esa región. La región amazónica norte de Ecuador ya había sido explorada por Duellman y sus estudiantes. En ese momento, las tierras bajas centrales y amazónicas todavía eran una región mayormente aislada en la que los pueblos indígenas, las fuerzas militares y las empresas de exploración petrolera estaban presentes e interactuando. Estos grupos colaboraron con Almendáriz y la apoyaron logísticamente, especialmente en los campamentos de exploración petrolera de la Corporación Estatal Petrolera Ecuatoriana, a los que se accedía por avioneta o helicóptero. Almendáriz aprovechó la oportunidad para recolectar especímenes en bosques primarios pero también en sitios donde las motosierras y tractores estaban despejando el bosque. Se unió a ella un par de estudiantes de biología de pregrado, Coloma y Alfredo Luna, quienes participaron activamente en el proyecto (Figura 20).

Al final del proyecto, el grupo había recolectado 853 especímenes, representando la mayoría de las especies de la región, así como series de renacuajos y grabaciones de cantos de anuros, que sirvieron como base para una revisión de los anfibios de la región central amazónica de Ecuador (Almendáriz, 1987). Este último fue el primer artículo de Almendáriz y fue parte de la serie inicial de biología de la revista científica ecuatoriana Revista Politécnica. En años posteriores, Almendáriz publicaría nueve artículos sobre anfibios en esta revista.
En 1986, Almendáriz comenzó una colaboración con John Carr de la Universidad de Illinois e hizo colecciones herpetológicas en las cuencas de los Ríos Cayapas y Santiago, Provincia Esmeraldas, conjuntamente con John E. Simmons de la Universidad de Kansas y Mark T. Nielsen de la Universidad de Utah. Posteriormente, en 1991, Carr y Almendáriz realizaron inventarios herpetológicos en remanentes de bosque en la región Costera y áreas adyacentes del suroeste de Ecuador. El trabajo de campo de Almendáriz resultó en 70 especímenes de anfibios y dos publicaciones (Almendáriz y Carr, 1992, 2012) (Figura 21).

En 1986–1987, el Consejo de Universidades y Escuelas Politécnicas financió un proyecto para aumentar el conocimiento de la Herpetofauna Andina alta. Este proyecto sirvió para hacer colecciones a lo largo de los valles interandinos y cordilleras adyacentes. Esas colecciones de anfibios son de importancia crítica, ya que se hicieron, por coincidencia, en un momento en que la abundancia de ranas estaba disminuyendo y estaban ocurriendo declives catastróficos de anfibios en la región Andina. Por ejemplo, se encontraron especímenes muertos de Atelopus ignescens en el Río Pita, y esto fue reportado en la publicación resultante realizada por Almendáriz y Orcés (Almendáriz y Orcés, 2004).
Desde 1988, y durante su permanencia en la EPN, Almendáriz trabajó en el extranjero con colecciones (como investigadora visitante) en la División de Herpetología de la Universidad de Kansas (KU) (agosto–octubre 1988, abril–mayo 1997) (ver Figura 21), el Departamento de Herpetología del MCZ (octubre 1988) y la División de Anfibios y Reptiles del USNM (noviembre 1988, marzo 1994, junio 1997).
Otras prospecciones importantes realizadas por Almendáriz en áreas protegidas incluyeron las llevadas a cabo en El Pan y Mataje (Reserva Awa), Provincia Esmeraldas, en 1987, conjuntamente con Elizabeth Samec del Museo de Historia Natural de Viena. En 1991–1992, se realizaron inventarios en las áreas circundantes a los pozos petroleros Tambococha y Ishpingo, Provincia Orellana. Son parte del ITT (Ishpingo, Tiputini, Tambococha), el proyecto de desarrollo petrolero más grande de Ecuador, que está ubicado en una de las áreas más biodiversas de la cuenca amazónica. En el pasado fue objeto de una iniciativa internacional de compensación, lanzada por el ex Presidente Rafael Correa Delgado, para dejar el petróleo en el subsuelo, que finalmente fue descartada debido a la falta de donantes.
En 1991 y 2000, Almendáriz exploró el área de Cuyabeno (comunidades Cofán y Zaparo, lagunas Iripari y Zancudo, Concienti y Güepi) como parte de la expansión de la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno, que de hecho (en 1991) se expandió de las 254,760 ha iniciales a 655,781 ha y luego se redujo (en 1994) a 603,380 ha.
En 1993, Almendáriz comenzó estudios herpetológicos en la Cordillera del Cóndor y en 2012 en Cerro Plateado, en el punto más alto de la Cordillera del Cóndor, Refugio de Vida Silvestre El Zarza y otras localidades de la concesión minera Fruta del Norte. Dos jóvenes ecuatorianos, Jorge Brito Molina y Jorge Vaca-Guerrero fueron sus principales colaboradores y trabajaron como asistentes de investigación tanto en el campo como en el museo. Estas fueron incursiones fructíferas (por ejemplo, nueve publicaciones sobre anfibios de la Cordillera del Cóndor) y llevaron al hallazgo de cinco especies nuevas para la ciencia (Almendáriz et al., 2012, 2014a; Harvey et al., 2013; Brito y Almendáriz, 2018) y también valiosa información de historia natural (Almendáriz y Batallas, 2012a, 2012b, Brito-M. et al., 2014). Diego Batallas-Revelo ayudó con análisis acústicos para estas publicaciones y ha estado trabajando con la biblioteca de audio de la EPN. La mayoría de los estudios del Cóndor fueron resumidos por (Almendáriz et al., 2014b). Las nuevas especies incluyeron la rana venenosa Excidobates condor, la rana de torrente Hyloscirtus condor y la rana hocicuda Chiasmocleis parkeri, cuya descripción fue liderada por ella. Estos inventarios iniciales—que han sido continuados por numerosos biólogos de anfibios de varias instituciones—revelan regularmente nuevas especies, así como documentan el alto endemismo y la fragilidad de esta Cordillera amazónica aislada. Actualmente, en la Cordillera del Cóndor, 41,000 ha están protegidas en las reservas biológicas El Cóndor, El Quimi y Cerro Plateado y en el Refugio de Vida Silvestre El Zarza. Sin embargo, la mayor parte de la Cordillera es tierra privada, y desafortunadamente estos estudios no han servido para detener la extracción de madera, la deforestación, la agricultura y la ganadería, ni han servido para detener la minería de cobre, oro, plomo y sílice, que actualmente están en marcha y amenazan seriamente la conservación de las diversas comunidades de anfibios en esta región (Almendáriz et al., 2014b).
En 2004, se realizó un estudio de la herpetofauna por Almendáriz en varias localidades de la Reserva Militar Arenillas (luego incorporada al sistema de áreas protegidas del Ecuador) en las tierras bajas del suroeste del Pacífico con la asistencia de Paul Meza-Ramos—Meza ha coautorado descripciones de cuatro especies nuevas para la ciencia. Entre 2006 y 2008, se realizaron colecciones en la comunidad Waorani de Guiyero, y en 2008, Almendáriz hizo colecciones de anfibios en la cuenca del Río Llusín, Parque Nacional Sangay. Entre 2009 y 2010, se realizaron inventarios conjuntamente con Jorge Brito Molina en los bosques secos interandinos de las provincias de Imbabura, Pichincha, Azuay y Loja. Entre 2006 y 2012, las colecciones provinieron de los bosques de la Provincia Manabí en un proyecto con The Biodiversity Group, una ONG enfocada en proteger la vida silvestre pasada por alto (Figura 22).

En 2014, se realizaron colecciones a lo largo de los Ríos Curaray y Cononaco en el Parque Nacional Yasuní con la asistencia de Jorge Vaca-Guerrero. Estos últimos inventarios se llevaron a cabo como parte de un proyecto financiado por la Secretaría de Ciencia y Tecnología de Ecuador, en un momento (2007–2017) en que los fondos para la investigación de la biodiversidad fueron proporcionados por el gobierno, y se pretendían transformaciones significativas en ciencia, tecnología e innovación desde el más alto nivel de toma de decisiones pero han sido discontinuados recientemente (Bonilla et al., 2021).
Entre 2008 y 2012, Almendáriz invirtió un gran esfuerzo en la escritura del capítulo herpetológico para un libro integral sobre vertebrados ecuatorianos (Albuja et al., 2012). Actualmente, Almendáriz, aunque jubilada de la EPN, continúa trabajando en publicaciones pendientes.
Desde la segunda mitad de 2019, ha comenzado una nueva era en la EPN con una bióloga de anfibios a cargo, Mónica Alexandra Guerra. En 2021, Diego Almeida Reinoso (que tiene un doctorado en biología de la UCE) fue contratado como Gerente de Colección. Guerra es una bióloga de anfibios ecuatoriana que estudió ranas del género Engystomops durante varios años. Guerra ha enseñado en la Universidad de Texas en Austin (EE. UU.) y en Ecuador en la Universidad Regional Amazónica Ikiam, la Universidad Técnica Particular de Loja y actualmente en la EPN. Su investigación se centra en anfibios, bioacústica y la evolución del comportamiento animal, para lo cual incorpora experimentos de campo con técnicas de genética molecular.
Como se resume en otra sección (ver “Ranas Vivas para investigación, educación y el mercado de animales de compañía”), las ranas marsupiales fueron las primeras ranas ecuatorianas que se buscaron para fines de investigación y para zoológicos en Europa y USA, donde habían sido enviadas desde 1955. Esto resultó en una serie de estudios extranjeros (15 artículos) sobre su biología reproductiva que se publicaron de 1957 a 1986. Casi una década y media después de 1955, los estudios sobre embriología y desarrollo de anfibios comenzaron en Ecuador en la década de 1970, liderados por la ecuatoriana Eugenia M. del Pino en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) (Figura 23).

Aspectos de la vida y logros académicos de del Pino han sido resumidos en un perfil publicado en los Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) (Mossman, 2007), un relato de las reminiscencias de su carrera (del Pino, 2021), y en publicaciones de divulgación (por ejemplo, Flores, 2021; Wikipedia, 2023 y citas ahí indicadas, Serra, 2022). Estudió el desarrollo embrionario de algunas ranas marsupiales a nivel celular y molecular así como el de varias ranas venenosas dendrobátidas y Engystomops y los comparó con Xenopus laevis. Una plétora de sus novedosos hallazgos surgió de la observación de que el desarrollo de la rana marsupial era en algunos aspectos (por ejemplo, desarrollo que era lento y controlado hormonalmente) similar a los embriones de mamíferos y aves, así como el descubrimiento de ovocitos multinucleados en Flectonotus pygmaeus, la descripción de un nuevo patrón de desarrollo en ranas, y el hallazgo de que los embriones de rana marsupial excretan úrea en lugar de amoníaco, entre otros descubrimientos.
Del Pino estableció un laboratorio pionero para el análisis comparativo del desarrollo de ranas en Iberoamérica en la PUCE. El valor de la investigación realizada por del Pino y sus estudiantes es reconocido internacional y nacionalmente. Así, del Pino es considerada una de las investigadoras científicas ecuatorianas más destacadas. Además, del Pino ha sido una pionera ecuatoriana en publicar su investigación en algunas de las revistas científicas internacionales más prestigiosas (como Scientific American, la revista Science, Nature y PNAS), así como una de las científicas líderes en publicar en revistas nacionales, comenzando en 1974 con la Revista de la Universidad Católica y en 2005 en la Revista Ecuatoriana de Medicina y Ciencias Biológicas.
Los primeros pasos de del Pino estudiando ranas fue un estudio para su PhD en Atlanta, Georgia, en la Universidad Emory, mentorizada por Asa Alan Humphries, Jr., abordando el papel de la gelatina del huevo en la fertilización de la rana acuática Xenopus laevis (del Pino, 1973). Poco después de su regreso a Ecuador, en 1972, quería una rana de fácil acceso (X. laevis ya no era una opción, y no le gustaba hacer trabajo de campo para recolectar ranas nativas) para continuar con el análisis de la gelatina del huevo de rana y la fertilización. Sin embargo, del Pino no volvió a este problema porque encontró una rana inusual, una rana marsupial, en los jardines de la PUCE. En ese momento, solo había dos especies de ranas viviendo naturalmente en los jardines de la PUCE, la rana cuico de desarrollo directo Pristimantis unistrigatus (Nina y del Pino, 1977) y la rana marsupial Gastrotheca riobambae (del Pino-Veintimilla, 1975)—las ranas marsupiales desde entonces han desaparecido de la PUCE y de la mayoría de partes de Quito. Quedó asombrada por esta rana marsupial y decidió combinar su atracción por esta especie con estudios de biología del desarrollo. Las siguientes son sus palabras:
Así, tuve mucha suerte de encontrar una rana marsupial en la puerta de mi laboratorio. Mi primer encuentro con la rana marsupial G. riobambae ocurrió en 1972 en los jardines de la PUCE. La hembra de G. riobambae que vi me pareció extraordinaria porque esta rana incubaba sus embriones en una bolsa dorsal. Por supuesto, este vertebrado parecía una rana, pero la incubación de embriones en el cuerpo de la madre se parecía a la de los mamíferos. Desde el principio, la biología de las ranas marsupiales fue atractiva. Sin embargo, sabía que estaba frente a un problema de investigación mayor que mis habilidades y recursos. Escribí una carta al Dr. Humphries, y le pedí que buscara en la biblioteca de la Universidad Emory información sobre el desarrollo de las ranas marsupiales. Él escribió que el desarrollo de las ranas marsupiales era totalmente desconocido, y que tenía un problema importante frente a mí. Además, escribió que podría dedicar mi carrera científica a estudiar la biología y el desarrollo de las ranas marsupiales. (del Pino, 2021)
Con equipo básico en la PUCE y consejos y apoyo de Humphries, incluida la provisión de reactivos clave, del Pino comenzó su largo viaje estudiando ranas marsupiales y algunas otras especies. Comenzó a hacer importantes descubrimientos de desarrollo sobre la rana marsupial Gastrotheca riobambae. Su primer artículo trató sobre sus estrategias reproductivas adaptativas para la vida terrestre y fue publicado en la revista de la PUCE (del Pino, 1975). En el mismo año, ella, Humphries y dos de sus estudiantes de licenciatura (Ligia Galarza y Carmen Merizalde de Albuja) publicaron un artículo (del Pino et al., 1975) revelando que los grandes huevos y embriones de la rana marsupial G. riobambae se desarrollan a un ritmo muy lento, como los embriones de mamíferos. Están protegidos en la espalda de su madre, y sus branquias, llamadas “branquias de campana”, envuelven al embrión en un saco en estrecha proximidad con la bolsa de la madre. El sistema se asemeja a la placenta mamífera. La embriogénesis de esta especie fue más detallada en dos artículos adicionales de del Pino y Escobar (1981) y del Pino y Loor-Vela (1990). Además, ella y dos de sus estudiantes encontraron que la incubación de embriones por la madre está asociada con el control hormonal de la reproducción, como en los mamíferos (de Albuja et al., 1993; del Pino, 1983; del Pino y Escobar, 1981).
En la segunda mitad de la década de 1970, del Pino publicó el descubrimiento de ovocitos multinucleados en aliados de las ranas marsupiales (del Pino, 1977; del Pino y Humphries, 1978). En una entrevista para PNAS por Mossman (2007), este relevante descubrimiento es relatado de la siguiente manera:
De hecho, del Pino descubrió que varias especies de ranas marsupiales tienen ovocitos multinucleados. La ocurrencia más dramática es en la rana marsupial venezolana, Flectonotus pygmaeus, cuyos ovocitos contienen más de dos mil núcleos. del Pino mostró que estos núcleos proporcionan a los embriones una gran reserva de ARN ribosomal y proporcionan múltiples copias de genes, lo que muy probablemente permite a Flectonotus desarrollarse rápidamente. Eventualmente, todos menos uno de los núcleos se descomponen, y la célula los reabsorbe. En la rana común Xenopus que del Pino estudió primero en Emory, se sabe que los ovocitos tienen solo un núcleo con dos millones de copias de ADN ribosomal además de los cromosomas.
En 1980, del Pino (1980) amplió las descripciones sobre la morfología de la bolsa y el tegumento incubatorio para otros géneros de ranas marsupiales y aliados. Para este estudio, William E. Duellman, quien estaba trabajando en la taxonomía y evolución de las ranas marsupiales y aliados, promovió entusiastamente la investigación de del Pino sobre ranas marsupiales. Así, él y sus estudiantes John D. Lynch y David C. Cannatella proporcionaron ranas vivas de varias especies para sus estudios. Además, Duellman organizó préstamos de varios museos y organizó su visita para estudiar la colección más grande del mundo de ranas hemifráctidas en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Kansas. En la publicación de sus reminiscencias, del Pino (2021) también reconoció el apoyo para estos estudios por los conocidos herpetólogos Raymond Laurent (Argentina), Scott J. Maness (Venezuela), Paulo E. Vanzolini (Brasil), Pedro M. Ruiz Carranza (Colombia) y John E. Simmons (EE. UU.).
En 1983, del Pino y su colega Richard Elinson (de la Universidad de Toronto, Canadá) reportaron el descubrimiento de un nuevo patrón de desarrollo en ranas que incluía un nuevo modo de gastrulación (según el momento de la elongación de la notocorda) que resultó en la formación de un disco embrionario en la superficie del vitelo en ranas marsupiales, un proceso que previamente solo se conocía que ocurría en mamíferos y aves (del Pino y Elinson, 1983) y que evolucionó convergentemente en anfibios como una adaptación a la incubación dentro de la bolsa.
A principios de la década de 1990, del Pino, sus estudiantes de licenciatura Iliana Alcocer y Ximena Santa Cruz, y colaboradores alemanes Karl-Heinz Thierauch (quien pasó dos años enseñando en la PUCE), Herbert Steinbeisser y Horst Grunz publicaron un hallazgo importante (del Pino y Alcocer, 1994; Alcocer et al., 1992) que se relata en su entrevista para PNAS.
Las ranas tradicionales y las ranas marsupiales también difieren en cómo sus embriones excretan desechos. Los renacuajos de vida libre excretan amoníaco, que sería tóxico si se acumulara en espacios cerrados. del Pino descubrió que los embriones de rana marsupial excretan urea en lugar de amoníaco. Este hallazgo le permitió idear un medio basado en urea para el cultivo in vitro de embriones de rana marsupial. Desafortunadamente, nunca ha podido fertilizar los huevos artificialmente. (Mossman, 2007)
En la década de 2010, el establecimiento del programa de conservación ex situ Balsa de los Sapos, o “Arca para las Ranas”, en el Museo de Zoología de la PUCE produjo un giro bienvenido en la investigación de del Pino, ya que se interesó mucho en comparar el desarrollo de otras ranas con las ranas marsupiales. A mediados de la década de 2010, Balsa de los Sapos se había convertido en un programa de cría importante para varias especies de ranas en peligro de extinción, así como para ranas para fines de investigación. Así, Coloma, Ron y colaboradores proporcionaron embriones y ranas utilizados en el laboratorio de del Pino. Un epítome de la investigación de del Pino es el artículo publicado en PNAS (del Pino et al., 2007). En ese año, del Pino y varios de sus estudiantes y colegas publicaron un análisis comparativo del desarrollo temprano de varias ranas basado principalmente en sus estudios sobre Xenopus laevis, Gastrotheca riobambae, cinco especies de dendrobátidos (Ameerega bilinguis (como Epipedobates ingeri), Dendrobates auratus, Epipedobates machalilla, E. anthonyi, E. tricolor), dos especies de los sapos de nido de espuma Engystomops (E. coloradorum y E. randi), y la rana de desarrollo directo Eleutherodactylus coqui. Encontraron patrones variables de gastrulación en ranas y sugirieron que esta variación estaba relacionada con las estrategias de desarrollo de las ranas y posiblemente con su filogenia más que con el tamaño de sus huevos.
Del Pino ha sido parte de un grupo de pioneros que estableció la biología como una disciplina académica en Ecuador. Desde la jubilación de del Pino en 2013, ha sido autora y coautora de al menos ocho artículos científicos (a partir de 2022), mientras que dos de sus ex estudiantes continuaron con estudios de biología del desarrollo en la PUCE, Óscar Damián Pérez Vaca y Andrés Romero Carvajal. Solo dos de sus estudiantes han continuado con estudios de desarrollo de ranas. Por un lado, Pérez estaba llevando a cabo estudios de desarrollo embrionario y ensayos de fertilización in vitro de anfibios (Proaño y Pérez, 2017; Browne et al., 2019), pero murió prematuramente en 2020. Por otro lado, Romero Carvajal tiene intereses taxonómicos más amplios en el campo de la biología del desarrollo, aunque recientemente fue coautor en un artículo sobre ranas de cristal (Salazar-Nicholls et al., 2021) y describió la ontogenia temprana de un sapito Osornoprhyne (Romero-Carvajal et al., 2023).
Gregory O. Vigle

Figura 2.24. Kenneth Miyata. Arriba: localidad desconocida, circa 1980. Foto: B. Wu. Abajo: Centro Científico Río Palenque, provincia de Los Ríos, en 1978. Foto: Gregory O. Vigle.
Kenneth Miyata (Figura 24) es un nombre clave en la investigación de anfibios y el ecoturismo de Ecuador por muchas razones. Sus colecciones estuvieron entre las más grandes hechas en Ecuador durante su tiempo, y su lista y bibliografía de 1982 de anfibios y reptiles ecuatorianos sintetizó un mar caótico de información previamente dispersa en bibliotecas especializadas. Además, su experiencia pionera como guía en Río Palenque y su libro, Tropical Nature, han sido inspiradores para todos los interesados en el Neotrópico y el ecoturismo. Tres reseñas biográficas fueron publicadas después de la muerte prematura de Miyata (a los 32 años) por Collins (1983), Williams (1985) y Lambert (2000); el primero y el último se centran más en sus logros de la pesca con mosca, siendo el extenso memorial de Williams el más perspicaz con respecto a su vida como biólogo. Aquí hay otro ensayo biográfico sobre él, como lo relata su amigo, Gregory O. Vigle (ver biografía de Vigle bajo el título “Vigle, Dos Décadas de Conservación y Estudios de Anfibios en el Bosque Antiguo”), escrito en noviembre de 2021.
Kenneth Miyata (1951–1983) nació en Los Ángeles, California, y creció en el suburbio cercano de Covina. Desarrolló un entusiasmo por el mundo natural (particularmente anfibios y reptiles) desde una edad temprana, fomentado por exploraciones en las montañas al norte de Los Angeles, y visitas periódicas a la granja de una tía y un tío en Idaho. A lo largo de su juventud, también estuvo fascinado por el intrincado deporte de la pesca con mosca, y a la edad de 18 años era una estrella en ascenso, capaz de ganar ingresos sustanciales vendiendo sus propias moscas artificiales diseñadas de manera única y hechas a mano. Más tarde, cuando estaba en la escuela de posgrado, también complementó sus ingresos escribiendo artículos para revistas de pesca; para entonces ya había alcanzado fama generalizada en la cohesionada comunidad de pesca con mosca.
Miyata comenzó estudios en biología en la Universidad de California en Berkeley en 1969 y naturalmente se sintió atraído por las colecciones de herpetología en el Museum of Vertebrate Zoology. Se graduó summa cum laude en 1973 y comenzó la escuela de posgrado más tarde ese año en la Universidad de Harvard en el MCZ como estudiante del Agassiz Professor and Curator of Herpetology, Ernest E. Williams.
Miyata y Williams se conocieron en persona en el aeropuerto en Miami, Florida, donde se unió a un grupo de varios de los estudiantes y colegas de William en una extensa expedición de campo que viajó a múltiples localidades en el Caribe y América Latina. Ese viaje lanzó el interés de Miyata en la biología tropical, y puso sus miras en Ecuador, que siempre había sido conocido por su extraordinaria diversidad biogeográfica y había sido el foco de una mayor exploración y descubrimiento herpetológico durante la década anterior.
A lo largo de sus años de escuela de posgrado, Miyata financió sus gastos de viaje y trabajo de campo liderando grupos de Earthwatch y otros voluntarios que pagaban, lo que ahora se denomina “ecoturismo”, mucho antes de que se popularizara. Aunque su enfoque principal estaba en anfibios y reptiles, tenía un amplio conocimiento de muchos otros taxones tropicales y procesos ecosistémicos.
Miyata terminó su PhD en 1980, con una disertación de 787 páginas titulada “Patterns of Diversity in Tropical Herpetofaunas”, con cuatro capítulos principales: 1) Patrones continentales de diversidad de especies en comunidades de anfibios y reptiles, 2) Estudios ecológicos sobre la herpetofauna del sur del Chocó de Ecuador, 3) Análisis de una herpetofauna local: Herpetología de la región de Río Palenque del noroeste de Ecuador, y 4) Historia y diversidad de especies. El último capítulo consistió principalmente de seis artículos que describen en total cinco especies de anuros y dos lagartijas, todas de Ecuador, algunos ya publicados o enviados para publicación; una lista completa de las muchas subsecciones dentro de los cuatro capítulos principales se presenta en Miyata, 2013 (también ver aquí).
Miyata se mudó a Washington DC al año siguiente para una beca postdoctoral en el National Museum of Natural History de la Smithsonian Institution con Roy McDiarmid. También era coautor de un libro con su compañero de graduación de Harvard y botánico Adrian Forsyth, Tropical Nature: Life and Death in the Rain Forests of Central and South America (Forsyth y Miyata, 1984). Escrito para audiencias generales, con un prólogo de Thomas Lovejoy, consiste en 17 ensayos sobre la ecología y biología evolutiva de los bosques tropicales. El libro fue ampliamente aclamado por reseñas en Newsweek, Scientific American y Smithsonian Magazine, y el prominente profesor del MCZ Ernst Mayr escribió que “No conozco mejor introducción a la biología tropical”. Tropical Nature es sin duda el mayor legado de Ken en el mundo en general fuera de su trabajo especializado en herpetología, y hasta el día de hoy es lectura recomendada (o requerida) en muchos cursos de biología tropical de universidades, e innumerables guías de viaje y sitios web.
Para el otoño de 1983, a Miyata se le había ofrecido un trabajo con The Nature Conservancy. El puesto involucraba muchos viajes, y algunas de sus responsabilidades incluirían el inventario y evaluación de bosques neotropicales para evaluaciones de conservación. Como siempre, continuó disfrutando de su pasión por la pesca con mosca y estaba trabajando en un libro sobre ese tema. A fines de septiembre, partió para un viaje de pesca de tres semanas a Montana (donde había viajado muchas veces), antes de comenzar su nuevo trabajo. El 14 de octubre, estaba pescando solo en el Río Bighorn, cuando resbaló bajo en el fondo musgoso. Sus pesadas botas de agua de goma se llenaron de agua, y no pudo escapar de los rápidos. Su cuerpo fue recuperado más tarde en una poza profunda río abajo, con su caña de pescar todavía en la mano.
Aunque el presente volumen trata sobre anfibios, Miyata era un herpetólogo clásico de la vieja escuela, igualmente conocedor y hábil con la herpetofauna en todos los taxones, por lo que ningún resumen de sus contribuciones estaría completo sin incluir también aquellas concernientes a reptiles. Solo o con coautores, describió cuatro especies de anuros (Lynch y Miyata, 1980; Miyata, 1980a; Vigle y Miyata, 1980) y dos lagartijas (Miyata, 1985a, 1985b), todas de Ecuador. Su lista y bibliografía de los anfibios y reptiles de Ecuador (Miyata, 1982) fue el primer relato único que cubría toda la herpetofauna (682 especies listadas, 343 anfibios), y aunque ahora está desactualizada, sigue siendo un recurso muy útil. Publicaciones adicionales incluyen dos breves notas ecológicas (Miyata, 1980b, 1983) y un inmenso volumen de Festschrift (con 50 artículos de 69 autores) en honor a Ernest Williams, que Miyata coeditó con otro de los asociados de Williams (Rhodin y Miyata, 1983).
Aunque inédito, el tercer capítulo de su disertación presentó un relato de 292 páginas de la herpetofauna de la región de Río Palenque (basado en su propio trabajo de campo y colecciones), con claves de identificación y tratamientos detallados de muchas especies; puede haber planeado eventualmente publicar ese capítulo como una guía de campo, totalmente ilustrada con sus excelentes fotos. Aparte de las descripciones de especies de Ken y la inclusión de parte de su trabajo en un artículo posterior que describe dos nuevos Anolis (Poe et al., 2009), la única parte de su disertación publicada hasta la fecha es un extracto que combina la segunda y tercera secciones principales de su segundo capítulo (Miyata, 2013). Fue editado por el Curador de Herpetología del MCZ y especialista en Anolis Jonathan Losos, fue publicado en la serie MCZ Bulletin e incluye un suplemento con recuerdos de cinco de sus amigos cercanos.
Además de su disertación y publicaciones, los registros de catálogo del MCZ revelan que Ken contribuyó con alrededor de 4200 especímenes (80% anfibios) de Ecuador a las colecciones de herpetología en más de 20 largos viajes de campo de 1974 a 1979, representando un gran porcentaje de la fauna conocida de las tierras bajas occidentales. Además de las especies que describió, también recolectó los holotipos (y muchos paratipos asociados) de siete especies de anuros y los paratipos de dos anuros, una lagartija y una serpiente, todos descritos después por otros investigadores (y, también de Ecuador, el holotipo de un pez!).
Su legado en el MCZ es conmemorado hoy a través del programa de Becas Ken Miyata (financiado por el Fondo Ken Miyata para la Investigación de Campo), que ofrece becas para apoyar el trabajo de campo herpetológico de estudiantes de posgrado del MCZ “que comparten los intereses de Ken como naturalista, biogeógrafo y escritor/fotógrafo”.
Cinco especies han sido nombradas en honor de Miyata, incluidos los anuros Pristimantis miyatai (Lynch, 1984), Dendropsophus miyatai (Vigle y Goberdhan-Vigle, 1990) y P. hamiotae (Flores, 1994; el epíteto específico derivado del latín “del pescador con caña”), una lagartija (Lepidoblepharus miyatai; Lamar, 1985) y una serpiente (Tantilla miyatai; Wilson, 1987).
Un experto en pesca con mosca de renombre que conocía y pescaba con Ken, el difunto Jack Gartside, dijo de las habilidades de pesca de Miyata, en 2000: “Si Ken estuviera vivo hoy, no habría nadie que pudiera igualarlo”. Quizás mucho de lo mismo podría decirse de su potencial en herpetología y biología tropical.
Gregory O. Vigle
En las décadas de 1970 y 1980, comenzaron a establecerse las primeras estaciones biológicas en Ecuador. Una de ellas fue el Centro Científico Río Palenque (CCRP, fundado en 1970) en las tierras bajas del Pacífico, y otra la Estación Biológica Jatun Sacha (EBJS, fundada en 1985), en la región amazónica oriental. Jatun Sacha es un nombre Kichwa que significa Gran Selva. En esta última, un joven herpetólogo estadounidense, Gregory O. Vigle, comenzó un programa a largo plazo para estudiar la diversidad y abundancia de anfibios (Figura 25). Vigle ha contribuido al conocimiento de la taxonomía de los anfibios ecuatorianos recolectando especímenes (alrededor de 2550) y describiendo cuatro especies, notablemente la rara y en peligro crítico rana cohete Paruwrobates erythromos, que descubrió en el CCRP.
Vigle desarrolló un interés en la herpetología a la temprana edad de nueve años, buscando serpientes en excursiones de Boy Scout en Ohio y manteniendo una variedad de anfibios y reptiles como mascotas. Mientras aún estaba en la escuela secundaria, emprendió las primeras investigaciones sobre una población ahora bien conocida de lagartijas europeas introducidas en Cincinnati, Ohio, y presentó un artículo oral sobre esa población en las reuniones de SSAR-HL en 1977, donde conoció al difunto Ken Miyata (quien ya había estado trabajando en Ecuador durante varios años).
Vigle luego pasó el mes de enero de 1978 en Ecuador, ayudando a Miyata en el CCRP en las tierras bajas occidentales. Esa experiencia proporcionó su introducción inicial a la biología tropical y la herpetología de un mentor ideal, ya que aprendió todo lo que pudo de él en el tiempo disponible. Durante este tiempo, Vigle también hizo las primeras colecciones de una nueva especie de dendrobátido (Paruwrobates erythromos), describiendo la especie con Miyata (Vigle y Miyata, 1980).
Ocho años después, Vigle regresó nuevamente a Ecuador, bajo el patrocinio de Ernest E. Williams y el MCZ de la Universidad de Harvard. Durante dos años, de 1986 a 1988, realizó un extenso monitoreo inicial de los anfibios y reptiles en la recién establecida EBJS en la región del alto Río Napo. En ese momento, Jatun Sacha tenía solo 230 ha de tierra que bordeaban parcialmente el Napo pero incluía una concentración diversa de hábitats tanto de bosque primario como de llanura aluvial fluvial, formando un microcosmos que representaba la mayor parte de la variación de hábitat característica de la región del alto Amazonas de Ecuador. La construcción de una nueva carretera que avanzaba hacia el este desde Tena pasó por parte de la reserva en 1987, lo que eventualmente resultó en una mayor deforestación en las áreas circundantes. Estos procesos proporcionaron la oportunidad de evaluar la eficacia de conservación de una pequeña reserva remanente de bosque del alto Amazonas en un paisaje fragmentado. Además de su trabajo en Jatun Sacha, un breve viaje de campo en 1988 a otra pequeña reserva más abajo en el Napo resultó en la recolección y descripción de una nueva especie de rana hílida que luego fue nombrada en honor a Kenneth Miyata (Dendropsophus miyatai; Vigle y Goberdhan-Vigle, 1990).
Siguiendo su monitoreo de 1986–1988 (incluyendo extensas colecciones de especímenes para el MCZ), Vigle regresó a Jatun Sacha en 1998 para evaluar nuevamente la herpetofauna solamente mediante esfuerzos de encuentro visual. Para entonces, las posesiones de tierra de la reserva habían crecido a 2334 ha, mientras que el paisaje circundante había continuado sufriendo deforestación y fragmentación continuas. En ese momento, Vigle también adquirió una parcela adyacente de 14 ha de bosque en el Río Napo y construyó una instalación con capacidad para 25 personas para albergar grupos de cursos universitarios e investigadores que estudian biología tropical. Nombró su pequeña reserva como Librarius Study Center, a su vez nombrado por Pristimantis librarius (Craugastoridae), honrando a su difunto padre John, quien era director de una biblioteca universitaria (Flores y Vigle, 1994). La parcela de bosque de 14 ha conserva una alta concentración de especies de anfibios en un área pequeña con diversos hábitats de llanura aluvial. La descripción de P. librarius fue escrita en cooperación con Glenn Flores.
En 2000, Vigle fue le autor del capítulo de anfibios de una de las primeras guías de ecoturismo para Ecuador, la cual incluía ilustraciones basadas en sus fotografías (Vigle, 2000). También en 2000, lideró un pequeño grupo de voluntarios en la primera encuesta de la herpetofauna en la Reserva Biológica Bilsa en la cordillera de Mache Chindul en el noroeste de Ecuador (también propiedad de la Fundación Jatun Sacha), financiada por una beca de la Declining Amphibian Populations Task Force (DAPTF). Los primeros especímenes de una nueva especie de rana dendrobátida fueron recolectados en ese momento pero solo recientemente descritos después de la adquisición de especímenes adicionales, en una colaboración que incluye el trabajo de siete autores (Leucostethus bilsa; Vigle et al., 2020).
En más de una docena de largos viajes de 1998 a 2006, Vigle trabajó para replicar su encuesta en Jatun Sacha de 1986 a 1988, acumulando aproximadamente la mismo cantidad de esfuerzo de muestreo distribuido en las mismas áreas y rutas de senderos. Parcialmente apoyado por una beca de la DAPTF, también entrenó y empleó a guardaparques de Jatun Sacha en el mismo protocolo de búsqueda de encuentro visual, y utilizando cámaras digitales para crear un registro permanente.
Basado en comparaciones amplias y de gran escala de la riqueza y abundancia de especies, los resultados reportados sobre 20 años de datos acumulados sugirieron que la herpetofauna dentro del área pequeña encuestada de 1986 a 2006 no había sufrido declives pronunciados (Vigle, 2008) y que Jatun Sacha había conservado con éxito esa fauna como un remanente aislado. La concentración de diversidad de hábitats también reveló una destacable concentración de riqueza de especies. Se continúan registrando especies adicionales, y actualmente un total de al menos 94 especies de anfibios (y 90 de reptiles) han sido registradas dentro de un área de solo cerca de un kilómetro cuadrado (una de las más altas conocidas globalmente, por unidad de área).
A lo largo de su lapso de más de 30 años de exploraciones en Ecuador, Vigle también recolectó about 3400 especímenes herpetológicos (75–80% anfibios, 2550–2720), la mayoría depositados en las colecciones del MCZ, pero con números sustanciales alojados en varias otras colecciones de museos importantes tanto en Ecuador como en EE. UU. (en Ecuador, el QCAZ y MECN y en USA, el USNM, AMNH, KU y UF).
Juan Arturo Rivero Quintero (1923–2014) (Figura 26) fue un prolífico biólogo y herpetólogo puertorriqueño que hizo contribuciones importantes al conocimiento de anfibios de América Latina, especialmente de Puerto Rico, Venezuela y Colombia. Aunque su contribución a los anfibios ecuatorianos fue ocasional, fue relevante y se centró en la taxonomía de los dendrobátidos Colostethus de su tiempo (actualmente Hyloxalus, Allobates, Epipedobates, Leucostethus).

La vida de Rivero ha sido resumida por varios colaboradores de Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_A._Rivero, ver también las referencias ahí incluídas). Rivero obtuvo una licenciatura en ciencias en agronomía de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez en 1945, y en 1951 obtuvo una maestría de la Universidad de Harvard, seguida de un doctorado de la misma institución en 1953. Se convirtió en profesor titular de biología en la UPR-Mayagüez en 1958. Después de fundar el Zoológico UPR-Mayagüez en 1954, se desempeñó como su primer director, así como fundando y dirigiendo el Instituto de Biología Marina de la UPR. De 1959 a 1960 se desempeñó como director del Departamento de Biología y de 1962 a 1966 como Decano de Artes y Ciencias. Rivero supervisó el trabajo de más de 200 miembros de la facultad. Además de escribir 108 artículos científicos, escribió más de 300 publicaciones de divulgación y 17 libros. Al menos 14 especies han sido nombradas para honrar las contribuciones de Rivero a la ciencia, y el parque zoológico que fundó fue nombrado en su honor en 1998.
La contribución de Rivero al conocimiento de la fauna de anfibios ecuatorianos fue la descripción de siete dendrobátidos del género Hyloxalus en un solo artículo (Rivero, 1991), en el que revisó colecciones depositadas en el USNM, la mayoría de las cuales fueron recolectadas por miembros de la familia Olalla y James A. Peters. Rivero también describió Nymphargus megista e Hyloxalus breviquartus de Colombia, que ahora también se han registrado en Ecuador. En octubre de 1983, Rivero visitó Ecuador, conoció a Almendáriz y Coloma, y juntos realizaron un corto viaje a la región de Pifo, Provincia Pichincha, que resultó en encontrar una nueva especie (Pristimantis anae, actualmente un sinónimo junior de P. curtipes según Wiens y Coloma (1992), pero veáse el sumario de P. curtipes) y una revisión taxonómica del subgrupo P. myersi (Rivero, 1986). Aunque Rivero no realizó trabajo de campo adicional en Ecuador, Rivero y Almendáriz comenzaron un proyecto que resultó en una publicación semidivulgativa sobre la identificación de Colostethus (Rivero y Almendáriz, 1991). A fines de la década de 1980, aproximadamente al mismo tiempo que Coloma trabajaba en la Universidad de Kansas sobre la taxonomía de los Colostethus ecuatorianos para su tesis de maestría, Rivero mantuvo correspondencia con Coloma para evitar que sus investigaciones se superpusieran. Ambos emprendieron la difícil tarea de abordar algunos aspectos de la taxonomía del género Colostethus, un género que había sido revisado previamente por Stephen R. Edwards para su disertación de PhD (Edwards, 1974a) y la mayor parte de la cual permaneció inédita, con la excepción de una publicación que incluía taxones ecuatorianos (Edwards, 1974b).
William Ronald Heyer (ver Figura 26) es un productivo herpetólogo estadounidense cuya contribución al conocimiento de anfibios ecuatorianos se centró principalmente en el género Leptodactylus. Heyer escribió con su esposa su reseña biográfica (Heyer y Heyer, 2016). Nació el 29 de agosto de 1941 en Bellingham, Washington. Después de completar su tesis de maestría, se dedicó a investigar la evolución y relaciones del género Leptodactylus para su PhD en la Universidad del Sur de California, que completó en 1968. Su pasión por la zoología fue inspirada por su profesor de biología de pregrado, Jens Knudsen, quien fue su mentor y lo motivó a realizar estudios adicionales en la escuela de posgrado. Para honrar a su profesor, Heyer nombró una especie, L. knudseni (Heyer, 1972), descubierta durante dos meses de trabajo de campo en Limoncocha, Provincia Sucumbíos, en 1970 y 1971.
En 1973, Heyer se unió a la División de Anfibios y Reptiles del National Museum of Natural History en la Smithsonian Institution como curador asistente y fue promovido a Associate Curator en 1978. Notablemente, en respuesta a la alarmante disminución de poblaciones de anfibios observada en 1989, jugó un papel esencial en el establecimiento de la Declining Amphibian Populations Task Force en 1990, con el objetivo de investigar las causas detrás de este desastre ecológico y crear conciencia pública. En 1991–1992, se convirtió en su Presidente.
Continuando sus esfuerzos de investigación, Heyer describió dos especies adicionales de las grandes ranas Leptodactylus en las tierras bajas del Pacífico de Ecuador en 2005 (Heyer, 2005). Desafortunadamente, estas ranas son actualmente muy raras. Además, desde la década de 1990 hasta 2014, colaboró con Rafael de Sá en la Universidad de Richmond, estudiando extensamente la filogenia y relaciones del género Leptodactylus, resultando en una publicación muy importante (de Sá et al., 2014). A lo largo de su carrera, Heyer hizo notables contribuciones científicas, describiendo 54 especies de anfibios y reptiles, y recibiendo el honor de tener ocho especies de anfibios y reptiles con su nombre, entre ellas Noblella heyeri que ocurre en Ecuador (Lynch, 1986), así como un nematodo, nombrados en su honor.
Gregory O. Vigle
Glenn Flores creció en Nueva York y Connecticut y estuvo interesado en la zoología desde una edad temprana, primero manteniendo peces tropicales y luego anfibios y reptiles, alentado por un dedicado profesor de biología de la escuela secundaria. Mientras aún era solo un estudiante de segundo año en la escuela secundaria, aprobó su curso de biología de nivel avanzado; durante este período, también publicó su primer artículo científico, un estudio de campo de la rana hílida Pseudacris crucifer, publicado en el New York Herpetological Society Bulletin cuando tenía solo 16 años, lo que le valió una mención de honor en la Búsqueda de Talento Científico Westinghouse (ahora Regeneron).
Después de la escuela secundaria, en 1979, comenzó estudios en biología en la Universidad de Harvard. Como estudiante de primer año, se acercó a Ernest E. Williams para pedir permiso para asistir a su curso de herpetología de nivel superior en el Museum of Comparative Zoology (MCZ). Flores sobresalió en el curso a medida que su interés en la herpetología crecía y también fue empleado como asistente estudiantil de trabajo-estudio en las colecciones del Departamento de Herpetología del MCZ, continuando bajo la mentoría de Williams, y se hizo amigo del entonces estudiante de PhD Kenneth Miyata y del Gerente de Colecciones de Herpetología José Rosado. Junto con estudios de campo y colecciones en la República Dominicana, Flores desarrolló un interés en la gran diversidad de “eleuths” (una abreviatura para las ranas Eleutherodactylus, la mayoría de ellas actualmente en el género Pristimantis) y comenzó a estudiar la literatura y los especímenes en las colecciones del MCZ.
Después de la trágica muerte de Miyata en 1983, Flores identificó una serie de especies previamente desconocidas de Pristimantis de Ecuador (tres recolectadas por Miyata, una por Giovanni Onore y otra por Tjitte de Vries), incluyendo P. kirklandi (Flores, 1985a, nombrada en honor a su profesor de biología de la escuela secundaria Benjamin Kirkland), P. ernesti (Flores, 1987, nombrada por Williams), P. katoptroides y P. rosadoi (Flores, 1988; la última nombrada por Rosado) y P. hamiotae (Flores, 1993, nombrada por Miyata). Más tarde colaboró en las descripciones de tres especies adicionales de Pristimantis, incluyendo P. librarius (Flores y Vigle, 1994) y dos especies de Perú (Flores y Rodríguez, 1997); una de estas últimas (P. skydmainos) desde aquel entonces también ha sido registrada en un amplio rango en el este de Ecuador. En honor a las contribuciones de Flores, Lynch y Duellman (1997) nombraron P. floridus de las laderas andinas del noroeste de Ecuador.
Flores también describió cuatro especies de ranas centrolénidas, incluyendo dos de Ecuador (Flores 1985b, y Flores y McDiarmid 1989). Aunque ambas especies ecuatorianas ahora se consideran sinónimos de nombres previos, su artículo de 1987 describió variaciones previamente pasadas por alto en las almohadillas nupciales y espinas prepólicas, y esos estados de carácter han sido ampliamente empleados en estudios posteriores de centrolénidos.
Flores se graduó magna cum laude con un título en biología de la Universidad de Harvard en 1984. Si bien era un candidato destacado para continuar sus estudios herpetológicos en la escuela de posgrado, también se había sentido atraído por el campo de la medicina y la perspectiva de convertirse en médico. Finalmente, eligió este último camino, mientras continuaba trabajando en las descripciones de especies citadas anteriormente durante más de una década.
Flores obtuvo su M.D. en medicina pediátrica en 1989 en la Facultad de Medicina de la Universidad de California, San Francisco. Flores ha tenido una distinguida carrera como practicante e investigador en medicina pediátrica, con un enfoque en las disparidades en la atención médica causadas por la pobreza, el racismo y la falta de acceso para poblaciones desatendidas, y ha sido autor de más de 250 publicaciones académicas. Actualmente es el Chair of Pediatrics, Senior Associate Dean of Child Health, y Professor of Pediatrics and Public Health Services en la Universidad de Miami Miller School of Medicine. Y aún disfruta de mantenerse al día con la literatura sobre los anfibios de Ecuador en su tiempo libre.
En 1966, científicos de la Universidad de Kansas (KU), liderados por William E. Duellman, iniciaron exploraciones e investigaciones en Ecuador. Formaron una de las colecciones científicas más importantes (32.171 especímenes de anfibios), depositada principalmente en KU. Duellman y casi una veintena de sus estudiantes de posgrado describieron la mayoría de las especies de anfibios ecuatorianos conocidas hasta la fecha (Figura 27) y publicaron estudios en sistemática, ecología y otros campos de la biología. En este equipo destacan el norteamericano John D. Lynch, quien describió 116 especies registradas de Ecuador, y los ecuatorianos Coloma, Ron y Guayasamin, todos ellos realizaron estudios de posgrado en KU y, comenzando con Coloma en los años 90, tomaron el liderazgo en la investigación de anfibios en Ecuador.

Una parte significativa de la vida académica de Duellman, así como los eventos clave de la era Duellman-KU en Ecuador, han sido meticulosamente documentados en el análisis integral de Duellman sobre la historia centenaria de la herpetología en KU (Duellman, 2015). En este trabajo, presenta perfiles biográficos de cada estudiante de KU que realizó investigación en Ecuador. En semblanzas póstumas recientes escritas por Coloma y Guayasamin (2022), Burrowes et al. (2022), Mendelson III (2022) y Simmons (2022) resumen sucintamente varias facetas de su vida como tributo a su legado perdurable.
Hay relatos adicionales de investigadores de la era Duellman-KU, particularmente en el libro escrito por su estudiante Martha L. Crump (Crump, 2000). En este ameno relato en formato de diario, Crump relata sus encuentros y experiencias diarias mientras participaba en actividades de investigación en Ecuador.
Nuestro relato pretende destacar las notables iniciativas y profundas contribuciones de Duellman al estudio de los anfibios ecuatorianos, extrayendo la información directamente de las publicaciones mencionadas previamente en algunos casos, ya sea mediante reproducciones casi idénticas.
La participación de Duellman en Ecuador se puede delinear en dos fases significativas. La fase inicial abarcó de 1966 a 1990, durante la cual realizó personalmente extenso trabajo de campo en Ecuador junto con sus estudiantes de KU. Posteriormente, surgió una segunda fase de 1988 a 2022, durante la cual Duellman, en colaboración con su esposa y pareja científica, Linda Trueb, asumió un rol de mentoría para estudiantes ecuatorianos. Estos estudiantes se especializaron en campos como sistemática, biología evolutiva y ecología en la Universidad de Kansas. Durante este período, Duellman y Trueb también mantuvieron sus esfuerzos de investigación y publicación centrados en las ranas ecuatorianas. La primera etapa de Duellman comenzó en 1966, cuando su investigación taxonómica y las publicaciones resultantes ya incluían ranas ecuatorianas. Para su primer artículo, sobre el género neotropical Smilisca, examinó especímenes ecuatorianos de S. phaeota depositados en varios museos de EE. UU., y fue publicado por el Museo de Historia Natural de la Universidad de Kansas (Duellman y Trueb, 1966). Le siguió un artículo que apareció en 1968 en la revista estadounidense Herpetologica, en el que Duellman revisó el estatus taxonómico de algunas ranas hílidas americanas, entre ellas la ecuatoriana Trachycephalus coriaceus, basándose en especímenes de Limoncocha (Duellman, 1968). Luego, en 1969, tres artículos consecutivos trataron sobre ranas ecuatorianas: Agalychnis buckleyi (Duellman, 1969a), Atelopus ignescens, A. colomai (spumarius en esa época) (Duellman y Lynch, 1969) y Dendropsophus carnifex (Duellman, 1969b). Esta última fue la primera nueva especie descrita por Duellman de Ecuador. A estos estudios iniciales les siguió una explosión de investigación y publicaciones sobre taxones ecuatorianos. Entre 1968 y 2020, Duellman publicó 73 artículos que incluían ranas ecuatorianas entre un total de 387 publicaciones herpetológicas; 67 de los 73 fueron artículos de revistas científicas, los otros fueron componentes de cinco de sus principales libros: The Hylid Frogs of Middle America (1970), The Biology of an Equatorial Herpetofauna in Amazonian Ecuador (1978), The South American Herpetofauna (1979), Patterns of Distribution of Amphibians: A Global Perspective (1999) y Marsupial Frogs: Gastrotheca & Allied Genera (2015). Además, siete de los artículos en revistas científicas fueron escritos (1) o coescritos (6) por investigadores ecuatorianos. La presente enciclopedia (publicada póstumamente), compilada en el epílogo de su vida, también se suma a sus importantes contribuciones.
El trabajo de campo de Duellman en Ecuador comenzó en noviembre de 1966, cuando tenía 36 años, y duró hasta 1984 (Tabla 3). A Duellman le intrigaba la idea de un estudio exhaustivo de los anfibios y reptiles en un solo sitio de un bosque lluvioso tropical, especialmente en la Cuenca Amazónica. Esencialmente no se sabía nada sobre las comunidades herpetológicas en los bosques lluviosos tropicales. La posibilidad de tal estudio se vislumbró ante él en octubre de 1966, cuando recibió una estimulante llamada telefónica de un ex estudiante de KU, Charles M. Fugler. Durante los dos veranos anteriores, Fugler había recolectado anfibios y reptiles en el oriente de Ecuador y estaba impresionado por la actitud de Ildefonso Muñoz B., un refugiado político colombiano que tenía un campamento cerca del pequeño pueblo de Santa Cecilia, Provincia de Sucumbíos, adyacente al cual estaba un enclave de exploración de un consorcio petrolero.
El 21 de noviembre de 1966, Duellman voló desde Miami a Quito y luego viajó, por primera vez, a la selva amazónica, específicamente a Santa Cecilia, a orillas del Río Aguarico, en la Provincia de Sucumbíos. Pronto Duellman se instaló en una pequeña “casa de huéspedes” amueblada muy modestamente. Se familiarizó con Muñozlandia y la familia de Ildefonso: su esposa, Blanca, y sus cuatro hijos. La ubicación de Santa Cecilia era ideal: selva tropical virgen o apenas alterada, a 340 m sobre el nivel del mar y prácticamente en el ecuador; además, era accesible. Duellman pasó dos días y noches inspeccionando el área y recolectando varias especies de ranas, lagartijas y serpientes, muchas de las cuales le eran desconocidas. En el prólogo de un libro de mesa con fotografías en gran formato sobre ranas ecuatorianas, describió su primera experiencia en Santa Cecilia de la siguiente manera:
Al caer la noche, me puse las botas y una lámpara de cabeza y caminé por un sendero en la selva. Por todas partes que miraba veía ranas de todos los tamaños, formas y colores: ranas verdes grandes que emitían un suave cloqueo, ranas marrones grandes con hocicos agudos que tenían una llamada similar a una risa, y muchos tipos de ranas amarillas pequeñas, algunas de las cuales tenían patas rojas. Estas eran solo las ranas arborícolas. De día, en el suelo, había varios tipos de sapos y ranas venenosas. Y luego estaba la rana con una nariz larga y carnosa y lo que parecían cuernos en la cabeza. ¿Había muerto e ido al cielo habitado por la mayor diversidad de ranas del mundo? No, estaba en el Oriente (Amazonía) de Ecuador. (Duellman, 2009).
Con este viaje, Duellman comenzó su viaje de por vida a través de Ecuador, hacia el cual enfocó una gran parte de su trayectoria profesional. En este primer trabajo de campo de 11 días, recolectó 191 especímenes de anfibios y reptiles en Santa Cecilia y Limoncocha, sumándose a sus 30.933 series de campo de anfibios y reptiles que había recolectado antes en EE. UU., México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, Panamá y Venezuela. Duellman regresaría para realizar estudios de campo en la región de Lago Agrio (Santa Cecilia, Limoncocha, Puerto Libre) en 1967, 1968, 1969, 1971 y 1972. En ese momento, la industria petrolera, un consorcio Gulf-Texaco en la región amazónica del norte de Ecuador, acababa de comenzar sus actividades, y la deforestación junto con algunos de los peores derrames de petróleo en la historia mundial seguirían muy pronto después (Kimerling, 1993). No obstante, la selva virgen ecuatorial en Lago Agrio y sus alrededores en Ecuador le ofreció a Duellman una oportunidad única para liderar y realizar inventarios y estudios ecológicos y documentar historias naturales, a veces caminando detrás o deteniendo los tractores que despejaban los bosques. Un viaje exploratorio seguiría del 28 de febrero al 23 de marzo de 1967. Además de Duellman, otros tres participantes tomarían parte en las próximas expediciones: Linda Trueb, quien tomó voluntariamente un descanso de su trabajo con huesos de ranas, Henry Fitch, quien estaba ansioso por obtener más experiencia en los trópicos, y William G. Saul, un estudiante de posgrado en ictiología. Día tras día y noche tras noche, trabajaron en los senderos y vadearon pantanos. Después de fuertes lluvias vespertinas, grandes cantidades de muchas especies de ranas se congregaban en pantanos y estanques, donde a veces la cacofonía era ensordecedora. Pasaron horas grabando los cantos de ranas individuales y siempre intentando recolectar al macho cantor, para que hubiera un espécimen testigo preservado disponible. Así como muchas, si no más, horas se dedicaron a fotografiar individuos vivos, preservar y etiquetar cuidadosamente los especímenes, además de escribir notas de campo: ubicación, comportamiento, color en vida, etc. Al final de la primera semana, habían recolectado 226 especímenes de 54 especies de anfibios y reptiles. Para Duellman, esto era increíble. El grupo continuó trabajando en Santa Cecilia hasta el 24 de marzo. En tres semanas, recolectaron 693 especímenes de 94 especies de anfibios y reptiles. Durante un período de tiempo comparable de personal, un grupo de campo de KU había obtenido 569 especímenes de 84 especies en la selva tropical de Darién, Panamá, en 1965. Después de dejar Santa Cecilia, Fitch y Saul regresaron a Kansas, mientras que Duellman y Trueb permanecieron en Ecuador y fueron unos días a los páramo arriba de Papallacta en la Cordillera Oriental. Posteriormente, pasaron una semana cruzando hacia la Cordillera Occidental y recolectando en los alrededores de Santo Domingo de los Tsáchilas en las tierras bajas del Pacífico. Está por demás decir que regresaron a KU entusiasmados por sus recientes aventuras en las tierras bajas del Pacífico y los páramos andinos de Ecuador, que visitarían muchas más veces en los próximos años, y la selva tropical en Santa Cecilia, a donde regresarían para aprender más sobre la diversa herpetofauna. En 1968, Duellman visitó Santa Cecilia nuevamente, acompañado por un grupo de biólogos. Muñoz organizó que parte del grupo visitara Puerto Libre, un campamento de prospección minera (petrolera) en el Río Aguarico al pie de los Andes. Durante el verano, dos grupos volaron en pequeños aviones que aterrizaron en la pista de aterrizaje de pasto. Puerto Libre, a 570 m, era ligeramente más alto y aparentemente más húmedo que Santa Cecilia (340 m). Sorprendentemente, el corto tiempo en Puerto Libre dio como resultado 708 especímenes de 68 especies, incluyendo 102 salamandras y 11 especímenes de un nuevo género y especie de rana microhílida que sería nombrada cinco años después por Charles Frederic Walker (Walker, 1973), Curador de Herpetología del Museo de Zoología de la Universidad de Michigan. Duellman y Edwards pudieron recolectar en uno de los sitios de perforación al noroeste de Santa Cecilia, donde obtuvieron 70 especímenes de 23 especies de anfibios y reptiles en 24 horas. En ese viaje, un visitante frecuente y curioso de Muñozlandia fue Jim Watt, supervisor de los equipos de topografía para el oleoducto transandino que construiría Williams Brothers Construction Company. Jim se ofreció a llevar a un par de personas de KU en helicóptero a un campamento de topografía en los Andes. Duellman y Edwards aceptaron ansiosamente la invitación y pasaron tres días y noches en el bien equipado campamento de tiendas a una elevación de 1150 m en la Cordillera del Dué, un ramal andino con vista al Río Coca. Acumularon 194 especímenes de 30 especies, 12 de las cuales eran ranas del género Eleutherodactylus (como se les conocía entonces), muchas de las cuales eran nuevas para la colección de KU. Mientras empacaban sus especímenes para partir el 13 de agosto, el grupo de campo notó que habían acumulado 1095 especímenes de anfibios y reptiles de Santa Cecilia que representaban 124 especies, 21 de las cuales no se habían recolectado allí previamente. Una vez en Quito, Duellman organizó un viaje de un día al páramo en el Volcán Cotopaxi, donde los estudiantes pudieron investigar el hábitat altoandino y encontrar tres especies de ranas, una de las cuales, el jambato (Atelopus ignescens), era tan abundante caminando por el suelo que tenían que tener cuidado de no pisarlas.
Con el objetivo de elaborar una caracterización integral de una comunidad herpetofaunística tropical, Duellman reconoció la existencia de brechas sustanciales en su comprensión del amplio ámbito herpetofaunístico. Esto incluía la ausencia de cantos grabados de ciertas especies de ranas y la escasez de información sobre renacuajos de otras. Evidentemente, se hizo imperativa una expedición adicional a Santa Cecilia, lo que llevó a Duellman a asegurar hábilmente fondos de diversas fuentes una vez más. Esta vez, el equipo de expedición comprendió a Duellman, Linda Trueb, un estudiante de posgrado llamado Tom Fritts, y la adición de Charles F. Walker de la Universidad de Michigan (Figura 28).

Partiendo el 2 de abril de 1969, el grupo viajó a Quito, procediendo a Santa Cecilia al día siguiente. Se había hecho una mejora notable en Muñozlandia, que ahora lucía orgullosamente una pancarta que afirmaba su estatus como centro científico. Sin embargo, en medio de su aprecio por las mejoras en Muñozlandia, se desanimaron al descubrir que segmentos del bosque primario habían sucumbido a hachas y motosierras, una consecuencia de los ocupantes ilegales que intentaban cultivar en las áreas recién despejadas.
En ese momento, se planeaba la construcción de una carretera que se extendería desde Papallacta, situada en lo alto de los Andes, hasta Lago Agrio, la ubicación de un campo de aviación recién establecido y una instalación petrolera posicionada 14 km al este de Santa Cecilia. La recolección fue razonablemente buena en Santa Cecilia, donde se llenaron algunas de las brechas. Sin embargo, los hallazgos más interesantes fueron en el sitio de la nueva pista de aterrizaje que se construía en Lago Agrio. Los trabajadores habían despejado un área donde aterrizaban helicópteros con partes de tractores, que luego se ensamblaban en medio del bosque. Se usaron dos grandes tractores para despejar el bosque derribando árboles y luego empujándolos a un lado. No había instalaciones en Lago Agrio; el personal era transportado de ida y vuelta desde Santa Cecilia diariamente. Se hicieron arreglos para que los herpetólogos de KU fueran a Lago Agrio según el espacio disponible. Tom Fritts fue un día y regresó nueve horas después con 48 especímenes de 33 especies; una semana después, todo el equipo de campo de KU pasó tres horas en Lago Agrio y obtuvo 58 especímenes de 30 especies, 13 de las cuales no estaban en la colección hecha por Fritts la semana anterior. Se les pidió a los operadores de los tractores que derribaran algunos árboles hacia el claro y que no los movieran hasta que los herpetólogos tuvieran la oportunidad de examinarlos. A medida que se derribaban grandes árboles en el claro, lagartijas y ranas arborícolas saltaban de las ramas al suelo donde eran conspicuas y fácilmente capturadas. Los tractores también removían el suelo y al hacerlo exponían cecilias y lombrices de tierra tan grandes como las cecilias. ¡Qué fantástica diversidad de anfibios y reptiles! Al final del viaje, el grupo había empleado 251 horas-persona recolectando 741 especímenes de 96 especies en Santa Cecilia. También emplearon 65 horas-persona recolectando 364 especímenes de 86 especies en Lago Agrio. En Santa Cecilia, se recolectaron 2,6 especímenes por hora-persona, mientras que esa proporción fue de 5,6 en Lago Agrio. Los tractores ciertamente marcaron la diferencia. Duellman realizó dos breves visitas a Santa Cecilia en octubre de 1971 y abril de 1972. Durante ambas ocasiones, colaboró brevemente con Martha L. Crump y John E. Simmons. En particular, el 2 de abril de 1971 se destaca como un día memorable. Equipados con sus “cenas de picnic”, Duellman, Crump y Simmons partieron de Muñozlandia y atravesaron relajadamente un sendero durante aproximadamente un kilómetro hasta un pequeño lago. Poco antes del crepúsculo, se acomodaron en un tronco relativamente seco para disfrutar de su comida y bebidas cuando un abrupto aguacero los empapó durante aproximadamente media hora. Iluminando su camino con luces frontales, retrazaron cautelosamente sus pasos de regreso a Muñozlandia. La fuerte lluvia sacó a muchas ranas, tantas que estaban abrumados. Cuando entraron a Muñozlandia alrededor de la 1:00 a.m., sus luces frontales estaban tenues, estaban mojados y cansados, pero habían recolectado 56 especies de ranas, 14 más de las nativas de todo Estados Unidos al este del Río Mississippi. ¡Ciertamente una noche para recordar!
Duellman, John D. Lynch y otros escribieron numerosos artículos describiendo nuevas especies de Santa Cecilia y sus alrededores, culminando con la publicación, en 1978, de la obra magna de Duellman titulada The Biology of an Equatorial Herpetofauna in Amazonian Ecuador. En este estudio se reveló un récord de la mayor diversidad de reptiles y anfibios para un solo sitio en el mundo y proporcionó información novedosa sobre la ecología e historia natural de numerosas especies. La mayoría de los sumarios de las especies incluían una fotografía de un individuo vivo, pero las ilustraciones más notables fueron las cuatro láminas de pinturas al agua de ranas, lagartijas y serpientes del talentoso pincel de Linda Trueb. También desafió lo que entonces era la regla (basada principalmente en el trabajo aviar de Robert MacArthur) en ese momento en la década de 1970 en ecología de comunidades. Duellman (1978) enfatizó: “Las comunidades herpetológicas en bosques tropicales no estacionales no están estructuradas de la misma manera que las comunidades de aves. Los modelos generados a partir de comunidades de aves generalmente no se aplican a comunidades herpetológicas”. Esta monografía histórica fue bien recibida y pronto comenzó a ser una lectura obligatoria para cualquier persona interesada en la herpetología, la historia natural y las comunidades tropicales. Esta publicación única sobre una herpetofauna tropical fue bien recibida; aunque se produjeron 1200 copias, en cuatro años estaba agotada.
Esta monografía y su impresionante libro, Biology of Amphibians (Duellman y Trueb, 1986), inspiraron a varios herpetólogos ecuatorianos, entre ellos Coloma, quien luego emprendió estudios de posgrado en sistemática y ecología en la Universidad de Kansas, con Duellman como su mentor.
Duellman llevó a cabo un total de 11 viajes de campo a Ecuador (1966, 1967, 1968, 1969, 1970, 1971, 1972, 1974, 1975, 1984). Variaron en duración desde dos días el 30-31 de enero de 1971 hasta el más largo del 6 de marzo al 18 de mayo de 1975 (ver Figura 28).
Este trabajo de campo le proporcionó a Duellman la oportunidad de viajar por gran parte de Ecuador, incluyendo las tierras bajas de la costa del Pacífico, el bosque nublado de los Andes (vertientes occidental y oriental), las tierras altas y las tierras bajas amazónicas, y recolectar 6981 especímenes de anfibios y reptiles. Por demás está decir que recolectó por primera vez cientos de especies nuevas para la ciencia. Por ejemplo, en solo tres días, el 20, 21 y 23 de octubre de 1971, después de caminar en los márgenes del Río Azuela en la Provincia de Napo en el bosque nublado de las estribaciones amazónicas de los Andes, Duellman (con Simmons, Collins y MacBryde) encontró 12 nuevas especies de ranas (4 centrolénidos, 1 bufónido, 2 dendrobátidos y 5 Pristimantis). Uno de los dendrobátidos fue descrito por Charles W. Myers y John Daly en 1976, y comentaron lo siguiente:
En 1973, William E. Duellman llamó nuestra atención sobre cuatro especímenes de una pequeña rana veneno que habían sido recolectados en Ecuador, por un grupo de campo de la Universidad de Kansas trabajando bajo su supervisión. Estos especímenes representaban una especie previamente desconocida, y por lo tanto visitamos la localidad nosotros mismos para obtener muestras de toxinas cutáneas para un estudio bioquímico en curso de ranas dendrobátidas. (Myers y Daly, 1976)
¡El número de especies de anfibios descritas por Duellman es irreal! Describió o codescribió 93 de Ecuador (de 252 que nombró del Neotrópico), ¡una tarea monumental para un científico!
Durante su trabajo de campo, Duellman estuvo acompañado principalmente por sus estudiantes de posgrado y algunos colegas: Henry S. Fitch, William G. Saul, Linda Trueb, Martha L. Crump, Stephen R. Edwards, James W. Waddik, Werner C. A. Bokermann, Idelfonso Muñoz B., Thomas H. Fritts, Charles F. Walker, Sandy Echternacht, Bruce MacBryde, Joseph T. Collins, John E. Simmons, Dana T. Duellman (hija), Alan Savitzky, Patricia A. Burrowes y David M. Hillis. Como parte de su enfoque y el de KU en Ecuador, Duellman mentoró a estudiantes adicionales de KU que participaron en su trabajo de campo en Ecuador hasta 1990. Entre ellos estaban John D. Lynch, David C. Cannatella, Richard Montanucci, Charles W. Myers, John J. Wiens y David A. Kizirian, quienes realizaron viajes de recolección por sí mismos.
Los estudiantes de posgrado de KU mencionados aquí son actualmente ampliamente reconocidos en el mundo herpetológico, y las contribuciones de la mayoría de ellos al conocimiento de la herpetología ecuatoriana han sido inmensas. Sus estudios fueron resumidos por Duellman (Duellman, 2015), y aquí destacamos brevemente las contribuciones de Crump, Lynch, Cannatella, Edwards y Hillis.
En Santa Cecilia, una de las estudiantes de posgrado de Duellman, Martha L. Crump (Figura 29), emprendió un análisis de la ecología y los modos reproductivos en una comunidad de anuros tropicales.
Casi cinco décadas después, Duellman (2015) comentó sobre su estudiante Marty: “¡Qué adición significativa (al equipo de campo) resultó ser!” Además, en 1974, John D. Lynch describió una nueva especie de rana como Eleutherodactylus martiae (= Pristimantis martiae) y mencionó que su búsqueda de conocimiento ecológico de las ranas amazónicas había resultado en una colección sobresaliente de eleutherodactilinos amazónicos. Durante cinco décadas, Crump trabajaría en Ecuador, Brasil, Costa Rica, Argentina y Chile y se convertiría en una conservacionista activa. Crump, ecóloga del comportamiento, es ahora una de las principales autoridades en concienciación y conservación de anfibios, habiendo escrito libros como In Search of the Golden Frog (2000) y Extinction in Our Times: Global Amphibian Declines (Collins y Crump, 2009), coescrito Herpetology (cuatro ediciones, 1997–2015), uno de los libros de texto de herpetología moderna más populares, editado el libro Lost Frogs and Hot Snakes: Herpetologists’ Tales From the Field (Crump, 2024) y publicado una serie de otros libros tanto para adultos como para niños.
Crump comenzó su vínculo con las selvas tropicales y la herpetología como estudiante universitaria cuando fue contratada para catalogar y atar etiquetas a especímenes en la División de Herpetología del Museo de Historia Natural de KU. En 1967, cuando era una estudiante senior de biología de 21 años, le hizo una pregunta con timidez a Duellman: “¿No puedo ir yo también?”, cuando se enteró de sus planes de regresar a Santa Cecilia. A principios de junio de 1968, se unió a Duellman, el ictiólogo Frank Cross, Linda Trueb y tres estudiantes de posgrado, Stephen R. Edwards, James W. Waddick y F. William Saul, para una expedición de verano al este de Ecuador para continuar los inventarios que Duellman comenzó en el área en 1966. En Santa Cecilia, también los acompañó Werner C. A. Bokermann de Sao Paulo, Brasil, quien fue una inspiración para todos, especialmente para Marty, quien se adaptó maravillosamente a la vida en la “jungla”.
Estaba intrigada por los herps, principalmente por su ecología y comportamiento. Su padre, un geólogo minero, la alentó de niña a observar y hacer preguntas, no simplemente a aprender los nombres de los objetos de su interés. Después de obtener su licenciatura, Crump se quedó en KU para trabajo de posgrado, y su fascinación la llevó a convertirse en bióloga de campo. Se especializó en zoología y recibió una maestría en 1971 y un doctorado en 1974. Su tesis de maestría se tituló “Análisis cuantitativo de la distribución ecológica de una herpetofauna tropical” y su disertación doctoral fue “Estrategias reproductivas en una comunidad de anuros tropicales”. Fue investigadora postdoctoral en la City University of New York (1974–1976), profesora e investigadora en la University of Florida (1976–1992) y profesora adjunta en la Northern Arizona University en Flagstaff (1992–presente) y la Utah State University en Logan (2011–presente).
Crump pasó dos meses y 10 días en Santa Cecilia durante su primer viaje en 1968 para continuar los inventarios. Entre las tareas asignadas a ella estaba recolectar y criar renacuajos para que sus identidades pudieran determinarse, ya que la mayoría de los renacuajos eran desconocidos. Este fue el comienzo del conocimiento de los renacuajos ecuatorianos, una tarea aún incompleta a la presente. Crump fue la pionera en hacer esto, pero para ella, el aspecto más emocionante de la biología de los anfibios en Santa Cecilia fue la asombrosa diversidad de modos reproductivos. Escribió:
En los Estados Unidos nos enseñan que las ranas y los sapos ponen huevos en el agua. Los huevos eclosionan en renacuajos, que se desarrollan en el agua hasta que les salen patas, absorben sus colas y salen a tierra. Este escenario es cierto para casi todas las especies en los Estados Unidos… En Santa Cecilia, menos de la mitad de las especies ponen huevos en el agua… En ese momento me había asombrado la diversidad de la fauna, desde los llamativos patrones de color de las ranas arborícolas hasta las formas extrañas del sapo de Surinam y la rana arborícola cornuda que incuba huevos. Sin embargo, aún más fascinante había sido la amplia variedad de formas en que estas ranas se reproducen: huevos que se desarrollan fuera del agua, ranas que llevan sus renacuajos al agua, hembras que llevan huevos pegados a sus espaldas. (Crump, 2000)
Tres años después, en 1971, Crump regresó a Santa Cecilia y pasó 13 meses reuniendo datos para su disertación doctoral e intentando responder la pregunta: ¿Cómo pueden coexistir tantas especies? Especuló que las 81 especies coexisten, en parte, a través de las muchas formas diferentes en que se reproducen. Dos años después, Crump publicó un artículo (Crump, 1974) y concluyó que la diversidad reproductiva en Santa Cecilia permite la coexistencia de muchas especies mediante la partición de sitios de reproducción. Durante 1971–1972, el asistente de campo de Crump fue John E. Simmons, en ese momento un estudiante universitario que trabajaba en la División de Herpetología de KU. Simmons luego trabajó como Gerente de Colecciones en KU hasta 2007 y actualmente es un renombrado experto en estudios de museos, colecciones de historia natural y gestión, habiendo escrito más de 150 artículos y libros populares y técnicos sobre estudios de museos y temas de historia natural. Simmons posteriormente visitó Ecuador para participar en viajes de campo con Ana Almendáriz-Cabezas (en 1986) y para dictar un curso en estudios de museos en la PUCE en 2005.
El trabajo de campo de Crump en Ecuador continuó durante junio-julio 1976, septiembre 1977, junio-agosto 1978, mayo-julio 1993, junio 1995 y diciembre 1995. Durante el verano de 1976, regresó a Santa Cecilia y estudió el tamaño y el contenido calórico de los huevos de ranas arborícolas. En 1977, Crump realizó los primeros inventarios, junto con un equipo de científicos liderados por el Dr. David Pearson, en lo que sería designado como el Parque Nacional Yasuní. El parque se estableció en 1979 con un área de más de 500.000 hectáreas. Diez días de trabajo de inventario develaron 33 especies de anfibios y, según Crump, “una mera gota en el cubo de lo que es probable que ocurra en el área”. Durante el verano de 1978, continuó estudiando huevos de ranas arborícolas en Lago Agrio, a unos 12 kilómetros al este de Santa Cecilia (el ejército ecuatoriano había expulsado a Ildefonso Muñoz de Muñozlandia, y se había reubicado en Lago Agrio). Siguió otro viaje de campo a Yasuní en mayo de 1993, con los auspicios de EcoCiencia (una ONG ecuatoriana dedicada a la investigación aplicada a la conservación, políticas ambientales y educación), pero de camino a Yasuní, tomó seis días para visitar Santa Cecilia y enseñar a un grupo de 14 estudiantes ecuatorianos sobre métodos de campo para estudiar anfibios y reptiles. Dos décadas después de su última visita, se sorprendió por la deforestación alrededor de Santa Cecilia, que se había convertido en una gran base militar ecuatoriana. Describe y reflexiona:
Increíblemente alterado, el camino a Santa Cecilia ahora está bordeado de casas de paja, parcelas de yuca y plátano, y campos de fútbol en lugar de selva tropical. La colonización dentro de la cuenca amazónica superior se ha extendido como un cáncer… Muñozlandia era ahora una espesa maraña de vegetación secundaria. Me pregunté cuántos otros rastros de humanidad estaban enterrados bajo la vegetación de la jungla en la cuenca del Amazonas. Quizás civilizaciones enteras. (Crump, 2000)
Durante tres días de trabajo de inventario en Santa Cecilia, Crump y sus estudiantes encontraron 22 especies de ranas, una pequeña fracción de lo que realmente ocurría 25 años antes. Continuó al Parque Nacional Yasuní para un inventario en un área que estaba siendo mapeada para una carretera hacia campos petroleros gestionados por Maxus Energy. En el sitio recolectó 24 especies de anuros, a pesar de la falta de apoyo y los obstáculos al equipo de campo por parte de los oficiales de control ambiental. Experimentó de primera mano el poder de una compañía petrolera que no mostró interés hacia el impacto de la carretera en los anfibios y reptiles, o, en general, en la biodiversidad.
En junio-julio de 1993, Crump realizó viajes de campo a la costa del Pacífico, un bosque montano al sureste de Quito y a los Andes del sur. Durante su primer viaje, acompañó a Gloria Correa Monge (estudiante de Coloma en la PUCE) en busca de la rana arlequín Atelopus balios para estudios de comportamiento. Después de un esfuerzo de búsqueda de tres días, encontraron cuatro ranas en Manta Real, Provincia de Azuay, donde las ranas habían sido abundantes una década antes. También fue a Sierra Azul, Provincia de Napo, un sitio de bosque nublado en las estribaciones amazónicas, y luego al Parque Nacional Podocarpus en el sur de Ecuador. En Sierra Azul documentó 11 especies de ranas durante tres días. Al final de este viaje, afirmó que en todas partes donde había estado, las ranas parecían estar disminuyendo y desapareciendo.
En julio y diciembre de 1995, Crump terminó su viaje en Ecuador en asociación con un proyecto de conservación de EcoCiencia. Realizó talleres, asesoró en un estudio de inventario y monitoreo, y visitó sitios de campo en la zona de amortiguamiento de la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas. Los resultados de los inventarios de anfibios fueron resumidos por Velasco (1997a).
La carrera académica y los logros de Lynch son descritos principalmente por (Duellman, 2015, Capítulos 11, 30). John D. Lynch (ver Figura 31) expandió significativamente la colección de KU a través de su trabajo de campo en Ecuador, contribuyendo con un total de 8410 especímenes recolectados entre 1967 y 1978, lo que lo convierte en el cuarto recolector de anfibios más productivo (Figura 30).

Sus notables contribuciones también engloban la descripción o codescripción de 116 nuevas especies de anfibios nativos de Ecuador. Este logro lo posiciona como el científico principal en la lista de taxónomos que han documentado especies ecuatorianas (ver Figura 27). Su legado se refleja a través de la eponimia de nueve especies de anfibios, dos de ellas originarias de Ecuador: Atelopus lynchi (Cannatella, 1981) y Centrolene lynchi (Duellman, 1980). Además, su influencia está inmortalizada en el género Lynchius (Hedges et al., 2008).
Los esfuerzos combinados de Duellman y Lynch resultaron en siete títulos, incluyendo tres de los estudios más importantes y clásicos, uno sobre ranas de cristal (Centrolenidae) (Lynch y Duellman, 1973) y dos sobre ranas de lluvia Eleutherodactylus (la mayoría actualmente bajo Pristimantis) (Lynch y Duellman, 1980, 1997), en los que describieron conjuntamente numerosas nuevas especies para la ciencia.
Lynch nació el 30 de julio de 1942 en Collins, Iowa, EE. UU. Recibió una maestría en 1965 con una tesis titulada “Una revisión de las ranas de los grupos mexicanus y rhodopis (Género Eleutherodactylus) y la evolución del género en el norte de Centroamérica”. Fue mentorizado por el famoso herpetólogo Hobart M. Smith. En 1965, ingresó a la Universidad de Kansas y trabajó bajo la dirección de Duellman. En 1969, completó su doctorado con la tesis “Las relaciones evolutivas y osteología de la familia de ranas Leptodactylidae”. Enseñó en el Departamento de Zoología de la Universidad de Nebraska, Lincoln (1969–1997). Luego hizo un cambio importante como Profesor y Curador de Anfibios en el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, donde se retiró en 2022.
En junio y julio de 1967, Lynch pasó tiempo en Ecuador. Mientras estaba en Santa Cecilia en las tierras bajas amazónicas, se encontró con numerosas especies de “eleuths”, algunas de las cuales había observado previamente preservadas en Illinois. Regresando a Ecuador en febrero de 1968, Lynch se unió a una segunda expedición de campo de KU liderada por Duellman. Durante este viaje, John Lynch y Robert Henderson viajaron a las tierras bajas del Pacífico de Ecuador, mientras que Duellman y su equipo exploraron la región amazónica. Este marcó el comienzo de varios viajes de Lynch, que duraron hasta enero de 1978, cuando cambió su enfoque a Colombia debido a la mayor variedad de especies de “eleuth” allí en comparación con Ecuador.
Durante su tiempo en Ecuador, Lynch utilizó principalmente el transporte público para sus viajes. Aunque gran parte de su trabajo de campo se realizó de forma independiente, estuvo acompañado por Robert Henderson en una ocasión y por David C. Cannatella en otra.
Tras su viaje inicial a Ecuador, Lynch publicó descripciones de dos nuevas especies, Eleutherodactylus croceoinguinis y E. variabilis (Lynch, 1968). A partir de este punto y hasta 1980, Lynch fue autor de 31 artículos sobre “eleuths” ecuatorianos. Entre estos, describió independientemente 54 nuevas especies, colaboró en una especie con Linda Trueb, dos con Kenneth Miyata y 11 con William E. Duellman. Estas descripciones fueron respaldadas por series sustanciales de especímenes y presentaron mediciones integrales, proporciones e ilustraciones detalladas a través de dibujos y/o fotografías.
Una síntesis significativa de especies dentro de los Andes del sur de Ecuador (Lynch, 1979) fue sucedida por una evaluación más integral de especies encontradas en las estribaciones amazónicas de los Andes (Lynch y Duellman, 1980). Además, Lynch presentó una visión general de datos relacionados con especies que habitan los Andes del norte de Ecuador (Lynch, 1981).
Durante la década de 1980, se publicaron descripciones adicionales para cinco especies, tres con Duellman y una con Charles W. Myers. Esta circunstancia dejó las estribaciones y tierras bajas del Pacífico caracterizadas por numerosos especímenes simplemente etiquetados como “Eleutherodactylus sp.” Si bien la mayoría de estos especímenes fueron recolectados por Lynch, Duellman también hizo contribuciones significativas a la colección. Colaborando durante varios años, revisaron meticulosamente los “eleuths” del occidente de Ecuador, culminando en una publicación integral (Lynch y Duellman, 1997). Este trabajo develó 61 especies identificadas, nueve de las cuales fueron designadas como nuevas. En general, John Lynch describió 81 especies de “eleuth” de Ecuador.
Se continúan descubriendo más especies, como lo indican las descripciones de investigadores ecuatorianos. Mientras tanto, Lynch ha dirigido su enfoque hacia la taxonomía de “eleuths” en Colombia, donde actualmente reside. Duellman, por otro lado, cambió su atención a los “eleuths” peruanos y las relaciones filogenéticas entre estas ranas y sus parientes (Hedges et al., 2008).
La carrera académica de Linda Trueb ha sido descrita en detalle por Duellman (2015, Capítulos 8 y 20) en la historia centenaria de la herpetología en Kansas, en la que comentó sobre la nueva dimensión que la multitalentosa Trueb agregó al componente de investigación de la División de Herpetología de KU (Figura 32).

A lo largo de su carrera, Trueb no solo mantuvo una agenda de investigación activa sino que también impartió instrucción a nivel de posgrado y eventualmente ascendió a roles administrativos. Su reconocimiento internacional en el ámbito de la investigación, particularmente su exploración pionera de aspectos osteológicos de los anuros, incluidos taxones fosilizados, es digno de mención. Igualmente son destacables sus excelentes ilustraciones, que han acompañado consistentemente sus publicaciones desde el principio.
El compromiso de Trueb con el conocimiento de los anfibios ecuatorianos comenzó junto con Duellman con trabajo de campo conjunto de 1967 a 1975 (incorporando viajes de campo en 1967, 1968, 1969, 1971, 1974, 1975). Posteriormente, siguió una década de prolífica producción científica, culminando en su mentoría educativa de estudiantes ecuatorianos de 1988 a 2007 en KU.
Durante la década de 1970, Trueb fue autora de una serie de artículos taxonómicos integrales con ranas ecuatorianas. Ejemplos notables incluyen sus revisiones seminales de ranas arborícolas de cabeza con casco caracterizadas por cráneos co-osificados, destacando la morfología craneal detallada de Osteocephalus jordani usando un espécimen de Ecuador (Trueb y Duellman, 1970). En el mismo año, su trabajo colaborativo con Duellman produjo una revisión sistemática de O. verruciger junto con información de historia natural (Trueb y Duellman, 1970). Secuencialmente, se publicó una reevaluación taxonómica de Osteocephalus (Trueb y Duellman, 1971), seguida de un análisis filogenético integral de bufónidos. Dentro de este, introdujo un nuevo género, Ramphophryne (actualmente clasificado bajo Rhinella), incluyendo la especie ecuatoriana Rhinella festae (Trueb, 1971). En 1974, se publicó su esfuerzo monográfico sobre ranas cornudas neotropicales del género Hemiphractus (Trueb, 1974), seguido de una revisión de la sistemática de Nyctimantis rugiceps en 1976. El cenit de su contribución a los anfibios ecuatorianos ocurrió con una revisión taxonómica de Telmatobius ecuatorianos en 1979, que presentó el descubrimiento de una especie nueva, T. cirrhacelis, que ahora está posiblemente extinta.
De 1988 a 2007, Trueb participó activamente en esfuerzos colaborativos con William E. Duellman para brindar apoyo a los estudiantes de posgrado ecuatorianos en KU. Por ejemplo, jugó un papel crucial como mentora intelectual y asesora principal para varias actividades científicas y académicas. Supervisó la tesis doctoral de Luis A. Coloma sobre Atelopus (1991–1997), así como guió la investigación sobre Pristimantis y centrolénidos de Juan M. Guayasamin para sus tesis de maestría y doctorado (2001–2007). De 2007 a 2009, colaboró con su estudiante Guayasamin en publicaciones conjuntas sobre ranas de cristal (Guayasamin y Trueb, 2007; Guayasamin et al., 2008a, 2009). Además, contribuyó significativamente a los estudios sobre reptiles, supervisando los esfuerzos de investigación de maestría y doctorado de Omar Torres-Carvajal de 1999 a 2005. Vale la pena destacar que sus cursos sobre biología de anfibios, morfología (incluyendo la “osteología Truebiana”), ilustración científica (una clase casi obligatoria para sus estudiantes) y escritura científica dejaron una huella indeleble en sus estudiantes, convirtiéndose en un componente integral de sus estudios y publicaciones académicas posteriores. Tres anfibios de Ecuador han sido nombrados en honor a Trueb: Pristimantis truebae (Lynch y Duellman, 1997), Hyloscirtus lindae (Duellman y Altig, 1978) y Nymphargus lindae (Guayasamin en Guayasamin et al. 2020).
Duellman involucró a David C. Cannatella (Figura 33) con la herpetofauna ecuatoriana a fines de la década de 1970 y supervisó la tesis de maestría de Cannatella sobre la sistemática del grupo Phyllomedusa (actualmente Agalychnis) buckleyi en ese país.

Desde esos primeros años en la carrera académica de Cannatella, ha continuado siendo prolífico como autor y mentor de posgrado. Hasta diciembre de 2022, ha publicado y contribuido a las descripciones de 13 especies de ranas ecuatorianas. Con base en la Universidad de Texas-Austin, Cannatella continúa con sólidos programas de investigación y cooperación académica sobre la diversidad de anfibios ecuatorianos y especialmente sobre dendrobátidos y Engystomops. Cannatella se ha involucrado en colaboraciones con socios de EE. UU., Ecuador y otros internacionales, que han prolongado el legado de Duellman.
La contribución de Cannatella a la ciencia en Ecuador ha sido notable y especialmente importante para aumentar el perfil de la investigación herpetológica de anfibios ecuatorianos. Cannatella ha ayudado a varios ecuatorianos nativos como mentor de posgrado y los guió para publicar como autores o coautores en revistas de alto impacto, consecuentemente elevando el nivel de investigación realizada en Ecuador (Tabla 4). Comenzando con la publicación de su tesis de maestría (Cannatella, 1980) y hasta 2022, ha publicado 29 artículos de investigación de ranas ecuatorianas tratando evolución, sistemática, filogenética, comportamiento y ecología química. La mayoría de estas publicaciones fueron publicadas en las principales revistas científicas de alto impacto como Science, PLoS, PNAS, Systematic Biology y Proceedings of the Royal Society, entre otras. Los ecuatorianos han participado en 17 publicaciones con Cannatella: Juan Carlos Santos (10), Luis A. Coloma (7), Santiago R. Ron (5), Mónica A. Guerra (2), Pablo A. Menéndez-Guerrero (1) y H. Mauricio Ortega-Andrade (1). Algunos de estos artículos se encuentran entre los artículos de investigación más citados sobre anfibios ecuatorianos. Por ejemplo, el artículo sobre biogeografía de dendrobátidos publicado en 2009 conjuntamente con uno de sus estudiantes más brillantes y trabajadores, Juan Carlos Santos, y otros autores (Santos et al., 2009) alcanzó 368 citas hasta el 27 de enero de 2023 y es el quinto artículo más citado en la historia de la investigación de anfibios de Ecuador. Otro artículo, sobre la evolución del aposematismo en ranas venenosas publicado en 2003 (Santos et al., 2003), es el sexto más citado, con 317 citas.
Cannatella nació el 25 de diciembre de 1954 en Opelousas, Louisiana, EE. UU. En KU, obtuvo una maestría en 1979 con la tesis “Una revisión del grupo Phyllomedusa buckleyi (Anura: Hylidae)” bajo la supervisión de William E. Duellman. Luego fue mentorizado durante su doctorado por Linda Trueb, con una disertación doctoral sobre la filogenia de ranas primitivas (Archaeobatrachians). Fue becario postdoctoral en la Universidad de California en Berkeley (1986–1988) bajo la tutoría de David y Marvalee Wake. Su primer puesto académico fue como profesor y curador en la Louisiana State University (LSU; 1988–1990), y luego aceptó un puesto como profesor en la Universidad de Texas en Austin y como Curador del Texas Memorial Museum (1990–presente). Ha sido honrado con una especie ecuatoriana, Osteocephalus cannatellai, de la Amazonía (Ron et al., 2012).
La conexión de Cannatella con la herpetología ecuatoriana se puede fechar en el momento en que la taxonomía numérica fue reemplazada por la sistemática filogenética. Él y otros colegas de KU son considerados fundadores de la nueva sistemática, y la contribución de Cannatella como editor en la década de 1990 de Systematic Biology se considera fundamental para la sistemática molecular. Cannatella visitó Ecuador por primera vez en enero de 1977. Durante este viaje formativo, acompañó a William E. Duellman y fue a las localidades de Chiriboga en la Provincia de Pichincha (con Eugenia M. del Pino) y Santa Cecilia en la Provincia de Sucumbíos. Luego, en el mismo año, regresó a Ecuador con John D. Lynch en junio-julio, viajó a través de los Andes y recolectó anfibios en las provincias de Cotopaxi, Imbabura y Carchi. Cannatella hizo otro viaje a Ecuador en abril de 1979, esta vez recolectando cerca de Limoncocha en la Provincia de Francisco de Orellana. A fines de la década de 1990, como miembro de la facultad de la Universidad de Texas, se involucró en el estudio de Engystomops (junto con Michael Ryan) y regresó a Ecuador para investigar la vocalización y morfología laríngea de Engystomops petersi realizada en la Amazonía durante 1998 y 2001. Fue co-mentor de Kathryn E. Boul, entonces estudiante de posgrado en la Universidad de Texas (Boul et al., 2007; Boul y Ryan, 2003, 2004) a quien asistieron en el campo los herpetólogos ecuatorianos Juan M. Guayasamin, Fernando Ayala Varela y Diego Lombeida.
Desde los inicios de su programa de investigación en Ecuador, Cannatella puso un ferviente énfasis en promover ecuatorianos para la investigación de campo y estudios de posgrado en el extranjero, así como el desarrollo de la ciencia en Ecuador. Así, tuvo el fuerte apoyo de Coloma (quien estaba a cargo de los anfibios en QCAZ) y Laura Arcos Terán (quien era la Directora de la Escuela de Biología y la Decana de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la PUCE, desde sus inicios) a través de un acuerdo institucional. Cannatella visitó Ecuador en febrero de 2002 e hizo trabajo de campo conjuntamente con Coloma, Santiago R. Ron y Alisha Holloway en el centro y suroeste de Ecuador con un enfoque en recolectar especímenes de Engystomops que resultó en encontrar tres nuevas especies, E. montubio, E. randi y E. guayaco (Ron et al., 2004, 2005). En enero-marzo de 2003, Cannatella viajó con Coloma e Ítalo G. Tapia a la Provincia de Esmeraldas buscando los límites norteños de Engystomops en el oeste de Ecuador e hizo colecciones generales de anfibios. En febrero-marzo de 2003, fue al Parque Nacional Yasuní y asistió a los estudios que realizaban sus estudiantes de posgrado, Kathryn E. Boul, Catherine R. Darst y el ecuatoriano Santiago R. Ron. Estuvieron acompañados por Ítalo G. Tapia como asistente de campo. Darst hizo estudios moleculares de ranas hyloides (Darst y Cannatella, 2004) y de la dieta, defensas químicas y señales de advertencia de ranas venenosas (Darst et al., 2005, 2006). En 2002, luego de una maestría en KU, Ron se inscribió en la Universidad de Texas para un doctorado con la mentoría de Cannatella e hizo estudios sobre la sistemática, evolución de llamados y preferencias de apareamiento de ranas del género Engystomops (Ron et al., 2004, 2005, 2006) y se graduó en 2007. Cannatella regresó a Ecuador en 2004 para trabajar con sus estudiantes y colegas ecuatorianos. Durante enero-febrero, participó en un viaje de campo a Yasuní (con Ron, Mónica A. Guerra y Samael Padilla) y en abril a las tierras bajas occidentales (con Juan Carlos Santos y Martín R. Bustamante) y la región amazónica (con Santos, Coloma y Tapia). A lo largo de sus viajes, él, Coloma y estudiantes ecuatorianos recolectaron 1021 especímenes, con tejidos y grabaciones asociadas. Como resultado de esta cooperación, dos estudiantes ecuatorianos adicionales fueron a la Universidad de Texas en Austin para estudios de posgrado. Fueron Juan Carlos Santos y Mónica A. Guerra. Santos había trabajado en la PUCE para su grado de licenciatura (mentorizado por Coloma) sobre la filogenia molecular de dos grupos de Dendrobatidae (Epipedobates y el complejo Hyloxalus bocagei), por lo que Cannatella se dio cuenta de que las colecciones y datos de Santos eran la oportunidad perfecta para expandir al máximo grado posible los análisis moleculares de Dendrobatidae y responder preguntas de investigación basadas en filogenia sobre taxonomía, toxicidad, aposematismo, fisiología, etc. Mónica A. Guerra estudió ranas del género Engystomops durante varios años. Completó su licenciatura en la PUCE en 2005, mentorizada por Santiago R. Ron y Luis A. Coloma. En 2014, obtuvo un doctorado en Biología con especialización en ecología, evolución y comportamiento de la Universidad de Texas en Austin (EE. UU.), con una tesis titulada “Señales de apareamiento polimórficas y elección femenina en una rana amazónica”. Fue mentorizada por Michael J. Ryan y David C. Cannatella. El equipo de Cannatella en Ecuador también tuvo aportes del norteamericano Chris W. Funk, quien hizo investigación en Ecuador en la década de 2000 después de trabajar (en 1996–1997) como guía de campo turístico en el la Selva Ecolodge. Desde 2000, Funk realizó proyectos de monitoreo de anfibios en la región andina, en Cashca Totoras, Provincia de Bolívar, y Yanayacu en la Provincia de Napo (Funk et al., 2003; Guayasamin y Funk, 2009). En 2004, Funk obtuvo un doctorado en biología organísmica y ecología en la Universidad de Montana, inmediatamente se unió al equipo de Myke Ryan y Cannatella como becario postdoctoral (2004–2006) en la Universidad de Texas, y continuó las investigaciones de Engystomops en Ecuador hasta 2012 (Funk et al., 2007; Boul et al., 2007).
A través de la influencia y el apoyo de Cannatella, otras dos jóvenes neurocientíficas de anfibios de la Universidad de Texas en Austin (Kim Hoke y Lauren A. O’Connell) comenzaron la investigación de anfibios en Ecuador durante la década de 2010. Establecieron fuertes lazos con Coloma en el Centro Jambatu, la institución de anfibios recientemente fundada (en 2010) para la investigación y conservación de anfibios. Rebecca Tarvin (Universidad de California Berkeley, UCB) fue estudiante de doctorado de Cannatella. Anteriormente había trabajado como asociada de investigación en la PUCE y trabajó con Atelopus. Durante sus estudios de doctorado, trabajó en la diversidad de Epipedobates y la evolución de la auto-resistencia a toxinas en ranas venenosas. Gran parte de su trabajo de campo se realizó en Ecuador, y Cannatella abogó decisivamente para que continuara sus estudios en Ecuador. Tarvin ha continuado su investigación en Ecuador como profesora asistente en la Universidad de California Berkeley y actualmente es mentora de los estudios de posgrado de la ecuatoriana María José Navarrate.
Otro de los estudiantes de Duellman que hizo trabajo de campo en Ecuador fue Stephen R. Edwards (Figura 34), quien emprendió una revisión taxonómica fenética del género neotropical Colostethus (actualmente bajo Allobates, Aromobates, Colostethus, Ectopoglossus, Hyloxalus, Epipedobates, Leucostethus, Mannophryne, Paruwrobates, Rheobates y Silverstoneia), en el que reconoció 19 especies como nuevas para la ciencia, algunas de ellas de Ecuador.
En 1968, Edwards pasó dos meses en Ecuador (15 junio–16 agosto) recolectando conjuntamente con Duellman y estudiantes de KU en la región amazónica y los Andes en Santa Cecilia, Cordillera del Due y Laguna de Limpiopungo. Comenzó a establecer los fundamentos de la taxonomía específica en el género Colostethus, uno de los tres géneros en la familia Dendrobatidae en ese momento, y publicó dos artículos sobre ranas ecuatorianas (Edwards, 1971, 1974a). Al mismo tiempo (1973–1986), se involucró con la Association of Systematics Collections (1973–1986) y siguió un camino relacionado pero diferente después de obtener su doctorado en 1974. Primero fue administrador en KU, luego director ejecutivo de una ONG, seguido de más de 25 años en diferentes roles y posiciones de liderazgo en conservación con la UICN hasta su retiro en 2007. Desafortunadamente, la mayor parte de su investigación de disertación (Edwards, 1974b) sobre “Colostethus” permaneció inédita antes de que Duellman, Lynch, Enrique La Marca, Juan A. Rivero y Coloma comenzaran a emprender una revisión taxonómica renovada de Colostethus, basada en el extenso trabajo de Edwards que trataba con 45 especies nominales en ese momento. En 1988, Duellman sugirió que Coloma revisara los Colostethus ecuatorianos para su tesis de maestría y apoyó con entusiasmo viajes de campo adicionales. En el mismo año, Duellman describió (con Lynch) una especie ecuatoriana de la Cordillera de Kutukú (Duellman y Lynch, 1988). En 2005, cuando Coloma publicó su revisión taxonómica de Colostethus (Coloma, 1995), reconoció que Edwards le había permitido usar su disertación doctoral como referencia para los Colostethus ecuatorianos depositados en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Kansas.
El final de los viajes de Duellman a Ecuador y el inicio de un nuevo capítulo en Perú fue destacado por su expedición de dos meses por ranas marsupiales en los Andes ecuatorianos durante 1984. Lo acompañaron David M. Hillis, Patricia A. Burrowes y John E. Simmons (Figura 35).

Este viaje marcó el comienzo de una nueva era en sistemática y la formación de biobancos, en la que los datos moleculares comenzaron a jugar un papel pivotal. Notablemente, Hillis fue el primer estudiante de posgrado en la división de herpetología de la Universidad de Kansas en recolectar tejidos y emprender las complejidades de la sistemática molecular bajo la dirección de Duellman y John Frost. Hillis pasó un tiempo memorable con Duellman, recolectando tejidos, especímenes y estudiando ranas en los Andes ecuatorianos. Después de que Duellman falleció (en 2022), Hillis reflexionaría:
Él vivía y respiraba herpetología. En mi mente, lo veo con una lámpara de cabeza, atrapando ranas.
Duellman y Hillis publicarían dos artículos sistemáticos seminales, uno sobre ranas del grupo Hyloscirtus larinopygion (Duellman y Hillis, 1990) y el otro describiendo tres nuevas especies de ranas marsupiales, resolviendo problemas taxonómicos y sus relaciones filogenéticas (Duellman y Hillis, 1987). Hillis aplicó electroforesis de aloenzimas para resolver los problemas sistemáticos con estos taxones. Además, Hillis colaboró con Rafael de Sá, un estudiante proveniente de Uruguay y que estudió primero en KU y luego en la Universidad de Texas bajo la guía de Linda Trueb y Hillis, respectivamente. Juntos, Hillis y de Sá elaboraron una filogenia integral integrando caracteres morfológicos y bioquímicos del grupo Lithobates palmipes. Este esfuerzo resultó no solo en una comprensión más clara de las relaciones evolutivas del grupo sino también en la identificación de una especie novedosa originaria de las tierras bajas del Pacífico del sur de Ecuador (Hillis y de Sá, 1988).
Cuando Duellman comenzó su jornada de descubrimiento de Gastrotheca en los Andes en 1967, solo se reconocían dos especies de ranas marsupiales bifásicas (G. riobambae y G. lojana) de los Andes ecuatorianos, y se conocían cuatro especies monofásicas (G. guentheri, G. plumbea, G. testudinea y G. weinlandii) de Ecuador. Actualmente, se conocen 20 especies, y la tarea le tomó aproximadamente medio siglo. Su trabajo en ranas marsupiales culminó con la publicación de un libro (Duellman, 2015) que fue galardonado con una Mención de Honor en la categoría de Libros de Referencia de Volumen Único en Ciencia por la Association of American Publishers en 2016. Esto fue seguido por coescribir un artículo sobre Gastrotheca ecuatorianos (Carvajal-Endara et al., 2019), en el que resolvieron problemas taxonómicos pendientes del género en el sur de Ecuador. Simmons (2022) relata lo siguiente sobre la pasión de Duellman por las ranas marsupiales:
Algunas de las experiencias más interesantes que tuve con Bill en el campo involucraron ranas marsupiales, desde escuchar a Gastrotheca cantando por la noche mientras caía nieve en un pantano a más de 3300 metros en Ecuador, hasta la emoción de ver Stefania en las Tierras Altas de Guayana en Venezuela, hasta observar una hembra de Gastrotheca usar sus patas traseras para liberar larvas recién metamorfoseadas de la bolsa en su espalda. Para su libro, Bill, siempre el metódico creador de listas, informó que había examinado 4.661 especímenes preservados adultos, 191 lotes de renacuajos, 264 ranas jóvenes, 95 esqueletos secos y 66 preparaciones transparentadas y teñidas de 78 colecciones en tres continentes.
Al final de su viaje de Gastrotheca en los Andes ecuatorianos, Duellman presentó una conferencia algo emotiva en un evento que llenó un auditorio en Quito en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) el 3 de abril de 1984. En su conferencia, titulada “Los Batracios Andinos: 20 años de estudios y los prospectos para el futuro”, se refirió a la riqueza sin paralelo de ranas de Ecuador. Fue más allá y se quejó de las dificultades y frustraciones burocráticas de obtener permisos de recolección para investigación—paradójicamente, un lamento similar todavía es compartido por científicos ecuatorianos. Como epílogo a su charla, dijo lo siguiente con marcado énfasis:
Interesante y necesaria investigación podría hacerse aquí en los parques de Quito. Y tengo una pregunta. ¿Dónde están los herpetólogos ecuatorianos, peruanos y bolivianos? La región más rica del mundo herpetológicamente, y no hay herpetólogos aquí.
Figura 36. Izquierda: William E. Duellman en el II Congreso Latinoamericano de Herpetología, Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela, 1990. Fotógrafo desconocido. Derecha: Linda Trueb con esqueletos de ranas, diciembre de 1992. Foto: D. Koch.[/caption]
Cuando Coloma llegó a Lawrence, Kansas, en enero de 1988, se hospedó en la casa de Duellman y Trueb por unos días, donde fue calurosamente recibido con los brazos abiertos. Relata esta experiencia de la siguiente manera:
Después de visitar las increíbles instalaciones de la división de herpetología y el museo y ser presentado a la gente de herpetología allí, fui a su casa. Al caer la noche, después de la cena, bajé las escaleras a su gran oficina con Linda. Por todas partes a donde miraba veía cientos de separatas y libros de todos los tamaños, formas y colores: la gran obra de Biology of Amphibians, los dos volúmenes de Hylid frogs of Middle America, el enorme volumen de Amphibian Species of the World (promovido por él y editado por su estudiante Darrel R. Frost). También había grandes pinturas e ilustraciones originales colgadas en la pared como las coloridas láminas de las ranas y reptiles de Santa Cecilia y los dibujos de cráneos de ranas de cabeza con casco (hechos por Linda Trueb). Y luego, había computadoras nuevas, y todo ordenado a la perfección. ¿Había muerto e ido al cielo? No, estaba en el imperio del conocimiento de Duellman y Trueb. (Coloma y Guayasamin, 2022)
Dos décadas y media después de su última visita a Ecuador, Duellman tuvo estas generosas palabras al hablar sobre los ecuatorianos:
La gente de Ecuador es afortunada de tener científicos tan talentosos que pueden transmitir su conocimiento de manera tan concisa. La gente de Ecuador también es afortunada de vivir en una tierra de tan grande diversidad de ranas, pero también están obligados a mantener esa diversidad para las futuras generaciones tanto de ranas como de humanos. (Duellman, 2009)
En 1997, la finalización planificada del trabajo de Duellman con ranas ecuatorianas fue claramente establecida en la influyente monografía sobre los Eleutherodactylus (ahora la mayoría están en el género Pristimantis) en el oeste de Ecuador:
Poco nos imaginamos hace tres décadas que el Siglo XX estaría finalizando antes de que nuestros esfuerzos sobre los Eleutherodactylus en el oeste de Ecuador llegaran a dar fruto. En los años intermedios hemos aprendido mucho sobre estas ranas y nos hemos vuelto cada vez más conscientes de que hay tanto aún por conocer. Dejamos este desafío a nuestros sucesores, a quienes deseamos: ¡Que les vaya bien! (Lynch y Duellman, 1997)
Tras su artículo con Hillis, en 2015, Duellman publicó su libro principal sobre las ranas marsupiales en el que se incluyeron las especies ecuatorianas (Duellman, 2015b). También contribuyó, junto con investigadores ecuatorianos, a estudios sobre ranas arborícolas (Duellman y Coloma, 1993; Ron et al., 2018a), ranas arlequín en peligro de extinción (Ron et al., 2003; Coloma et al., 2007, 2010b; Guayasamin et al., 2010) y la descripción de ranas marsupiales andinas adicionales (Carvajal-Endara et al., 2019).
Duellman se retiró en 1997 para convertirse probablemente en el Curador Emérito más prolífico en el campo de la herpetología. Algunas de sus publicaciones más importantes—una edición revisada de Hylid Frogs of Middle America (2001); Cusco Amazónico: the Lives of Amphibians and Reptiles in an Amazonian Rainforest (2005); Terrestrial Breeding Frogs (Strabomantidae) in Peru (2009); Marsupial Frogs: Gastrotheca & Allied Genera (2015); Herpetology at Kansas, A Centennial History (2015a); y la Encyclopedia of Ecuadorian Amphibians (Coloma y Duellman, 2024, 2025a, b, c)—fueron parte de sus hobbies de “jubilación”.
La influencia de Duellman en herpetólogos ecuatorianos también se extiende a Omar Torres-Carvajal y Santiago R. Ron, ambos trabajando actualmente en la PUCE en reptiles y anfibios, respectivamente. Torres-Carvajal es el investigador principal sobre Squamata ecuatorianos, habiendo hecho numerosas contribuciones que siguen la tradición de KU (e.g., Torres-Carvajal, 2000, 2003). Ron también ha jugado un papel en estudios de anfibios, con un enfoque en la sistemática de ranas, especialmente de los géneros Engystomops (e.g., Ron et al., 2006) y Osteocephalus (e.g., Ron y Pramuk, 1999).
Guayasamin relata lo siguiente sobre Duellman:
Duellman siempre estuvo en su oficina junto a la entrada de la División de Herpetología. Su puerta siempre abierta, su mente siempre trabajando. Cada publicación impresa estaba perfectamente organizada, al igual que sus notas de campo, diapositivas y grabaciones. Aunque la idea de “taxonomía integrativa” pueda tener un aire nuevo y pegajoso, estaba claro que para Duellman eso era solo taxonomía del día a día. Las colecciones que Duellman y sus estudiantes obtuvieron en la década de 1970 eran tan completas que incluso incluían tejidos para estudios de aloenzimas. Estos mismos tejidos se usaron 40 años después para generar la primera filogenia molecular de ranas arlequín ecuatorianas, coautorada por Duellman (Guayasamin et al., 2010). Además, el trabajo de Duellman sobre ranas de desarrollo directo (Lynch y Duellman, 1997) y ranas de cristal (Lynch y Duellman, 1973) inspiró a Guayasamin a estudiar estos taxones para sus tesis de maestría y doctorado, transitando desde la clásica osteología Truebiana (Guayasamin y Bonaccorso, 2004; Guayasamin y Trueb, 2007) hasta la novedad de la sistemática molecular en ranas centrolénidas (e.g., Guayasamin et al., 2008a, 2009). (Coloma y Guayasamin, 2022)
Muchos herpetólogos ecuatorianos productivos también se han inspirado en el trabajo de Duellman. Por ejemplo, Ana Almendáriz-Cabezas, Martín. R. Bustamante, Alejandro Arteaga, Sofía Carvajal-Endara, Diego F. Cisneros-Heredia, H. Mauricio Ortega-Andrade, Mónica Páez-Vacas, Carolina Reyes-Puig, Juan Carlos Santos, Verónica L. Urgilés y Mario H. Yánez-Muñoz todos lo visitaron en KU o intercambiaron correspondencia durante muchos años.
En una reseña póstuma escrita por Joe Mendelson, uno de sus estudiantes de posgrado de KU más prominentes, y amigo de Duellman, afirma lo siguiente:
Sin embargo, el primer estudiante internacional llegó en 1962 desde Myanmar (entonces conocido como Birmania), seguido más tarde por muchos estudiantes de toda América Latina, y algunos de otros continentes también. Especialmente bien representado estaba Ecuador y, si sigues tanto las contribuciones de los estudiantes ecuatorianos educados en KU como sus descendientes académicos, está claro que el estatus de primer nivel de Ecuador globalmente como una potencia en herpetología conduce directamente a través de la red a Bill. (Mendelson III, 2022)
Medir el impacto de Duellman en la herpetología resulta desafiante. Como afirma Mendelson III (2022), Duellman ocupó una posición central en la herpetología durante la segunda mitad del siglo XX y los primeros 22 años del siglo XXI. Su influencia indeleble en la herpetología sin duda se extenderá por siglos. Mendelson sostuvo que las contribuciones más significativas de Bill a la herpetología fueron, sin ordenar, sus estudiantes, su trabajo de campo y especímenes, y sus publicaciones—especialmente sus cientos de esfuerzos taxonómicos y sus tratamientos regionales altamente influyentes (e.g., Santa Cecilia; Duellman, 1978), monografías (e.g., Duellman, 1970) y el magnífico libro de texto sobre anfibios (Duellman y Trueb, 1986).
Como relata Simmons (2022) Duellman llevó una vida extraordinaria:
Viajó mucho y recolectó especímenes de casi todos los grupos de reptiles y anfibios… Bill describió 252 especies actualmente reconocidas, publicó 386 artículos y libros, y sirvió como profesor principal para 34 estudiantes de doctorado. Durante su tiempo en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Kansas, aumentó la colección de 59.000 a más de 300.000 especímenes en solo 35 años (Ford y Simmons, 1997) a través de extenso trabajo de campo por sí mismo y sus estudiantes y adquiriendo otras colecciones, convirtiéndola en la cuarta colección herpetológica más grande en los Estados Unidos, y con mucho la colección más significativa de la herpetofauna de América Latina.
Yendo un paso más allá, Burrowes et al. (2022) afirmaron que el impacto del trabajo de Bill Duellman trasciende la herpetología con contribuciones significativas a nuestra comprensión de la ecología de comunidades tropicales, la biología evolutiva y la biogeografía. Sin embargo, es innegable la contribución de Duellman al reconocimiento de Ecuador como uno de los países con mayor diversidad de especies de anfibios en la Tierra. Los ecuatorianos tuvieron en Duellman y Linda Trueb verdaderos mentores, amigos y colegas. El Museo de Historia Natural de la Universidad de Kansas fue un segundo hogar donde escucharon infinitas historias de ranas, trabajaron en una de las colecciones más grandes de anfibios neotropicales y aprendieron a estudiar estos hermosos animales en el cielo de la academia de anfibios, construida sobre la base sentada por titanes de la herpetología como Duellman y Trueb (Coloma y Guayasamin, 2022).
La década de 1980 marcó el comienzo de la investigación de anfibios centrada en Ecuador, principalmente relacionada con el crecimiento de tres museos y el entorno académico asociado en Quito: EPN, QCAZ y MECN (actualmente INABIO). El auge de estas instituciones fue el resultado de un creciente interés en las ciencias naturales, que se había estado consolidando durante la década de 1970. Además de los eventos pioneros en la EPN, ocurrieron dos eventos adicionales: la apertura en la PUCE, en 1976, de una nueva carrera en ciencias biológicas que ofrecía un grado de licenciatura enfocado en investigación (en lugar de educación con una especialización en biología, la carrera previamente ofrecida) (Arcos Terán, 1998), y la creación del MECN en 1978 (Moreno Espinosa, 1979). Los primeros biólogos se graduaron de la PUCE a partir de diciembre de 1980, y el MECN comenzó a reunir las primeras colecciones de anfibios en 1984.
Desde la década de 1980 hasta el presente, los científicos ecuatorianos han hecho contribuciones significativas a través del descubrimiento y descripción de nuevas especies y mediante la generación de información en diversos campos de la biología y conservación de anfibios. Vale la pena mencionar que el número de artículos científicos está aumentando constantemente. Por ejemplo, en 2022, hubo no menos de 35 publicaciones científicas sobre anfibios ecuatorianos en revistas, y la mayoría de ellas incluía autores o coautores ecuatorianos.
Después de 40 años de actividades con anfibios, el QCAZ es uno de los centros más prestigiosos e importantes de América Latina debido a su museo, laboratorios, personal académico de alto nivel, investigación, producción científica y publicaciones de divulgación. La historia de la división de anfibios dentro de la Sección de Vertebrados del QCAZ, desde sus antecedentes en la década de 1970 y sus inicios en la década de 1980 hasta 2010, fue brevemente relatada por Coloma (2010). Información adicional seleccionada se encuentra principalmente en Coloma (2008), Coloma et al. (2010a) y Lötters (2011). De 2011 a 2022, la información está disponible en Womack et al. (2022) y varias fuentes de divulgación (e.g., Ponce, 2019; https://bioweb.puce.edu.ec/QCAZ/anfibios). Hasta el presente, el QCAZ posee la colección más grande de anfibios ecuatorianos, y contiene el mayor número de especímenes y especies (76.887 ejemplares al 30 de julio de 2023). Al mismo tiempo, el QCAZ construyó un banco de genomas de anfibios (40.548 muestras de tejido al 30 de julio de 2023), en el que se almacenan tejidos de la mayoría de las especies de anfibios de Ecuador.
Varios elementos convergieron para contribuir a la prosperidad y estado actual del QCAZ, comenzando en 1981 con el dinamismo de Giovanni Onore, a través de dos décadas de actividades fructíferas lideradas por Coloma y el trabajo posterior de Ron. Después de la década de 1980, una nueva generación de biólogos especializados en sistemática, evolución y ciencias relacionadas regresó a Ecuador y fue incorporada por la PUCE en las décadas de 1990 y 2000. Además, especialmente durante la década de 2000, algunas inversiones en ciencia, ya sea a través de donaciones privadas de impuesto a la renta o fondos proporcionados por el gobierno de Rafael Correa Delgado, promovieron su crecimiento.
En 2010, se produjo una ruptura importante en el QCAZ debido a desacuerdos conceptuales entre Coloma y Guayasamin vs. Ron (este último apoyado por la Decana, Laura Arcos Terán), entrelazados con problemas académicos y políticos que dieron lugar a conflictos de poder y un ambiente académico negativo desfavorable. Así, Coloma, Guayasamin y cerca de una docena de investigadores decidieron renunciar, separándose de la PUCE. Como consecuencia de su partida, Ron asumió el liderazgo de la sección de anfibios en el QCAZ, puesto que continúa ocupando.
Onore: Un entomólogo en las raíces de la investigación y conservación de Anfibios
A partir de 1969, algunas colecciones de vertebrados comenzaron a acumularse en el Departamento de Ciencias Biológicas (PUCE), que era parte del Instituto de Ciencias de la PUCE y actualmente está en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. Fernando Ortiz Crespo (1942–2001), un conocido ornitólogo ecuatoriano (Freile 2005, y citas ahí incluidas), estuvo esporádicamente a cargo de las colecciones hasta 1981, y su interés se centró en las aves. Durante este período (1969–1981), los especímenes de vertebrados se usaron principalmente con fines didácticos, pero algunos (particularmente aves) se usaron para investigación.
Las primeras colecciones de investigación de anfibios en la PUCE fueron especímenes depositados por Kenneth Miyata (22) e investigadores de KU (96) (e.g., Duellman, Crump, Lynch, Cannatella). La mayoría de estos especímenes fueron dados a Eugenia M. del Pino, quien también preservó especímenes testigo de los estudios embriológicos que realizó. Más tarde, en 2000, del Pino transfirió todos los especímenes (cerca de 400) que estaban bajo su cuidado a las colecciones de anfibios del QCAZ.
A principios de la década de 1980, la llegada a Ecuador del misionero italiano Giovanni Onore Risso marcó el inicio de un nuevo centro de investigación de anfibios en la PUCE. Aunque Onore era principalmente un entomólogo, sus actividades cubrían un ámbito zoológico más amplio. Onore trabajó en la PUCE durante 25 años (1981–2006) como profesor e investigador. Estuvo a cargo de las secciones de invertebrados y vertebrados del QCAZ (1982–1991), y desde 1991 hasta 2006, se enfocó en invertebrados. Posteriormente, Onore se ha dedicado a la conservación y al apoyo a la educación a través de la Fundación Otonga (FO), una ONG que preserva bosques para la conservación y ayuda con esfuerzos de educación pública.
Onore fue el fundador del QCAZ (un acrónimo derivado de Quito, Católica y Zoología) y las colecciones de anfibios allí en 1982. El liderazgo y dinamismo de Onore fueron fundamentales para el desarrollo de las colecciones científicas de anfibios y, directa o indirectamente, para la investigación y conservación de anfibios. Revitalizó la documentación de la diversidad zoológica de Ecuador, no solo con la formación de colecciones de muchos taxones y de muchas áreas del territorio ecuatoriano sino también con el conocimiento y la motivación que transmitió a varias generaciones de estudiantes de biología. La relación de Onore con la familia Tapia (los recolectores de anfibios más productivos de Ecuador, ver Figuras 2.30, 2.38) y su apoyo a Coloma fueron significativamente influyentes para el desarrollo del QCAZ hasta 2010, el Centro de Biodiversidad y Ambiente (CBA) en la PUCE, y más tarde para el inicio del CJ.
Las contribuciones científicas, académicas, conservacionistas y humanistas de Onore se proporcionan en una biografía detallada escrita por César E. Jácome (Jácome, 2008), y su vida ha sido descrita como ficción por algunos medios de divulgación.
Mientras estuvo en la PUCE, Onore hizo las mayores contribuciones a la entomología en Ecuador de cualquier investigador individual, que han sido resumidas por Barragán et al. (2009). Durante este período, Onore formó una colección de cerca de un millón de invertebrados en el QCAZ, especialmente insectos, de los cuales aproximadamente 100.000 fueron recolectados y preparados por él mismo. Hay varias publicaciones populares y de divulgación sobre Onore (e.g., Rodríguez, 2017; Paz Cardona, 2019). A partir de estas fuentes y comunicaciones personales, proporcionamos algunos aspectos generales de su vida y luego nos enfocamos en más detalle en sus actividades y logros en relación a los anfibios.
Onore nació en 1941 en Costigliole d’Asti, Italia. Su infancia transcurrió en una granja familiar donde especies como Bufotes viridis, Pelophylax lessonae, Rana temporaria, Hyla arborea, Triturus carnifex y Salamandra salamandra eran comunes en los bosques circundantes y despertaban gran interés en los niños “campesinos”. En el pueblo, había una fuerte tradición culinaria que incluía P. lessonae como ingrediente en las recetas. Onore relató sobre su infancia culinaria:
En el apuro simplemente se freían, pero las abuelas conocían innumerables recetas como: ranas con arroz, ranas estofadas, ranas a la parrilla, ranas al perejil y otras. No lejos de mi casa en el pueblo de La Motta cada año había una feria de ranas y los restaurantes preparaban para los comensales solo platos a base de ranas. Un vecino que había trabajado como peón en los arrozales de la ciudad de Vercelli, la capital de la rana, nos había enseñado un método increíble de captura de ranas. Usando un pedazo de media de nailon vieja de mi hermana mayor como cebo, lo usé para reemplazar el anzuelo en una caña de pescar. Al anochecer, las ranas eran capturadas “bailando” la caña entre las hierbas de los estanques. Las ranas, atraídas más por el movimiento del pedazo de media que por el cebo, agarraban la presa con los dientes maxilares, el pescador listo levantaba la caña con el anfibio al final del hilo, lo ponía en una canasta y continuaba con la siguiente rana ingenua. En la casa procedían a pelarlos rápidamente y ponerlos en la sartén mientras aún saltaban. El método era un poco cruel pero considerábamos a las ranas parte de la cadena alimenticia para los humanos.
En la escuela y luego durante su educación superior, sus maestros le enseñaron la biología de los anfibios y su importante papel ecológico, y desde entonces, en sus propias palabras, se “convirtió en un apóstol de las ranas”. Como profesor de ciencias naturales en Roma, Onore llevó a sus estudiantes a los pantanos cerca de la ciudad para observar anfibios. Entre sus recuerdos, relata un episodio particularmente inolvidable.
Un día tuve la suerte de encontrar una Bombina bombina, conocida por los anglosajones como el sapo de vientre de fuego europeo. Aproveché la oportunidad para recogerla con mis manos y mostrarle su curioso comportamiento que consistía en simular una muerte aparente poniendo su colorido vientre al aire. ¡Cuidado con este pequeño sapo—alerté a los estudiantes—tiene una secreción cutánea muy venenosa! Después de manipular el sapo con las manos lávense las manos y eviten el contacto con las mucosas! Terminé la frase con un gran estornudo. Me froté instintivamente la nariz y los ojos. Una terrible quemadura me obligó a cerrar los ojos y me acompañaron como un ciego a la casa donde el oftalmólogo me ayudó a recuperar la vista con abundantes lavados.
Tras la formación religiosa en la escuela secundaria, Onore sirvió un año de noviciado y se unió a la Sociedad de María, también llamada los Marianistas (latín: Societas Mariae), que es una congregación religiosa clerical de Derecho Pontificio para hombres (hermanos y sacerdotes) fundada para trabajo misionero y educativo. Asistió a la universidad e hizo estudios de ingeniería y doctorado en ciencias agronómicas con especialización en entomología en la Università degli Studi di Torino, graduándose en 1971. Enseñó biología en dos escuelas secundarias en Italia y fue profesor universitario de biología, fitopatología y entomología en África en la República del Congo en Brazzaville.
Durante su década de trabajo en el Congo, Onore fortaleció los sistemas de producción agrícola priorizando el trabajo en plagas de insectos. No obstante, también tuvo encuentros ocasionales con ranas, que afirma no eran tan abundantes como en Ecuador en número o especies. Onore recordó un encuentro de la siguiente manera (Figura 37):
Durante mis expediciones entomológicas en el pueblo de Mbé, famoso por haber sido la sede del Rey Makoko que había recibido al explorador Savorgnan de Brazzá y poblado por la tribu Batékés, los habitantes me ofrecieron un plato local que pretendía ser un “frito mixto” cuyos ingredientes eran el fruto de la pesca con un tamiz en un estanque: larvas de Odonata, larvas de Dytiscidae, larvas de Trichoptera, insectos no determinados y renacuajos que, antes de entregar el espíritu, agitaban desesperadamente sus colas. Confieso que nunca pude asociar los renacuajos a la especie correspondiente. Como comensal, solo puedo certificar que encontré el plato agradable, probablemente por el hambre causada por la larga caminata.
Onore llegó a Ecuador desde Italia en 1980 cuando tenía 39 años. A su llegada, ayudó a misioneros italianos en Latacunga, Provincia de Cotopaxi, donde aprendió español. Dada su pasión por los insectos (y anfibios), Ecuador develó un mundo lleno de posibilidades de investigación para él. Así, en 1981, comenzó a enseñar zoología de invertebrados en la PUCE, donde su afición por los insectos se expandió. Se impresionó por la abundancia de ranas en todos los ecosistemas ecuatorianos muy pronto, y comenzó a recolectar especímenes para construir un museo en la PUCE. Onore estaba ansioso por conocer sus nombres, su biología y ecología. Relata una charla anecdótica con una bióloga ecuatoriana:
En los primeros años de mi estadía en la escuela de biología de la PUCE, se me ocurrió comentarle a una renombrada colega sobre mi experiencia africana sobre la palatabilidad de los renacuajos. “Es imposible. ¡Todos los renacuajos son venenosos!” comentó ella. “Bueno, lo siento, todavía estoy vivo” fue mi respuesta.
La curiosidad y observación de detalles de Onore es destacable, al igual que sus habilidades didácticas, que hicieron que sus cursos fueran los más demandados por los estudiantes de biología. Nos contó otra anécdota de anfibios que ocurrió en una visita a una instalación de plantación de palma africana (Palmoriente) en la Provincia de Orellana:
Me fascinaron algunas ranas que astutamente se aferraban al techo del comedor y se acercaban acrobáticamente a los focos en busca de insectos. Cuando una mosca volaba en las inmediaciones de la rana, el anfibio saltaba para capturarla y, careciendo de fuerza, recurría a una curiosa estrategia: ¡liberaba de su cloaca un chorro de un líquido que servía como propulsor y finalmente agarraba la presa! Por otro lado, mi sopa se diluía con el propulsor. El espécimen del anfibio incriminado terminó en la colección del QCAZ y por lo que recuerdo pertenecía al género Osteocephalus.
Hasta 2022, Onore ha publicado extensamente: 63 publicaciones científicas, incluyendo tres libros, principalmente enfocados en insectos ecuatorianos, pero también coautoró dos artículos de investigación sobre anfibios (Aubér-Thomay et al., 1990; Rödder et al., 2011). Además, ha publicado 11 publicaciones de divulgación.
Al principio del período de Onore, la sección de vertebrados se mudó a nuevas instalaciones (en 1984) de approximadamente 50 m2, en un nuevo edificio, que fue utilizado principalmente por el Departamento de Ciencias Biológicas (DCB) (PUCE). Esta nueva infraestructura se construyó mientras Laura Arcos Terán (una genetista ecuatoriana, que se había formado en Alemania, quien contrató a Onore) era directora del DCB (Figura 38). Cuando Onore propuso crear el museo, había disponible un espacio de oficina, una sala de colecciones y estantes, pero no se asignó presupuesto para viajes de campo o para el mantenimiento de las colecciones. A pesar de esto, Onore comenzó a recolectar anfibios usando fondos personales y la asistencia de “campesinos”, colonos (e.g., la familia Tapia) y estudiantes (e.g., Coloma). Sus extensos viajes en la mayor parte de Ecuador tuvieron lugar los fines de semana, días festivos y períodos de vacaciones. En 1985, la PUCE comenzó a enviar especímenes al Muséum d’histoire naturelle de la Ville de Genève (MHNG) bajo un acuerdo de cooperación (con Volkert Mahnert como curador de herpetología) para recolectar anfibios y reptiles, lo que alivió ciertos costos de campo y ayudó a obtener materiales para el museo QCAZ. La mayoría de los especímenes fueron enviados e identificados en el MHNG (principalmente por el herpetólogo suizo Eugene Kramer), y luego algunos especímenes se devolvieron al QCAZ (que representaban especies identificadas en ese momento). Mientras Onore lideraba las actividades de la sección de vertebrados del QCAZ (1982–1991), varios estudiantes de biología ayudaron a organizar las colecciones de anfibios ya sea como asistentes de museo o voluntarios (e.g., Stella de la Torre, Felipe Campos Yánez, Ana María Velasco, Coloma). Coloma recolectó cerca de 2100 especímenes y los depositó en el QCAZ. En 1986 y 1987, Onore y su estudiante Coloma viajaron juntos en Ecuador y recolectaron anfibios.
Las colecciones de Onore durante la década de 1980 tienen un valor intangible, dado que se realizaron en un momento en que la deforestación era rampante y también ocurrían disminuciones catastróficas de anfibios en los Andes. La mayoría de los especímenes recolectados por Onore provienen de áreas entre San Francisco de las Pampas y Tandapi (en algunos casos etiquetadas como Santo Domingo de los Tsáchilas y alrededores), Provincia de Cotopaxi, en los bosques nublados del oeste de Ecuador, y de Coca, Provincia de Orellana, en las tierras bajas amazónicas. En la primera ubicación, la tala fue intensiva con fines de colonización, y la agricultura y la ganadería estaban reemplazando los bosques. Además, estos sitios de bosque nublado fueron golpeados duramente en la segunda mitad de la década de 1980 por las disminuciones inesperadas y drásticas en las poblaciones de ranas. Mientras tanto, en la región de Coca, las plantaciones de palma aceitera africana, la industria petrolera, la construcción de carreteras y la colonización estaban destruyendo los bosques primarios. Además, ocurrían los peores derrames de petróleo en la historia mundial en la región amazónica del norte de Ecuador. Los inventarios de Onore en la región andina durante la década de 1980 proporcionaron datos clave, utilizados posteriormente para documentar extinciones catastróficas de anfibios e hipótesis que explicarían sus causas. Algunos de los especímenes que recolectó pertenecen a especies consideradas actualmente posiblemente extintas. Sobra decir que, gracias a los especímenes de Onore depositados en museos (9504 en el MNHG, 2376 en el MCZ y 1238 en el QCAZ), se han nombrado numerosas nuevas especies y otras continúan siendo descritas.
En 1982, ocurrió un evento trascendente que ayudó a acelerar las colecciones de anfibios y los datos de biología asociados. Onore conoció a la familia “campesina” Tapia en una localidad remota, San Francisco de Las Pampas, y comenzó una relación cercana y duradera que ha resultado en enormes contribuciones de algunos de los miembros de esta familia (el padre César y especialmente cuatro de sus hijos, Mario, Elicio, Ítalo y Queti) a las colecciones de anfibios y la conservación de bosques. El encuentro de Onore y la vida de esta familia (padre, madre y nueve hijos) se detalla en un libro (Pollet, 2003) publicado por el CBA en la PUCE. Durante la década de 1980, Onore y miembros de la familia Tapia recolectaron muchos especímenes de San Francisco de las Pampas y localidades vecinas (la mayoría depositados actualmente en el MHNG).
Cuando Onore conoció a la familia, pronto se dio cuenta de que el padre y los niños tenían un talento único para la observación meticulosa de detalles en la naturaleza. Así, apoyó a la mayoría de ellos para cultivar estas habilidades, así como ayudando con su educación en escuelas en Quito y luego con estudios universitarios. En particular, Elicio completó (en 2003) estudios de licenciatura en ciencias ambientales y desarrollo, e Ítalo se graduó de la escuela secundaria y ha trabajado en el QCAZ como Gerente de Colecciones desde 2002. Ítalo y Elicio han acumulado miles de especímenes de anfibios (ver Figura 36). En un primer período, cuando eran niños, ambos junto con su hermano mayor Mario, su padre César y Onore recolectaron más de 13.000 especímenes en varias localidades de Ecuador; ahora están depositados en el MHNG y QCAZ (ver Figura 36, bajo Onore y Tapia). En la década de 2000, continuaron recolectando para el QCAZ durante más de una década, y posteriormente, Elicio continuó este trabajo en la década de 2010 cuando fue empleado por el Centro Jambatu de Investigación y Conservación de Anfibios (CJ). En este segundo período, Ítalo recolectó 10.492 especímenes, mientras que Elicio recolectó 7885 especímenes, todos alojados en el QCAZ, CJ y la Universidad Tecnológica Indoamérica. Ambos no solo han recolectado especímenes sino que también han reunido miles de tejidos, grabado cientos de cantos de ranas y compilado datos valiosos sobre historia natural, biología ex situ y manejo.
A partir de 1998, mientras estaba en la PUCE, Onore enfocó sus esfuerzos en la conservación in situ a través de una ONG que fundó, Fundación Otonga. Hasta ahora, ha asegurado ~1756 hectáreas de bosque y sus comunidades de anfibios en cuatro reservas: Reserva Integral Otonga (RIO) (1530 ha), Otongachi (66 ha), Otoyacu (~100 ha) y Otokiki (~60 ha). RIO es un bosque subtropical en las estribaciones y laderas occidentales de los Andes de Ecuador, en las proximidades de San Francisco de Las Pampas, Provincia de Cotopaxi. El cuidado de RIO fue confiado a sus co-fundadores, la familia Tapia (ver Figura 2.38). En la década de 1990, Onore, César Tapia y sus hijos comenzaron un programa de biorestauration de áreas deforestadas (cerca de 250 hectáreas han sido reforestadas) y, al mismo tiempo, han trabajado como guías para visitantes. La Reserva Otongachi protege bosques nublados en el pueblo de Unión del Toachi, y allí se construyó un centro de educación ambiental. En este centro, Italo, Elicio y Queti trabajaron activamente hasta hace poco. Las reservas Otoyacu (en las estribaciones amazónicas) y Otokiki (en las estribaciones del Chocó) fueron adquiridas con el apoyo de Coloma, y en estas reservas se han realizado algunos estudios de anfibios (Tarvin et al., 2014; Rabeling et al., 2016; Roland et al., 2017).
En 1995, Onore participó activamente y apoyó a Coloma en la creación y operación del Centro de Biodiversidad y Ambiente (CBA) con la idea de reunir todas las colecciones y el personal científico del museo del QCAZ, así como comenzar a producir publicaciones de divulgación—el CBA fue coordinado por Diego Lombeida, Gloria Correa Monge, Ruth Boada y Verónica Cano Molestina y sirvió como apoyo en la gestión de proyectos de zoología. Aunque este centro nunca tuvo un estatus formal dentro del DCB (PUCE), dada la oposición de sus autoridades administrativas a su creación, el CBA produjo entre 1996 y 2010 una serie de publicaciones científicas y de divulgación misceláneas (e.g., 17 libros, un documental en video, una serie de sellos, posters) que cubrían muchos taxones zoológicos (e.g., insectos, anfibios, lagartijas, aves y mamíferos), la mayoría de los cuales fueron editados por Onore y Coloma. Estas publicaciones incluyeron tres sobre anfibios, los libros de fotografía Ecuador Megadiverso (Coloma y Ron, 2001) y Sapos (Ron et al., 2009), y un video sobre anfibios ecuatorianos (Salazar y Pérez, 2004). Desde cerca del 2005 hasta 2010, el CBA también incluyó el programa de investigación y conservación ex situ de anfibios, Balsa de los Sapos, que fue liderado por Coloma (Zippel y Mendelson, 2008; Coloma et al., 2010a). Este programa tuvo el fuerte apoyo de Onore en la PUCE y, después de 2011, del Centro Jambatu (bajo el nombre Arca de los Sapos).
En la década de 2010, Onore dio la bienvenida al Centro Jambatu (liderado por Coloma) como parte de la Fundación Otonga, lo que continuó hasta 2019, cuando el CJ se convirtió en una ONG independiente de Otonga. En 2015–2016, Onore participó proactivamente en la búsqueda y redescubrimiento de la rana arlequín jambato Atelopus ignescens que ocurrió en 2016, una historia que dio la vuelta al planeta dado su significado para el mundo de la conservación de anfibios (Plitt, 2017) (ver Figura 2.38).
En reconocimiento a los logros de Onore, 92 especies de animales (89 invertebrados, 3 anfibios) y 5 géneros de invertebrados (4 de insectos, 1 de annelida) llevan su nombre; entre los anfibios están la rara cecilia Cthonerpeton onorei, la rana cutín Pristimantis onorei y la rana arlequín Atelopus onorei. Onore es uno de los científicos más honrados eponímicamente, quizás solo Darwin es honrado en más nombres científicos. Este reconocimiento es el resultado de sus intercambios progresivos de especímenes, identificaciones e información con taxónomos y museos importantes en todo el mundo. Onore ha sido galardonado con varios premios, incluido el Premio Gambrinus (otorgado anualmente a él de 1992 a 2007) por la conservación de bosques tropicales y L’Eroe Mai Cantato (Héroe Nunca Cantado) (2009) por conservación y educación. Dentro de Ecuador, recibió el Gran Collar “Luis Héctor Chislain de Carondelet y Barón de Carondelet” (2021), que es otorgado por el Alcalde de la ciudad de Quito para honrar a un ciudadano extranjero que promueve la ciencia en Ecuador.
Coloma expande la Fundación del QCAZ: Una mirada al individuo
Luis A. Coloma estuvo estrechamente vinculado al QCAZ, inicialmente como estudiante voluntario ayudando a Giovanni Onore durante viajes de campo de recolección, comenzando en 1982, y desde 1991 hasta 2010 como profesor asistente y luego profesor titular y jefe de la Sección de Vertebrados durante la década de 1990 y de la sección de herpetología durante la década de 2000. En el QCAZ, lideró dos décadas fructíferas de ciencia y educación, que resultaron en la construcción de la colección herpetológica ecuatoriana más grande, la mentoría de 23 estudiantes de licenciatura en biología (Tabla 2.5), la producción de publicaciones científicas y de divulgación, y la fundación de un programa de conservación de anfibios.
Duellman (2015) relata la carrera académica de Coloma mientras estuvo en la Universidad de Kansas (KU) (bajo “Sundry Systematics Studies on Anurans”), sus primeras actividades en Ecuador (bajo “Where Have All the Froggies Gone?”) y un esbozo biográfico (bajo “Kansas Herpetological Alumni”). Varios otros aspectos de su vida han sido publicados en publicaciones de divulgación (e.g., Duellman, 2009; Crump, 2024), y un compendio de ellos con información actualizada se proporciona aquí junto con una reseña biográfica.
Comenzando en 1981, Coloma estudió ciencias biológicas en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) para un grado de licenciatura que obtuvo en 1987. Durante ese período, fue estudiante de los zoólogos pioneros Gustavo Orcés Villagómez (1902–1999), Luis Albuja Viteri y Onore, y también asistió a cursos impartidos por Eugenia M. del Pino. Onore dio numerosos cursos de entomología que influyeron en los intereses de Coloma, y pronto se sintió cautivado por los insectos; así, hizo una tesis de investigación abordando la diversidad y bio-arquitectura de las abejas sin aguijón ecuatorianas (Meliponinae). Antes de inscribirse en la PUCE, Coloma estudió arquitectura en la Universidad Central del Ecuador durante cerca de dos años. Mientras estuvo en la PUCE, viajó extensamente por Ecuador, inicialmente con Almendáriz y luego con Onore en viajes de recolección y también estuvo involucrado en la conservación del Bosque Protector Cashca Totoras cerca de su ciudad natal (Figura 39).
Coloma siguió sus estudios de posgrado en KU de 1988 a 1997. Su tiempo allí se sintió como una travesía de descubrir un mundo completamente nuevo en la colección herpetológica más significativa de su tiempo. Sus mentores, William E. Duellman, Linda Trueb y John E. Simmons (Gerente de Colecciones) fueron figuras clave desde su llegada. John E. Simmons, el Gerente de Colecciones de KU (ver “John E. Simmons and Collection Management” en Duellman, 2015a), y su esposa, la ecuatoriana Ligia Galarza, fueron como su familia allí y pronto establecieron un fuerte vínculo emocional. Coloma trabajó como asistente curatorial de Simmons durante cerca de un año. Coloma aprendió mucho de él, y esa experiencia luego ayudó a Coloma a establecer dos museos en Ecuador, primero, el Museo QCAZ (entre 1991 y 2010), y actualmente, el Banco de Vida CJ (desde 2011).
En el momento de la llegada de Coloma a KU, la sistemática de anfibios estaba sufriendo una profunda revolución, desde la taxonomía fenética o numérica tradicional hasta la filogenética y desde el uso de caracteres morfológicos hasta enfoques moleculares. En KU, Darrel R. Frost, David C. Cannatella y David M. Hillis fueron los paladines de aplicar la filogenética a la sistemática de anfibios. Esta era también vio la disponibilidad de computadoras personales con software analítico facilitando aquella transformación. De hecho, parte de esta transición se reflejó en la tesis de maestría y disertación doctoral de Coloma, aunque no realizó análisis moleculares. Sin embargo, durante un viaje de campo en 1990 a Ecuador, y mientras estaba en KU, Coloma comenzó a recolectar tejidos de anfibios para estudios de aloenzimas y ADN (conjuntamente con los estudiantes de KU John J. Wiens y David A. Kizirian) siguiendo una tendencia iniciada por William E. Duellman en 1984. Esto marcó un paso significativo en la incorporación de enfoques moleculares en sus esfuerzos de investigación. Por ejemplo, en la descripción de Pristimantis simonbolivari (Wiens y Coloma, 1992), que fue la primera especie de rana en la que un ecuatoriano estuvo involucrado, John J. Wiens realizó los análisis moleculares.
Para su maestría, Coloma emprendió una revisión sistemática de las ranas no venenosas del entonces género dendrobátido Colostethus en Ecuador, una tarea que fue iniciada por Stephen R. Edwards pero que había permanecido inédita. Los estudios de Coloma se basaron principalmente en las grandes muestras en la colección de KU, así como en colecciones depositadas en otros museos de los Estados Unidos, Ecuador y Europa. Reconoció 31 especies, cinco de las cuales eran nuevas, proporcionó descripciones osteológicas detalladas basadas en especímenes tranparentados y teñidos de 17 especies, y proporcionó descripciones de cantos de seis especies. Estos últimos se hicieron usando una mezcla de tecnología antigua y vanguardista: se usó una antigua máquina de sonido vibralizer para imprimir audiospectrogramas y software nuevo para computadoras Mac (SoundEdit) para medir parámetros físicos. Esta fue la primera vez (al menos en KU) que se usó software de computadora para análisis acústicos de anfibios. Su publicación bien ilustrada (Coloma, 1995) proporcionó una base para estudios adicionales de este grupo de ranas en Ecuador y otros países. Antes de dejar Kansas, Coloma completó los requisitos de su doctorado excepto su disertación. Participó en discusiones con Duellman y Trueb sobre un estudio doctoral propuesto enfocado en la morfología y filogenia de Atelopus, que pretendía hacer mientras estaba en Ecuador, donde reunió una vasta cantidad de datos sobre la morfología y osteología de esas ranas. En 1991, él y Stefan Lötters (de Alemania) hicieron trabajo de campo en los Andes ecuatorianos y documentaron Atelopus muertos en la Provincia de Chimborazo (ver Figura 39). En 1994, Coloma realizó una larga visita al Instituto de Ciencias Naturales en Bogotá con el valioso apoyo del renombrado herpetólogo colombiano Pedro M. Ruiz Carranza (1932–1998). Carranza jugó un papel principal en los estudios de anfibios en Colombia de 1975 a 1998 y describió 81 especies de ranas de Colombia, ocho de las cuales se reportaron en Ecuador. Al regresar a Kansas, en agosto de 1996, Coloma pasó tiempo analizando datos y escribiendo su disertación, que defendió en diciembre de 1997. Coloma usó caracteres morfológicos discretos tradicionales (y agregó la novedad en ese momento de caracteres continuos y polimórficos) y realizó un análisis filogenético usando el software PAUP (Phylogenetic Analyses Using Parsimony). Coloma continuó su trabajo sobre la sistemática de Atelopus y publicó dos artículos principales en los que él y sus coautores describieron especies nuevas, posiblemente extintas (Coloma et al., 2007, 2010).
En 1991, cuando Coloma regresó a Ecuador después de completar su maestría en sistemática y ecología y mientras estaba inscrito como candidato a doctorado en KU, fue rápidamente incorporado a la PUCE a través de los arreglos de Giovanni Onore y la aprobación de Laura Arcos Terán (la directora del Departamento de Ciencias Biológicas). Esto estableció los inicios de un programa muy activo de investigación de Coloma que inicialmente, en 1991, fue sobre vertebrados y transicionó en el 2000 a enfocarse en herpetología, aunque durante casi dos décadas, las prioridades de Coloma fueron las colecciones de anfibios en el QCAZ así como el programa de conservación de anfibios. La transición fue posible porque en 2001, el mastozoólogo Santiago F. Burneo fue contratado para curar los mamíferos, aves y peces, y en 2009, Omar Torres-Carvajal (recién regresado de completar un doctorado en KU y una posición postdoctoral en el USNM) fue contratado para curar los reptiles en el QCAZ.
Coloma fue profesor y Curador de Vertebrados en la Escuela de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Estaba muy consciente de la disminución de las poblaciones de anuros andinos, especialmente las ranas del género Atelopus. Mientras estuvo en la PUCE, estableció La Balsa de Sapos, que se convirtió en un importante programa de cría para varias especies de ranas, muchas de las cuales estaban disminuyendo en sus hábitats naturales. Además del programa de cría, Coloma popularizó las ranas en Ecuador produciendo postales coloridas, posters, estampillas y atrayendo la atención de los medios. Su mayor producción fue una exposición de anfibios (Sapari) en el centro cultural de la PUCE en Quito en 2005. Estos eventos expandieron el reconocimiento de Coloma como líder en conservación en Ecuador. Después de renunciar a su puesto en la PUCE en diciembre de 2010, Coloma estableció el Centro Jambatu de Investigación y Conservación de Anfibios en 2011.
El equipo soñado en el QCAZ: Dos Décadas (1991–2010) de ciencia, conservación y concienciación pública
Entre 1991 y 2010, la sección de anfibios del Museo de Zoología de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (QCAZ) tuvo su mayor desarrollo, bajo la dirección de Luis A. Coloma. (Figuras 39, 40, 41, 42, 43). En la década de 1990, Coloma, junto con varios estudiantes de licenciatura en biología, continuó la iniciativa de Giovanni Onore aumentando el trabajo de campo, construyendo las colecciones del museo (incluyendo un banco de genoma) y realizando investigaciones taxonómicas asociadas. Coloma fomentó estudios del comportamiento de los anfibios en el laboratorio—que luego se combinaron con estudios in situ—e inició un vigoroso programa de conservación de anfibios. Todas estas actividades estuvieron estrechamente ligadas a la producción de publicaciones científicas y de divulgación. La cooperación con investigadores de otros museos, universidades e instituciones a nivel nacional e internacional fue muy importante para el rápido establecimiento del QCAZ como un centro para el conocimiento científico de los anfibios ecuatorianos. A Coloma se unieron entre 1998 y 2002 y desde 2007 hasta 2010 Santiago R. Ron y en la segunda década (2008–2010) Juan M. Guayasamin, quienes realizaron estudios de maestría y doctorado en universidades norteamericanas (ver Figura 41). A finales de 2010, Guayasamin renunció al QCAZ, tras la partida de Coloma.
En el curso de su investigación sobre anfibios ecuatorianos, Coloma, un grupo de estudiantes y colectores, y otros investigadores descubrieron muchas nuevas especies de ranas. Coloma dedicó mucho esfuerzo a apoyar estudios taxonómicos que incluían la recolección en el campo y la descripción de nuevas especies que fueron depositadas en el QCAZ y en otros centros de investigación. Los préstamos de especímenes se convirtieron en una tarea regular a pesar de lo probelmático de obtener permisos de exportación. Coloma, estudiantes e investigadores (especialmente Ron y Guayasamin en la década de 2000, y Ron et al. en la de 2010) fueron autores y coautores de las descripciones de docenas de anfibios ecuatorianos, basándose en especímenes del QCAZ. El crecimiento de la colección en el QCAZ tuvo varios picos de actividad (ver Figura 40), el más significativo comenzó en 2008 con el financiamiento proporcionado por el gobierno ecuatoriano para un proyecto para realizar inventarios y abordar la diversidad genética y morfológica de los anfibios ecuatorianos. Esta fue la primera vez que se asignaron fondos para colecciones e investigación sistemática y taxonómica en el QCAZ por una agencia gubernamental, la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (SENACYT).
El catálogo de la colección de anfibios del QCAZ comenzó en 1984. El primer espécimen catalogado fue la rana marsupial Gastrotheca guentheri (una especie ahora aparentemente extinta) colectado por Giovanni Onore y César Tapia. Este fue el comienzo de una saga de recolección en toda el Ecuador continental. Para finales de 2010, había 48,714 especímenes depositados en las colecciones del QCAZ. El espécimen más antiguo con datos de localidad (un Oophaga sylvatica) fue colectado el 10 de abril de 1976 en el Centro Científico Río Palenque.
Durante la década de 1990, las colecciones de anfibios continuaron creciendo, y la infraestructura física fue aumentada y reorganizada. Las colecciones realizadas por investigadores tanto ecuatorianos como extranjeros comenzaron a ser depositadas en su totalidad en el QCAZ, aunque en ese momento el requisito del gobierno ecuatoriano era que los proyectos extranjeros depositaran en un museo ecuatoriano solo un espécimen testigo de cada especie colectada. El QCAZ se apartó de esta regla general y alentó a los investigadores extranjeros a depositar todos los especímenes que colectaran, y los especímenes luego fueron enviados para estudios en el extranjero bajo la modalidad de préstamo o intercambio. Simultáneamente, algunos colectores que no trabajaban en la PUCE comenzaron a depositar sus especímenes en el QCAZ. Entre ellos destaca Morley Read, un herpetólogo británico residente en Ecuador, quien ha realizado inventarios y monitoreo a largo plazo de anfibios en el Parque Nacional Yasuní y quien participó en numerosos proyectos de anfibios y en la recolección de 1884 especímenes de anfibios (829 depositados en el QCAZ y 1055 en el CJ).
En 1990, comenzó una nueva era de producción científica en el QCAZ. Coloma y Onore coautoraron un artículo publicado en la Revue Française d’ Aquariologie que trataba sobre el mantenimiento y cría de la rana marsupial de desarrollo directo Gastrotheca plumbea (Aubér-Thomay et al., 1990). La primera autora fue la científica francesa Michèle Aubér-Thomay, amiga de Onore que había estado trabajando durante varios años con ranas marsupiales (ver también Capítulo 1, bajo el subtítulo “El Impulso del Sueño para Científicos y Amantes de las Ranas en Europa y EE. UU.”) en la Universidad Pierre et Marie Curie en París. A este artículo le siguieron, en la década de 1990, descripciones de nuevas especies (p. ej., Wiens y Coloma, 1992; Duellman y Coloma, 1993; Kaiser et al., 1994; Coloma, 1995), renacuajos (p. ej., Coloma y Lötters, 1996) y taxonomía (p. ej., Coloma et al., 2000).
En la década de 2000, las publicaciones de los miembros del QCAZ aumentaron gradualmente. Entre 2005 y 2009, produjeron alrededor de 10 publicaciones científicas por año en revistas revisadas por pares y ampliaron la cobertura de temas de anfibios para incluir investigación sobre etología, ecología y biología de la conservación. Entre 1991 y 2010, Coloma tutoró a 23 estudiantes de tesis de licenciatura que estudiaron anfibios (Tabla 2.5) y tres que estudiaron reptiles. De las 23 tesis, 10 han sido publicadas total o parcialmente, mientras que 13 permanecen inéditas. Es notable que estas tesis cubrieron diversos temas, incluyendo osteología, comportamiento, acústica, monitoreo, historia natural, evolución y biología reproductiva; solo dos se enfocaron en taxonomía. Una de estas tesis, de Mónica I. Paéz-Vacas (ver su biografía académica bajo el título “La diversidad y vidas académicas de los biólogos de anfibios actuales”), y una publicación posterior (Páez-Vacas et al., 2010) estuvieron entre los primeros trabajos en utilizar enfoques integrativos en taxonomía en Ecuador.
2001: Un banco de genoma y el retorno de los cerebros
Los museos y laboratorios de herpetología fueron dirigidos entre 2001 y 2008 por Coloma (ver Figuras 41, 42, 43). Entre 2001 y 2008, la Sección de Vertebrados se dividió en las subsecciones de ictiología, herpetología, ornitología y mastozoología. Durante la década de 2000, se consolidaron los laboratorios y museos de las secciones de herpetología. Progresivamente, creció el número de proyectos así como las colecciones, el espacio físico (~700 m2), el equipamiento y el personal. En 2003, Néstor Acosta-Buenaño (licenciado en ciencias biológicas y máster en administración de empresas en la PUCE) se encargó de la bioinformática, administración de bases de datos y otras tareas administrativas para la sección de herpetología. A partir de 2004, Diego Almeida Reinoso (doctor en la Universidad Central de Ecuador) colaboró como cuidador de anfibios y se enfocó en el manejo ex situ de anfibios en peligro de extinción. Durante este período, Martín R. Bustamante (2000–2008) y Andrés Merino-Viteri (2000–2006) también colaboraron en varios proyectos en la sección de herpetología, llevando a cabo investigación sobre declives de anfibios.
Para la conservación de recursos genéticos, en 2001, el QCAZ comenzó a fortalecer su banco de genoma de anfibios. Este reservorio de material genético es actualmente uno de los bancos más grandes de recursos genómicos en América del Sur y el más grande en Ecuador (40,548 muestras de tejido al 30 de julio de 2023, https://bioweb.bio/portal/). Esto fue posible principalmente a través de un proyecto apoyado por la Unidad de Cooperación y Desarrollo de Personas, una ONG italiana que obtuvo fondos de la Unión Europea. Esta ayuda apoyó la adquisición de una ultracongeladora y el almacenamiento de tejidos colectados durante un proyecto titulado “Inventario y banco de genoma de anfibios de la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno”. Las colecciones resultantes fueron fundamentales para el lanzamiento del banco de genoma, que fue llevado a cabo con entusiasmo por varios asistentes de investigación del QCAZ, entre ellos Martín R. Bustamante, Néstor Acosta-Buenaño y Pablo A. Menéndez-Guerrero, quienes hicieron recolección de campo y extrajeron tejidos.
En 2008, el proyecto SENACYT estableció un laboratorio molecular, que fue encabezado por Elisa Bonaccorso y Juan M. Guayasamin, ambos recién graduados de la Universidad de Kansas, donde se especializaron en trabajo molecular enfocado en sistemática y biología evolutiva.
Para fines de la década de 1990, el panorama de progreso en la investigación de anfibios ecuatorianos se vio empañado por las extinciones catastróficas de anfibios que habían estado ocurriendo desde mediados de la década de 1980 en los Andes de Ecuador. Las estrategias de conservación tradicionales (p. ej., conservación de hábitat) no fueron suficientes para lidiar con nuevas amenazas como el cambio climático global y patógenos letales. Así, Coloma apuntó, como una de sus prioridades de investigación, a entender las causas de las extinciones de anfibios y comprender la magnitud de estas pérdidas para la fauna de anfibios de Ecuador. Esto tuvo el apoyo entusiasta de Martín R. Bustamante y Andrés Merino-Viteri (ver Figura 42), quienes fueron tutorados por Coloma y Ron para sus tesis de licenciatura. Merino-Viteri inicialmente comenzó estudiando la historia natural de la rana de lluvia cuico, Pristimantis unistrigatus, pero rápidamente se enfocó en el desafío de descubrir las causas de las disminuciones repentinas (ver más sobre él más adelante, bajo el título “Cambio de guardia, Ron y el QCAZ desde la década de 2010”). Además, la información generada en el QCAZ sirvió para preparar la primera Lista Roja de anfibios de Ecuador y actualizaciones posteriores a la Evaluación Global de Anfibios, comenzando en 2004 cuando Coloma, Ron y Pablo A. Menéndez-Guerrero prepararon las bases de datos utilizadas para los anfibios ecuatorianos.
Bustamante estuvo involucrado con el QCAZ en varios proyectos cuando era estudiante de biología y luego como investigador asociado entre 2000 y 2008. Sus contribuciones a las colecciones y la investigación fueron fundamentales. En 2003–2008, publicó 10 artículos científicos y 7 publicaciones de divulgación. Fue un colector prolífico y participó en la recolección de 3924 especímenes de anfibios, muchos de los cuales resultaron en especies nuevas para la ciencia, y uno de ellos, Pristimantis gagliardoi, fue descrito por él y Joseph Mendelson (Bustamante y Mendelson III 2008). El nombre honró a Ron G. Gagliardo (ver Figura 2.42), un paladín defensor del programa ex situ de anfibios del QCAZ (p. ej., Gagliardo, 2011). Bustamante se involucró profundamente en el trabajo de campo y el monitoreo de poblaciones de anfibios en conexión con los temas de extinción y declive de anfibios (Ron et al., 2003; Funk et al., 2003). Su experiencia en monitoreo fue dirigida y fuertemente influenciada por W. Chris Funk, quien inició estudios de monitoreo de anfibios en Ecuador en 2000. En 2005, Bustamante fue el autor principal de un artículo seminal (Bustamante et al., 2005a) que demostró cuantitativamente que los declives y desapariciones de ranas eran reales. De 2000 a 2003, su monitoreo de la ocurrencia y abundancia de anfibios en siete sitios históricos en Ecuador demostró que alrededor del 50% de las especies faltaban (encontró solo 30 especies de 62 que ocurrían en tiempos históricos), y reveló una tendencia general de declive en la abundancia relativa (Bustamante, 2002; Bustamante et al., 2005a). Estos hallazgos fueron sorprendentes, ya que los esfuerzos de búsqueda durante sus muestreos fueron más extensos que aquellos en períodos históricos anteriores. Los esfuerzos de campo y los datos de Bustamante fueron cruciales en un momento en que parte de la comunidad científica aún era escéptica sobre la realidad de los declives catastróficos, argumentando que algunos de estos declives podían explicarse como parte de las fluctuaciones naturales de las poblaciones. Sus publicaciones se sumaron a otras investigaciones y artículos de autores del QCAZ (p. ej., Ron y Merino-Viteri, 2000; Merino-Viteri, 2001; Merino-Viteri et al., 2005) que apoyaron la sospecha de que el cambio climático estaba involucrado como una causa proximal de los declives. En ese momento, el norteamericano J. Alan Pounds, científico residente en la Reserva del Bosque Nuboso de Monteverde del Centro de Ciencia Tropical en Costa Rica, había estado reuniendo datos y haciendo análisis de su trabajo con declives de anfibios. En una reunión del grupo RANA (Rescate de Anfibios en América Latina) a la que asistieron Bustamante y Andrés Merino-Viteri en Panamá en 2004, Pounds los invitó, así como a otros miembros del grupo QCAZ ecuatoriano y colegas de otras partes del mundo, a unirse como coautores de su artículo planeado sobre anfibios y calentamiento global. De hecho, Pounds, Bustamante, Coloma, et al. (13 coautores fueron ordenados en orden alfabético) publicaron, en la revista Nature (Pounds et al., 2006), por mucho el artículo sobre anfibios más influyente y más citado en el que han participado coautores ecuatorianos (2376 citas hasta el 12 de diciembre de 2022). Este artículo, titulado “Extinciones generalizadas de anfibios por una enfermedad epidémica promovida por el calentamiento global”, ayudó enormemente a la comprensión de los declives de anfibios y después de casi dos décadas continúa siendo ampliamente leído y citado. Este artículo no estuvo libre de controversia y desencadenó una respuesta en otras publicaciones de revistas de alto impacto (p. ej., Pounds et al., 2007), desacuerdos (p. ej., Lips et al., 2008), una réplica (p. ej., Pounds y Coloma, 2008) y discusiones (p. ej., Alford et al., 2007). Pounds et al. (2007) argumentaron que el hongo quítrido no era un asesino solitario y que el cambio climático, junto con patógenos y varias otras formas de deterioro ambiental, eran factores clave, mientras que Lips et al. (2008) abrazaron el paradigma de que el hongo quítrido era el principal culpable. Esta discusión aún continúa (p. ej., Scheele et al., 2019; Cohen et al., 2019).
Bustamante no solo contribuyó académicamente sino también a un ambiente relajado y lleno de diversión en la sección de anfibios, sazonado con fútbol y fotografía (que eran sus principales pasatiempos). Bustamante usó la fotografía de la naturaleza como un medio para educar al público y aumentar la conciencia pública sobre la naturaleza, y participó con entusiasmo en la publicación de al menos dos libros de fotografía de mesa que incluyen anfibios (Bustamante y Cárdenas, 2007; Ron et al., 2009). Para el primer libro, en 2008, Bustamante ganó el premio Enrique Garcés, otorgado por el Distrito Metropolitano de Quito. A principios de la década de 2000, Bustamante había estado preocupado por la pobre conexión de la universidad (PUCE) y el museo QCAZ con la sociedad, y alentó a Coloma a tomar el liderazgo en la tarea. Coincidentemente, en 2000, un nuevo rector asumió el cargo en la PUCE, José Ribadeneira Espinosa S. J., y una de sus prioridades era fortalecer la conexión público-universidad; para ese propósito, le pidió a Coloma que diera a conocer al público el trabajo en el QCAZ. En respuesta, Coloma, Bustamante y Merino Viteri lideraron al QCAZ para producir una exposición temporal de anfibios a gran escala realizada en el centro cultural de la PUCE en Quito en 2005. Las exhibiciones fueron en respuesta a la urgente necesidad de educar y aumentar la conciencia pública sobre la crisis global de anfibios. Así, el QCAZ realizó la exposición de anfibios vivos más grande del mundo en ese momento, “Sapari: Aventúrate en un Mundo de Saposs”. Sapari es un acrónimo de las palabras sapo y safari. Este evento, sin precedentes en Ecuador, fue atendido por 105,000 personas durante tres meses (ver Figura 42).
En 2007, con la misión de mejorar el acceso libre al conocimiento a través de la enciclopedia electrónica de anfibios ecuatorianos, Bustamante viajó al extranjero y fotografió muchos especímenes tipo de anfibios ecuatorianos depositados en tres museos en Estados Unidos, Inglaterra y España (KU, BMNH, MNCM). Estas fotografías están actualmente en línea en el sitio Bioweb del QCAZ. Bustamante es ahora el Director del Zoológico de Quito, donde lidera esfuerzos para educar al público sobre la rana marsupial Gastrotheca riobambae, una especie que fue nombrada en 2012 como especie emblemática de la fauna de la ciudad de Quito.
La Balsa de los Sapos en QCAZ
Las raíces del programa de investigación y conservación ex situ en el QCAZ comenzaron con el interés de Coloma en los aspectos de comportamiento de los Dendrobatidae que lo llevaron a iniciar estudios etológicos bajo condiciones de laboratorio cuando llegó a la PUCE. El comportamiento de los dendrobátidos fue un proyecto secundario que asumió además de su disertación de doctorado sobre Atelopus. Así, en 1992, tutoró a Gloria Correa Monge, una estudiante de licenciatura que realizó estudios sobre Epipedobates machalilla e Hyloxalus awa. Correa Monge describió por primera vez muchas características de ambas especies, incluyendo vocalizaciones, basándose en ranas mantenidas en laboratorio (Correa Monge, 1995). Mientras trabajaba en su tesis, se interesó en la conservación ex situ de las ranas después de conversaciones con Coloma, quien estaba profundamente preocupado por los problemas de extinción de anfibios y quien había intentado mantener una colonia ex situ de Telmatobius niger desde 1991 sin éxito—actualmente esta especie, que fue descrita en 1920 por Barbour y Noble, probablemente está extinta. Así, Correa Monge comenzó en 1994 con el mantenimiento de una pequeña colonia de Atelopus balios que colectó con Martha L. Crump. Crump había sido testigo de primera mano de la extinción de ranas en Costa Rica (Pounds y Crump, 1994; Crump, 2000). Correa Monge comenzó a desarrollar protocolos para el mantenimiento de terrarios y cultivos de insectos. La siguieron tres estudiantes de licenciatura de Coloma, quienes también estudiaban el comportamiento de dendrobátidos, María Alexandra Quiguango-Ubillús, quien en 1995–1996 estudió el comportamiento de H. toachi en terrarios (Quiguango-Ubillús y Coloma, 2008); Néstor Acosta-Buenaño, quien estudió las vocalizaciones de nueve especies de dendrobátidos grabadas en el laboratorio y en el campo durante 1995–1996 (Acosta-Buenaño, 2002); y Patricia Castillo-Trenn, quien realizó estudios de laboratorio y campo en 2000–2003 sobre Allobates kingsburyi (Castillo-Trenn y Coloma, 2008). En 2000, Ítalo G. Tapia se convirtió en parte del personal permanente del laboratorio de herpetología y se encargó de la administración de la colección herpetológica (especímenes de museo y anfibios vivos); al mismo tiempo comenzó a colectar anfibios y reptiles (ver también “Onore, un Entomólogo en las Raíces de la Investigación y Conservación de Anfibios”). Para alimentar a los especímenes de anfibios vivos, Tapia crió insectos en grandes cantidades, especialmente grillos. Adoptó aspectos de las técnicas de cría de grillos de todo el mundo pero las refinó para la cría y reproducción de un grillo nativo, Acheta sp. (complejo assimilis), usando fundadores inicialmente colectados en el Valle de los Chillos. Tapia fue responsable (entre 2000 y 2010) del cuidado, mantenimiento y cría de muchos renacuajos utilizados en las imágenes que documentan su ontogenia, así como de ayudar meticulosamente a Coloma en el estudio de fotografía para documentar todas las ranas vivas que llegaban al QCAZ. De 2004 a 2010, Diego Almeida Reinoso, un biólogo de la Universidad Central del Ecuador, fue contratado como Cuidador de Anfibios, y en 2006, su hermano, Freddy Almedia Reinoso, comenzó a manejar las colonias de insectos.
Después de esos primeros pasos, el programa evolucionado de conservación ex situ de anfibios se consolidó en 2005 después de que quedó claro que la crisis de anfibios requería nuevas estrategias de conservación y acciones más amplias, coordinadas, rápidas y efectivas para prevenir la mayor pérdida de biodiversidad de anfibios. Ese año, paralelo a la Cumbre Mundial de Anfibios celebrada en Washington, se elaboró el plan estratégico para la investigación y conservación de anfibios en Ecuador (Balsa de los Sapos), liderado por Coloma y conceptualizado, gestionado y coordinado con el apoyo de Verónica Cano Molestina (una bióloga de la PUCE) y Miguel A. Rodríguez (un pedagogo de la PUCE especializado en biología). Coloma et al. (2010) describen el plan de 2005 y sus mayores logros hasta 2010. El QCAZ se embarcó en un proyecto ambicioso y proactivo, rompiendo con el enfoque reactivo tradicional. Visualizó un arca de Noé moderna, con científicos, conservacionistas, el público y las ranas todos a bordo, destinada a mitigar y prevenir la pérdida acelerada de ranas y sapos.
Impulsado por el idealismo, y aprovechando el conocimiento y la experiencia acumulados durante tres décadas por el laboratorio de herpetología del QCAZ, Coloma et al. desarrollaron un plan estratégico para la investigación y conservación de los anfibios ecuatorianos. Este plan y proyecto fueron referidos como la “Balsa de los Sapos” —un nombre local ecuatoriano que emulaba el arca de Noé.
El plan estratégico fue diseñado para catalizar los esfuerzos de conservación para anfibios amenazados en Ecuador. Seis programas (con numerosos proyectos) guiaron esta ambiciosa empresa: 1) investigación y monitoreo de anfibios nativos; 2) fortalecimiento de capacidades locales; 3) manejo y conservación ex situ de especies en riesgo; 4) conservación in situ; 5) educación pública; y 6) bioinformática y compartir de información.
Como parte de los seis programas del plan, en 2006, se estableció la infraestructura para el primer Centro de Investigación y Conservación de Anfibios en Peligro de Extinción en América del Sur (CICA) en la PUCE, con el apoyo del Zoológico de Saint Louis de EE. UU. y Amphibian Ark (AARK)—una asociación entre la Asociación Mundial de Zoológicos y Acuarios, el Grupo de Especialistas en Cría para la Conservación de la UICN/CSE y el Grupo de Especialistas en Anfibios de la UICN/CSE. AARK fue coordinado por Joseph Mendelson III, Kevin Zippel y Ron Gagliardo, todos los cuales proporcionaron un apoyo significativo al programa ex situ de Coloma (Zippel y Mendelson, 2008; Gagliardo, 2011). Actualmente, la PUCE aún mantiene este centro para el manejo ex situ de anfibios en riesgo de extinción, ahora dirigido por Andrés Merino-Viteri.
De Anfibios de Ecuador a AmphibiaWebEcuador y a Anfibios del Ecuador en QCAZ
La historia de la enciclopedia en línea de Anfibios de Ecuador fue brevemente relatada por Coloma en Renjifo (1999) y luego por Ron (ver “Agradecimientos” en Ron et al. 2022). En la década de 1990, los avances tecnológicos de internet y la popularidad de la web llevaron a un auge en la diseminación de información a través de páginas web. En ese momento, Néstor Acosta-Buenaño tenía conocimiento de los avances tecnológicos y era muy consciente de la importancia de estas tecnologías para la divulgación pública y la educación científica. Acosta-Buenaño era un estudiante de biología dirigido por Coloma que trabajó en cantos de dendrobátidos para su tesis de licenciatura. A fines de la década de 1990, propuso mostrar una actualización dinámica de la lista de los anfibios ecuatorianos (Coloma, 1991), así como la lista de reptiles y otra información zoológica del QCAZ, en el sitio web de la PUCE. No hace falta decir que su propuesta fue más que bienvenida, ya que abarcaba la importancia de tener listas de alta calidad y actualizadas y de proporcionar información sobre cada especie. Así, la versión electrónica de Anfibios de Ecuador se originó como una actualización tecnológica de la publicación antes mencionada. La versión impresa de la lista de anfibios ecuatorianos de Coloma fue el resultado de una revisión de la literatura relacionada con la descripción y distribución de cada una de las 375 especies de anfibios ecuatorianos conocidas hasta 1990. El trabajo de investigación y compilación bibliográfica fue realizado por Coloma mientras era estudiante en KU en la biblioteca de la División de Herpetología del Museo de Historia Natural de la Universidad de Kansas. Esta compilación se basó en los trabajos previos de Miyata (1982) y Frost (1985). Darrel R. Frost y Duellman revisaron los contenidos del manuscrito antes de que fuera publicado en Ecuador por la ONG ambiental Ecociencia (Fundación Ecuatoriana de Estudios Ecológicos), encabezada por Danilo Silva Chiriboga, quien reconoció la importancia de la información taxonómica básica y confiable para la biología de la conservación.
De 2000 a 2010, Coloma y Acosta-Buenaño estuvieron muy comprometidos trabajando en las enciclopedias en línea sobre anfibios ecuatorianos que fueron concebidas como parte del Catálogo en línea de la Fauna Ecuatoriana (Renjifo, 1999). Coloma escribió y editó sus contenidos, mientras que Acosta-Buenaño desarrolló, programó y diseñó las tres capas de la arquitectura del sitio web (bases de datos, administrativa y de presentación). A medida que evolucionaban los aspectos de contenido e informática de la enciclopedia de anfibios ecuatorianos, varios investigadores y asistentes colaboraron (su aporte fue mencionado en la sección de agradecimientos de cada versión). Entre 2000 y 2010, se produjeron tres versiones de la enciclopedia. La Versión 1 (Coloma y Quiguango-Ubillús, 2000) fue una actualización de la lista impresa de anfibios de Ecuador de Coloma (1991). En 2005 la lista contenía alrededor de 440 especies conocidas y su distribución en regiones altitudinales, listas de diversidad y endemismo geográfico por familia, una lista de especies endémicas y gráficos de porcentajes de especies (según la altitud) en regiones naturales y porcentaje de especies endémicas (en ecorregiones definidas por el WWF) en regiones naturales. La Versión 2 apareció entre 2005 y 2010 (Coloma, 2005) a medida que se desarrollaba el modelo conceptual y físico de la base de datos del QCAZ y la enciclopedia. La enciclopedia añadió fichas de especies de Bufonidae, Dendrobatidae y Hemiphractidae, más referencias bibliográficas para cada descripción de especie y otras referencias científicas y de divulgación, así como fotografías de la mayoría de los anfibios ecuatorianos y mapas de distribución. Coloma y Pablo A. Menéndez-Guerrero contribuyeron con esfuerzos significativos en la producción de los mapas de distribución y modelos predictivos, con el apoyo de Ron (quien en ese momento estudiaba en la Universidad de Texas). Alexandra Quiguango-Ubillús y Cristina Félix-Novoa ayudaron a organizar la información en las bases de datos, las bibliografías y las compilaciones de fotos para los resúmenes de 75 especies de Bufonidae y Dendrobatidae. Acosta-Buenaño fue responsable de gestionar la columna vertebral taxonómica de la base de datos. La Versión 3 fue planeada en 2008 y comenzó a aparecer en 2010, con el avance importante de que las páginas de Anfibios del Ecuador ya no eran estáticas; se incorporó un sitio web dinámico con contenido interrelacionado y asociado con las bases de datos.
Entre 2003 y 2006, las donaciones del gobierno ecuatoriano a través de impuestos a la renta realizados por individuos y empresas privadas apoyaron la Iniciativa Balsa de los Sapos del QCAZ que incluía el desarrollo de la Enciclopedia de Anfibios de Ecuador. Verónica Cano Molestina y Miguel A. Rodríguez trabajaron arduamente para gestionar estos fondos fiscales y coordinar la iniciativa. Desde 2009, la tercera versión de la enciclopedia ha tenido el apoyo financiero de dos fuentes importantes, la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología de Ecuador (SENACYT), que financió un componente informático como parte del proyecto titulado “Inventario y caracterización genética y morfológica de la diversidad de anfibios, reptiles y aves de los Andes ecuatorianos”, y la JRS Biodiversity Foundation, que financió el proyecto “Desarrollando un sistema de información de biodiversidad para Ecuador: Integrando experiencia taxonómica, bioinformática y acceso abierto”. Estos proyectos fueron dirigidos plenamente por Elisa Bonaccorso (JRS) y Juan M. Guayasamin (SENACYT), respectivamente. Participaron con energía y eficiencia ilimitadas en su conceptualización, desarrollo, adquisición de fondos, dirección y coordinación. Verónica Cano Molestina y Miguel Angel Rodríguez también ayudaron con el desarrollo del proyecto SENACYT y María D. Guarderas con tareas administrativas. En 2008, se incorporaron asistentes de ingreso de datos, expertos en informática y asistentes de investigación con la producción de la enciclopedia electrónica, para entonces llamada AmphibiaWebEcuador (y parte de FaunaWebEcuador), y contribuyeron al contenido publicado a partir de 2010 en adelante. Cristina Félix-Novoa asistió a Coloma (en 2007–2008) tomando fotografías, organizando bases de datos fotográficas, realizando compilación bibliográfica y digitalizando información para resúmenes de la mayoría de las especies. Caty Frenkel ayudó a Coloma y Guayasamin (en 2009–2010) a completar información sobre fichas de especies de Bufonidae, Dendrobatidae, Centrolenidae, Ceratophryidae, Craugastoridae, Dendrobatidae, Hemiphractidae, Microhylidae, Ranidae, Caudata y Gymnophiona. También editó imágenes de rayos X y otras figuras y compiló biografías de autores de varias descripciones de anfibios. De enero a noviembre de 2010, Morley Read trabajó en las fichas de Hylidae. Pablo A. Menéndez-Guerrero participó con gran eficiencia en la elaboración de mapas, primero durante 2002–2003 elaborando los mapas de distribución para la “evaluación global de anfibios” y desde 2007–2008 en la preparación de la distribución predictiva de especies endémicas en el marco del proyecto, “Identificación de prioridades para la conservación de anfibios ecuatorianos mediante el uso de sistemas de información geográfica”. En 2010, Belén Baus actualizó los mapas de distribución actuales y predictivos de la mayoría de las especies. Ítalo G. Tapia, quien trabajó como Gerente de Colecciones del QCAZ (2000–2011), aportó creatividad, energía y dedicación a la organización de las colecciones y sus datos, tomando fotografías, y especialmente proporcionando documentación fotográfica de la variación ontogenética en numerosas especies (ver Figura 43). A partir de 2008, Elicio E. Tapia y Sofía Carvajal-Endara ayudaron con la recolección de especímenes, actividades en el estudio de fotografía y con varias tareas misceláneas. Diego Almeida Reinoso trabajó de 2004 a 2010 en el cuidado, mantenimiento y cría de muchos renacuajos utilizados para las imágenes que documentan su ontogenia. Sin su dedicación al meticuloso trabajo de criar los renacuajos y ranas, muchas de las fotografías no se habrían tomado. Matilde Moreano organizó y editó las imágenes entre enero y octubre de 2009, y luego Paulina Santiana se hizo cargo a fines de 2009 hasta 2014. Damián Nicolalde y Denisse Estévez ayudaron con la administración de los servidores y algunos aspectos de programación. En 2011, y después de la partida de la PUCE de los actores principales de la enciclopedia (Coloma, Acosta-Buenaño, Bonaccorso y Guayasamin), la enciclopedia (AmphibiaWebEcuador hasta 2019) continuó incorporando el trabajo realizado hasta 2010 y añadiendo nuevos datos. En 2011, Ron comenzó a editar la enciclopedia. En la actualidad, la enciclopedia se llama Anfibios del Ecuador y es parte de Bioweb (https://bioweb.bio/). Se publicaron seis versiones entre 2011 y 2019 (Ron et al., 2011, 2013b, 2013c, 2014a, 2014b, 2019). Otros colaboradores se indican en la sección de agradecimientos de la versión actual (Ron et al., 2022). Actualmente, la enciclopedia tiene acceso en tiempo real a información sobre los ~75,000 especímenes en la colección de anfibios del QCAZ, una galería de imágenes con más de 200,000 fotografías de anfibios, una base de datos de llamados que da acceso a grabaciones de más de 220 especies, y páginas compatibles con dispositivos móviles.
Cambio de guardia: Ron y el QCAZ desde la década de 2010
Después de la partida de Coloma de la PUCE en diciembre de 2010, Santiago R. Ron (Figura 44) tomó el liderazgo del QCAZ, y en 2011, Andrés Merino-Viteri (ver Figura 44) se convirtió en el Director del programa ex situ Balsa de los Sapos.
Ron se unió a la sección de herpetología del QCAZ en 1998 después de terminar sus estudios de maestría en KU y luego se fue en 2002 para estudios de posgrado y regresó en 2007. Ron es parte del linaje académico de Duellman (Adler, 2012), habiendo completado estudios de posgrado en la Universidad de Kansas y la Universidad de Texas, y fue tutorado por Duellman, Trueb y Cannatella. La carrera académica de Ron fue brevemente relatada por Duellman (2015) (bajo “More Frogs, Salamanders and Even Caecilians”), quien también proporcionó una semblanza biográfica (bajo “Kansas Herpetological Alumni”). Varios otros aspectos de la vida de Ron han sido descritos en publicaciones de divulgación (p. ej., Molineros, 2016, Balarezo, 2023), y extractos de ellos e información adicional se proporcionan aquí, junto con una biografía académica.
Ron se fascinó con las ranas en su infancia cuando una rana marsupial llamó su atención en Quito. Describió su inclinación al estudio de los anfibios en un artículo popular de la siguiente manera:
“Yo era un niño totalmente citadino y recuerdo bien la primera vez que encontré una ranita en Quito. Era el cutín de Quito y me pareció el animalito más increíble de este mundo”. De hecho, el cutín de Quito es una especie común en los jardines de la ciudad y sus alrededores, en donde se la escucha cantar durante el día y la noche, sobre todo, cuando hay lluvia. “Si alguna persona se topa con esta ranita, lo más probable es que le parezca fea, pero para mí es linda”. Nunca dudó en ingresar a la carrera de Biología y mientras cursaba el primer semestre confirmó que su vocación era el estudio de las ranas. (Molineros, 2016)
Durante su tiempo en el QCAZ entre 1998 y 2002, Ron desarrolló un agudo interés en la sistemática de las ranas Osteocephalus. En ese momento, estas ranas planteaban desafíos significativos en términos de identificación precisa. Se encontraban en abundancia en varios sitios de trabajo de campo, particularmente en el Parque Nacional Yasuní, y por supuesto había muchos problemas taxonómicos sin resolver y también especies crípticas esperando descripciones. Ron completó su primera descripción de una nueva especie de anfibio (Ron y Pramuk, 1999) y un año después describió un par de nuevas especies de Jatun Sacha conjuntamente con el alemán Karl Heinz Jungfer (Jungfer et al., 2000) (ver más sobre él bajo “The German big bang of poison dart frogs in Europe”). Esto fue seguido por análisis filogenéticos detallados y revisiones taxonómicas con la descripción de otras tres especies de Osteocephalus en 2012 y 2020 (Ron et al., 2012; Chasiluisa et al., 2020).
Durante sus estudios de posgrado en la Universidad de Texas, Ron se interesó en la sistemática y selección sexual de las ranas de nido de espuma del género Engystomops bajo la tutoría de David C. Cannatella. Su pasión por estas ranas y la investigación le llevó a realizar varias publicaciones (Ron et al., 2004, 2005, 2006, 2014c). La investigación de Engystomops también marcó el comienzo de describir especies crípticas utilizando las topologías de filogenias moleculares para su descubrimiento. Durante la última década, la incorporación de esto último se ha vuelto casi obligatoria en las publicaciones sistemáticas del QCAZ autoradas por Ron y sus estudiantes de licenciatura (p. ej., Ron et al., 2012, 2013a, 2015, 2016, 2018a, 2018b, 2020, 2022; Caminer y Ron, 2014, 2020; dos Santos et al., 2015; Caminer et al., 2017; Rivadeneira et al., 2018; Páez y Ron, 2019; Chasiluisa et al., 2020; Zumel et al., 2021; Ortega et al., 2022). Entre los estudiantes más destacados de Ron, Marcel Adrián Caminer Rodríguez, Nadia B. Páez, Jhael Ortega y María José Navarrete no solo prepararon varios estudios taxonómicos relevantes y descripciones de nuevas especies sino que continuaron profesionalmente, involucrados ya sea en estudios de posgrado en el extranjero (Caminer, Páez, Navarrete) o continuaron involucrados con el QCAZ (Ortega). Así, la década de 2010 fue muy productiva en la descripción de especies nuevas para la ciencia. Ron participó en la descripción de al menos 59 especies entre 2011 y 2022 para sumar un total de 70 especies de Ecuador que ha descrito ya sea como autor o coautor desde 1999. Esto lo convierte en el tercer autor más prolífico (después de Lynch y Duellman) en términos del número de nuevas especies descritas (ver Figura 27). Ron y el personal del QCAZ estuvieron involucrados en la organización del XI Congreso Latinoamericano de Herpetología, que se llevó a cabo en julio de 2017 en la PUCE en Quito.
Andrés Merino-Viteri comenzó como estudiante en la Escuela de Ciencias Biológicas de la PUCE en 1994 y desde 2001 ha sido profesor. En el QCAZ, realizó investigación sobre las causas de los declives de anfibios en los Andes y colaboró en la exposición de anfibios Sapari de 2004 a 2005. Se unió permanentemente al QCAZ en 2011 como Director de la Balsa de Sapos (Merino-Viteri, 2015), para la cual Freddy Almeida Reinoso es el Gerente de Colecciones. En 2018, Merino-Viteri obtuvo su PhD en Ecología Tropical en la Universidad James Cook en Australia, donde se especializó en los efectos potenciales del cambio climático en los anfibios a través del estudio y análisis de parámetros fisiológicos y las condiciones microambientales en las que viven los organismos. Una visión general del proyecto Balsa de Sapos es dada por Ron (Ponce, 2019).
Actualmente, el QCAZ mantiene la colección más grande de anfibios ecuatorianos, tejidos y datos asociados y está activamente involucrado en investigación. Un resumen de los avances del QCAZ fue proporcionado por Ron para el portal en línea Anfibios del Ecuador Bioweb y en Womack et al. (2022).
Con 656 especies de anfibios (a noviembre de 2021), Ecuador es el tercer país más rico en especies del mundo. En 2018, el museo de zoología de la Universidad Católica de Ecuador (QCAZ) lanzó el sitio web Anfibios del Ecuador (https://bioweb.bio/faunaweb/amphibiaweb) para dar acceso a información integral sobre todas las especies de anfibios de Ecuador, que representan casi el 8% de las especies de anfibios en todo el mundo. Anfibios del Ecuador fue inspirado por AmphibiaWeb y tiene un alcance similar pero a nivel de país. Anfibios del Ecuador reemplazó al portal anterior “AmphibiaWebEcuador,” que operó entre 2010 y 2017. El sitio web es actualmente parte de una base de datos de biodiversidad ecuatoriana más grande llamada BIOWEB.
Anfibios del Ecuador proporciona fichas de especies detalladas, que incluyen una extensa galería de fotos con 206,785 imágenes. La variación fenotípica de las especies está bien documentada con un número promedio de fotografías por especie de 323 (máximo 8746 para Pristimantis achatinus) y una media de 144. La distribución de las especies está documentada con una base de datos de más de 50,000 registros geográficos de la literatura y la base de datos de especímenes del museo QCAZ. Esos registros se utilizan para construir modelos de distribución de especies bajo condiciones ambientales actuales y futuras utilizando el algoritmo MAXENT …
El sitio web también presenta visiones generales de la biogeografía, la riqueza de especies y el estado de conservación de los anfibios ecuatorianos. También se proporcionan visiones generales de las regiones naturales, la geografía y el clima de Ecuador. Anfibios del Ecuador da acceso a: (1) la base de datos de la colección de anfibios del QCAZ, la más grande para anfibios ecuatorianos (76,500 especímenes), y (2) la colección de sonidos del QCAZ con 1297 grabaciones para 222 especies.
Crucialmente, Anfibios del Ecuador está en español y ayuda a proporcionar datos científicos en idiomas distintos al inglés. Para la mayoría de las especies, Anfibios del Ecuador presenta las únicas fichas de especies integrales disponibles en línea en español. Desde 2018, Anfibios del Ecuador ha estado conectado con AmphibiaWeb a través de una API web que permite visualizar las fichas de especies en español y las fotografías de Anfibios del Ecuador dentro de AmphibiaWeb.
Anfibios del Ecuador tiene un alto tráfico de visitantes (datos de Google Analytics). Entre junio y noviembre de 2021, por ejemplo, recibió aproximadamente 16,000 visitantes mensuales de 106 países o estados. El 51% de los visitantes compartió datos demográficos, de los cuales el 72% eran mujeres y el 28% hombres. Los grupos de edad más jóvenes son los visitantes más frecuentes: 18–24 años representaron el 37% de las visitas, seguidos por 25–34 (23%). (Womack et al., 2022)
Morley Read (Figura 45), un investigador independiente, comenzó su labor con anfibios ecuatorianos en 1986 cuando participó como herpetólogo en una expedición británica para desarrollar un plan de manejo para la Reserva Río Mazán, al oeste de Cuenca, Provincia Azuay. Para ese proyecto, realizó inventarios y monitoreo de anfibios (Read, 1986). En ese momento, pudo documentar en Mazán la presencia y abundancia relativa de nueve especies de anfibios que pronto comenzarían a colapsar. Cuatro de las especies que registró no se han vuelto a ver en el Valle de Mazán, a pesar de intensos esfuerzos de búsqueda. Son: Hyloxalus vertebralis, H. anthracinus, Centrolene buckleyi y Telmatobius niger, mientras que otras se volvieron muy raras (Atelopus exiguus, Gastrotheca cuencana y G. pseustes).
Read fue el pionero en Ecuador en producir una serie de CDs con los cantos de especies de anfibios ecuatorianos y ha formado un valioso banco de audio (Read, 2000) que ha sido depositado en el QCAZ y CJ. Ha hecho lo mismo con fotografías y videos de los anfibios de Ecuador. Estas imágenes se distribuyen en todo el mundo, y la calidad de su trabajo es alta. Ha filmado secuencias para las series premiadas de la BBC Life on Earth y The Living Planet de David Attenborough. Algunos de sus archivos tienen un inmenso valor histórico porque documentó especies durante las décadas de 1980 y 1990 que actualmente probablemente están extintas. Sus fotos están depositadas en Science Photo Library, Getty Images, Alamy, Shutterstock, CJ y archivos fotográficos del QCAZ, entre otros.
Read es uno de los biólogos de campo de anfibios más conocedores en Ecuador. Su experiencia en grabación de campo es única y es la acumulación de una vida apasionadamente dedicada a esta actividad. Quizás las contribuciones más importantes de Read han sido sus inventarios en áreas donde la industria petrolera ha estado activa en la región amazónica. Uno de sus proyectos a largo plazo es el monitoreo de anfibios en el Parque Nacional Yasuní (PNY), Provincia Orellana, que continúa hasta la fecha. Read (2018) resumió el monitoreo de 1994 a 2012 en el PNY, y proporcionó fotos en color de la mayoría de las especies. En ese momento, había documentado la presencia de 113 especies de 135 actualmente registradas en el PNY (Ron et al., 2022), un récord mundial en comparación con sitios similares. No se notaron declives para la mayoría de las especies, en contraste con los declives que han ocurrido en sitios de tierras altas.
Read ha estado muy comprometido con causas ambientales, especialmente proyectos de conservación y la lucha contra las industrias petrolera y minera, utilizando anfibios como especies indicadoras. Entre otros proyectos, estuvo involucrado en el establecimiento de la reserva natural de Los Cedros en las laderas occidentales de los Andes (fue director de 1991 a 1993). Recientemente, Los Cedros estuvo en las noticias debido a una clara victoria para la ciencia producida a lo largo de los años y los derechos de la naturaleza. Para satisfacción de la Corte Suprema de Ecuador, la minería ha sido prácticamente excluida de la reserva, junto con la tala y otras actividades extractivas. De 1997 a 2004, Read estuvo involucrado en un proyecto para la biorestauration de Ilaló, una reserva ecológica montañosa en la Provincia Pichincha. Mientras hacía el trabajo de anfibios, Read pudo participar con comunidades indígenas en la conservación del área, como fue el caso en PNY, en el que estuvo directamente involucrado en el trabajo de delimitación de campo del parque, caminando cientos de kilómetros y abriendo senderos a través de la jungla con el pueblo Waorani (p. ej., Nanto Huamoni) y Kichwa. Algunos percances y desventuras también han sido parte de su intenso trabajo con anfibios. Uno que llamó la atención de los medios de comunicación británicos (p. ej., The Guardian, The Mail, The Times) fue su secuestro, que ocurrió en febrero de 1997 en la región amazónica por la comunidad indígena Achuar en el sureste de Ecuador, mientras había sido contratado por Walsh Environmental Scientists and Engineers para CGC Energy para realizar una encuesta de impacto ambiental. En una publicación en BBC Wildlife relató su experiencia (Figura 46).
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La Fundación Herpetológica Gustavo Orcés (FHGO) es una organización sin fines de lucro dedicada a la investigación y educación sobre la conservación de anfibios y reptiles en Ecuador. Esta organización mantiene una colección de anfibios relativamente pequeña para uso científico y a través de su vivarium trabaja en la conservación de la rana marsupial Gastrotheca riobambae y exhibe algunos anfibios.
La FHGO fue fundada el 5 de junio de 1989 por Jean-Marc Touzet y Ana María Velasco (ver también sobre ellos en la sección de historia de la USFQ), junto con sus amigos y colegas Juan José Espinoza, Rocío Paz y Miño, Xavier Silva del Pozo, Miguel Samaniego, Jorge Anhalzer e Inés María Jaramillo. El proyecto emblemático de la fundación fue el Vivarium de Quito, un centro ecuatoriano especializado en el manejo ex situ de reptiles y anfibios y exhibiciones públicas, y que comenzó su operación el 1 de diciembre de 1989.
Aunque Jean-Marc Touzet y Ana María Velasco se centraron principalmente en la educación sobre reptiles, hicieron varias contribuciones al conocimiento de los anfibios. La FHGO creó una importante colección científica de anfibios en Ecuador y la primera biblioteca sobre anfibios abierta al público en Ecuador. Inicialmente, esto se hizo como parte del Lab FHGO-USFQ dirigido por Touzet (1997–1999), Velasco (1999–2000) y Cisneros-Heredia (2000–2003) en la USFQ. Entre sus colecciones está el material tipo de varias especies de anfibios (p. ej., Atelopus orcesi (Coloma et al., 2010), Osornophryne guacamayo (Hoogmoed, 1987), Boana nympha (Faivovich et al., 2006), Osteocephalus fuscifacies (Jungfer et al., 2000), O. mutabor (Jungfer y Hödl, 2002), Pristimantis colomai (Lynch y Duellman, 1997), P. degener (Lynch y Duellman, 1997), P. esmeraldas (Guayasamin, 2004) y Hyalinobatrachium yaku (Guayasamin et al., 2017a)). Touzet también colectó algunos anfibios entre 1984 y 1988, que luego fueron depositados en el MHNG (135 especímenes) y KU (109 especímenes). El Vivarium comenzó a exhibir algunos anfibios, entre ellos la rana marsupial Gastrotheca riobambae, un programa que fue continuado por su colega, María Elena Barragán, quien se convirtió en la directora ejecutiva del Vivarium en 2013. En 1990, comenzó a trabajar en el Vivarium como voluntaria, seis meses después de que se creara la FHGO, mientras estudiaba biología. En 1999, Jorge H. Valencia, un estudiante de la Universidad Central del Ecuador, comenzó a trabajar en el Vivarium como voluntario y desde 2000 trabajó como asistente de investigación, asistente de curatoría y curador hasta 2013. En 2008, la FHGO produjo una guía de campo que incluía 167 especies de anfibios ecuatorianos (Valencia et al., 2008), a la que siguieron, en 2009, otros tres libros para los cuales Valencia y Raquel Betancourt fueron los autores principales (Valencia et al., 2009, 2009; Betancourt et al., 2009). Actualmente, el Vivarium mantiene algunos anfibios en exhibición y tiene un programa de educación.
Ernesto Arbeláez Ortiz y Fausto Siavichay-Pesántez
Desde su inicio en 2001, el Centro de Conservación de Anfibios Amaru (CCA-Amaru) del Bioparque Amaru ha desempeñado un papel determinante como una iniciativa privada dedicada a la conservación de anfibios y la educación en el sur de Ecuador. Esta notable iniciativa ha sido dirigica por los biólogos Ernesto Arbeláez Ortiz (el fundador de Amaru y su presidente), junto con los cofundadores Fausto Siavichay-Pesántez (coordinador del CCA-Amaru) y Amanda Vega Toral (Figura 60). El CCA-Amaru no solo ha hecho contribuciones sustanciales al descubrimiento de anfibios raros sino que también ha involucrado activamente a instituciones públicas como el gobierno municipal de Cuenca en esfuerzos críticos para monitorear y rescatar ranas en peligro. Además, el centro está actualmente profundamente involucrado en la conservación de anfibios in situ a través de la adquisición de tierras. A lo largo de los años, Amaru ha cultivado asociaciones vitales con investigadores, grupos de herpetología, organizaciones ambientales, entidades políticas e instituciones académicas. Estos esfuerzos colaborativos han resultado en el inicio de numerosos proyectos de conservación, el establecimiento de instalaciones dedicadas al rescate e investigación de anfibios y la creación de una valiosa colección que comprende especies raras de anfibios en colaboración con el QCAZ hasta 2010, el Zoológico de Filadelfia desde 2009 y el CJ desde 2011. Amaru actualmente posee una valiosa colección de 24 especies en su programa de conservación, incluyendo colonias de cinco especies de ranas arlequín críticamente amenazadas nativas de los Andes del sur de Ecuador.
En 2014, la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), una universidad privada ubicada en Loja, sur de Ecuador, se involucró en un viaje emocionante en el campo de la investigación de anfibios. Este nuevo interés en los anfibios fue provocado por un evento único: la llegada a Ecuador de Paul Székely y su esposa Diana Székely desde Rumania (Figura 61). Los esfuerzos de investigación de los Székelys en la UTPL sirvieron como la piedra angular para la participación activa de la universidad en la investigación de anfibios, que ha florecido durante la última década. Su dedicación y experiencia han allanado el camino para avances continuos en la ecología, sistemática y conservación de anfibios de la región.
Paul llegó como Investigador asociado a la UTPL a través del Proyecto Prometeo. Este proyecto, iniciado por el gobierno ecuatoriano de Rafael Correa Delgado, tuvo como objetivo mejorar las capacidades de investigación y académicas en instituciones ecuatorianas trayendo expertos de clase mundial con PhDs de países extranjeros a Ecuador. Estos expertos fueron invitados a residir en Ecuador por un período de dos a 12 meses, permitiéndoles participar en actividades de investigación.
Paul Székely, junto con Diana Székely, jugó un papel crucial en las primeras etapas de esta iniciativa transformadora. Dedicaron su tiempo a estudiar la ecología, distribución y bioacústica de anfibios en el sur de Ecuador. Sus contribuciones fueron tan significativas que decidieron tener residencia permanente en Ecuador y continuar sus labores de investigación, especialmente enfocados en los anfibios de los bosques secos del sur de Ecuador. Hasta ahora, su investigación en estos bosques ha resultado en diez publicaciones (Székely et al., 2016, 2017, 2018a, 2018b, 2018c, 2019, 2020a, 2020b; Bardier et al., 2020; Armijos-Ojeda et al., 2021). Acerca de su residencia en Ecuador, Paul comentó:
Durante mucho tiempo (desde mis años de pregrado como estudiante), soñé con trabajar en la sistemática de ranas. Sin embargo, esto no fue posible en Europa (Rumania, un país casi del mismo tamaño que Ecuador que tiene solo 20 especies de anfibios). Entonces, fue una oportunidad increíble para nosotros trabajar aquí. Y afortunadamente, Diana sintió lo mismo.
Entre 2014 y 2017, como parte de uno de los grupos de investigación más productivos de la UTPL, el Laboratorio de Ecología Tropical y Servicios Ecosistémicos (EcoSs-Lab), los Székelys estudiaron los anfibios y sentaron las bases de la fonoteca UTPL (Fonoteca UTPL), que actualmente posee cerca de 500 grabaciones de sonido de anfibios.
El Museo de Zoología de la UTPL (MUTPL) fue creado por primera vez en 2002 como una colección entomológica bajo el nombre de Colección de Invertebrados del Sur del Ecuador (CISEC). Bajo el liderazgo de Paul, la colección de vertebrados fue formalmente creada en 2018, por lo que el museo de zoología ahora incluye colecciones de peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. El museo se ha beneficiado de la participación de varios investigadores de la UTPL, y en el caso de la colección de anfibios, especialmente del importante trabajo de Diana Székely y Diego Armijos Ojeda (ver Figura 57). Este último es ingeniero en gestión y conservación, máster en zoología y ecología animal, y tiene un doctorado en conservación de recursos naturales en la Universidad Rey Juan Carlos (España). Ha estado involucrado en la investigación de la diversidad biológica en Ecuador desde 2007 y ha contribuido a 15 publicaciones científicas y libros sobre anfibios. Desde enero de 2015, ha estado afiliado a la UTPL como profesor asistente en el Departamento de Ciencias Biológicas y Agrícolas.
Para 2023, la colección de anfibios del MUTPL había crecido a más de 1700 especímenes, representando cerca del 25% de las especies de anfibios ecuatorianos, mayormente del sur de Ecuador. La colección incluye 9 holotipos y 84 paratipos de especies de anfibios descritas entre 2018 y 2023 y un número impresionante de especies no descritas de anuros, salamandras y cecilias.
Actualmente, en la UTPL, la sección de anfibios del Museo de Zoología lidera la investigación en el campo de la zoología sistemática en el sur de Ecuador. Ha adoptado la práctica actual de la taxonomía integrativa, especialmente incorporando caracteres moleculares para construir filogenias y líneas adicionales de evidencia como grabaciones de sonido para delimitar especies (p. ej., Székely et al., 2018, 2020, 2023a, 2023b; Carvajal-Endara et al., 2019),
El MUTPL está involucrado en el esfuerzo continuo para promover la conservación de anfibios. En una alianza con la ONG ambiental Naturaleza y Cultura Internacional, apoyó el incremento en la protección de hábitats y estableció programas de monitoreo para especies de anfibios en peligro, con un enfoque en sitios emblemáticos como Fierro Urco, Reserva Numbala y Parque Nacional Podocarpus. Se ha dado un énfasis particular al hotspot de biodiversidad global, el “Abra de Zamora”, con los investigadores del museo involucrados en varios proyectos para proteger y restaurar este ecosistema crítico. El sitio es la fuente de la mayor parte del agua para la Ciudad de Loja, almacena vastas reservas de carbono, es hogar de al menos 12 especies de anfibios endémicas y es la localidad tipo para 14 especies de ranas. (Székely et al., 2020)
Mónica I. Páez-Vacas, Andrea Terán-Valdez y María Vizcaíno-Barba
Las diferencias de género en la academia han sido ampliamente estudiadas en diversas disciplinas y países, con disparidades documentadas en el número de autores, citas, reconocimiento, financiamiento y salarios (Kozlowski et al., 2022; Larivière et al., 2013; Maas et al., 2021; Ross et al., 2022; Shen, 2013). Múltiples factores, como las responsabilidades familiares, la duración de la carrera, el proceso de revisión por pares, los estereotipos y el clima laboral, se han propuesto como explicaciones para estas diferencias de género (Huang et al., 2020; Morgan et al., 2021; Salerno et al., 2019). En algunas disciplinas, como las ciencias biológicas, las estudiantes mujeres son casi el 50% de la matrícula total. Sin embargo, este porcentaje cae gradualmente en etapas superiores de la carrera (Farr et al., 2017; Frances et al., 2020). A pesar del aumento en la representación de mujeres en la academia durante las últimas cinco décadas, las mujeres solo representan 30–35% del total de autorías en STEM (Campbell et al., 2013; Frances et al., 2020; Huang et al., 2020). No obstante, cuando se consideran las tasas de deserción, la productividad de las mujeres es equivalente a la de los hombres (Huang et al., 2020). Más aún, se ha demostrado que la paridad de género conduce a artículos de mayor calidad y mayor innovación científica (Campbell et al., 2013; Hofstra et al., 2020).
La tendencia global indica que cerca del 94% de los países representados en la base de datos Web of Science todavía están lejos de lograr la paridad de género en términos de artículos publicados (Larivière et al., 2013). Sin embargo, los países de América del Sur y Europa del Este se destacan por mostrar niveles relativamente más altos de igualdad de género en este aspecto (Larivière et al., 2013). Por ejemplo, en los campos de la ecología y la zoología, la proporción de autoras mujeres es ligeramente mayor en América Latina en comparación con otras regiones. No obstante, esto es impulsado principalmente por países como Argentina, Venezuela, Brasil y Colombia, que tienen una mayor representación femenina que otros países (Salerno et al., 2019). Sin embargo, la mayor presencia de autoras mujeres en ciertos países latinoamericanos puede atribuirse a una forma de segregación de género. Las investigadoras principales en el campo de la ecología y la zoología a menudo tienden a publicar más frecuentemente con sus colegas mujeres, dado una tendencia de conexiones sesgadas hacia los hombres que pueden excluir a las mujeres y perpetuar la brecha de género tanto a nivel regional como global (Grosso et al., 2021; Salerno et al., 2019).
La herpetología, como campo, ha sido tradicionalmente predominantemente dominada por hombres (Perry et al., 2020; Rock et al., 2021). Las mujeres representaron solo 5% de los autores en manuscritos centrados en anfibios y reptiles en los Estados Unidos desde 1937 hasta 2006 en el contexto de la investigación de vida silvestre (Nicholson et al., 2008) y menos del 15% en tres revistas herpetológicas para la década de 1990 (Wilson, 1998). Estudios recientes también indican que la representación de mujeres en revistas de herpetología oscila entre 0% y 35% (Grosso et al., 2021; Salerno et al., 2019). Además, en el campo de la herpetología, las mujeres constituyen menos del 20% de los oradores principales en conferencias de ecología (Farr et al., 2017). En Ecuador, por ejemplo, en la investigación de anfibios sobre sistemática del diverso género Pristimantis en décadas recientes, solo 20% de las contribuciones incluyen mujeres, y un mero 2% tienen mujeres como autoras principales (Reyes-Puig y Mancero, 2022). No obstante, vale la pena destacar que el porcentaje de autoras mujeres ha mostrado una tendencia al alza en la herpetología a nivel mundial, desde 8% en la década de 1970 hasta 15% en la de 1990, aumentando hasta el 27.7% en 2010 y alcanzando el 34.5% en 2019 (Rock et al., 2021; Wilson, 1998).
Aquí, nuestro objetivo fue investigar la representación de mujeres en la biología de anfibios en Ecuador a lo largo de los años. Para esto, evaluamos las contribuciones de las mujeres a (1) la descripción de las 655 especies de anfibios en Ecuador hasta diciembre de 2022 y (2) estudios en los campos de la evolución, ecología e historia natural, y conservación de anfibios en Ecuador entre 2010 y 2022 (ver Métodos en Caja 1).
La taxonomía temprana de anfibios en Ecuador fue establecida principalmente por científicos masculinos de América del Norte y Europa. No fue hasta 1952, 173 años después de la primera descripción de un anfibio encontrado en Ecuador, que Bertha Lutz, una distinguida naturalista, zoóloga, profesora y pionera feminista brasileña, describió dos especies nuevas de Brasil, que están presentes en Ecuador (Pristimantis carvalhoi y Vitreorana ritae). Durante las siguientes cuatro décadas, se hicieron contribuciones dispersas por herpetólogas en estudios liderados por herpetólogos masculinos, y principalmente de América del Norte. Doris M. Cochran, del Smithsonian Institution, describió cinco especies de Colombia que actualmente se conocen de Ecuador: Pristimantis myersi en 1963 y Boana rubracyla, Centrolene medemi, Nymphargus grandisonae y Osteocephalus cabrerai en 1970. En 1974, Martha L. Crump, una estudiante de la Universidad de Kansas (KU), fue la primera mujer en describir un anfibio de Ecuador, Dendropsophus brevifrons, mientras que Linda Trueb, también de KU, describió Telmatobius cirrhacelis en 1979 y P. quinquagesimus en 1980. Durante el mismo año, Rebecca A. Pyles de KU describió Gastrotheca orophylax. Es notable que la descripción de Linda Trueb en 1979 fue la única contribución en solitario, mientras que las otras fueron esfuerzos colaborativos con colegas masculinos.
Entre 1989 y 1998, Patricia A. Burrowes y Cristina Ardila Robayo, dos herpetólogas colombianas, participaron en la descripción de ocho y dos especies, respectivamente, de Colombia, que luego fueron reportadas de Ecuador. En 1999, Jennifer B. Pramuk contribuyó a la descripción de nueve especies originalmente descritas de Perú y una de Ecuador. Notablemente, en 2000, Ana Almendáriz-Cabezas, de la Escuela Politécnica Nacional de Ecuador (EPN), se convirtió en la primera herpetóloga ecuatoriana en contribuir a la descripción de especies de anfibios conocidas de Ecuador, Osteocephalus deridens y O. fuscifacies (ver también bajo el subtítulo “El Museo EPN y una Mujer Pionera”). Durante la década de 2000, Pramuk y Fatemeh Kadivar (una especie), Elisa Bonaccorso (una especie), Karen Siu-Ting (dos especies) y Kathryn Elmer (dos especies), ninguna de ellas ecuatoriana, también contribuyeron a la taxonomía de anfibios de Ecuador (Figura 62 izquierda).
Los últimos años de la década de 2000 vieron el surgimiento de herpetólogas ecuatorianas en la taxonomía de anfibios (Figura 62 derecha). Las primeras contribuciones de este período fueron de Andrea Terán-Valdez (2009) y Mónica I. Páez-Vacas (2010), ambas en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), junto con Raquel Betancourt de la Fundación Herpetológica Gustavo Orcés, Ana Almendáriz-Cabezas (EPN) y Miryan Rivera (PUCE) en 2010. Notablemente, Mónica I. Páez-Vacas se convirtió en la primera herpetóloga ecuatoriana en liderar la descripción de nuevas especies de Ecuador. Su trabajo fue un estudio pionero en la taxonomía integrativa de anfibios en Ecuador, utilizando múltiples líneas de evidencia que incluían filogenia molecular, morfología de adultos y renacuajos, morfometría y datos acústicos. Esta investigación representa el comienzo de una nueva era en la sistemática de anfibios en Ecuador.
Desde 2012 hasta 2022, hubo un aumento en la contribución de herpetólogas a la taxonomía (ver Figura 62 izquierda; Tabla 2.8). La representación promedio de mujeres durante este período fue 20%, siendo la mayoría de Ecuador (18%). Notables herpetólogas ecuatorianas que han jugado un papel significativo en la sistemática y taxonomía son Carolina Reyes-Puig, quien ha descrito más de 20 especies (desde 2014), y Ana Almendáriz-Cabezas, quien ha descrito 12 especies (desde 2000). Otras herpetólogas ecuatorianas que han hecho importantes contribuciones a este campo incluyen a Jhael Ortega (12 especies), Nadia B. Páez (10 especies), Verónica L. Urgilés (10 especies), María José Navarrete (8 especies), Andrea Terán-Valdez (7 especies), Sofía Carvajal-Endara (6 especies), Diana Székely (6 especies), Patricia Bejarano Muñoz (5 especies), Claudia Koch (5 especies), María Pérez Lara (5 especies), Daniela Franco-Mena (4 especies), Andrea Varela-Jaramillo (4 especies) y Yerka Sagredo (3 especies).
En nuestros análisis, encontramos que solo 45 de 269 autores que participaron en descripciones de especies eran mujeres, lo que representa solo 8% del número total de especies descritas. La representación femenina general entre 1990 y 2022 fue 17%. Notablemente, solo 17 mujeres han sido primeras autoras, representando 18% del número total de especies descritas donde las mujeres están involucradas. Sin embargo, a partir de 2010, se puede observar una tendencia constante al alza en la participación femenina. Documentamos un aumento en la representación femenina en el campo durante las últimas dos décadas, creciendo desde el 27% en 1990 hasta el 36% en 2022 (ver Figura 62 izquierda; Tabla 2.8). En términos de coautores, 23 mujeres han sido últimas autoras, representando 15% de las especies descritas. Curiosamente, este porcentaje fue 28% entre 1990 y 2000, y luego disminuyó y se mantuvo relativamente consistente durante las últimas dos décadas, con 11.6% entre 2000 y 2010 y 12% en la década más reciente (ver Figura 62 izquierda; Tabla 2.8). Sin embargo, aunque la última autora a menudo se considera una de las principales contribuyentes a una publicación en muchos campos STEM (Bendels et al., 2018), se debe tener cuidado en este respecto ya que esto puede no aplicarse o solo aplicarse recientemente en la taxonomía de anfibios en Ecuador (Luis A. Coloma, com. pers.). Los artículos de un solo autor han sido muy raros en los últimos años en biología, y de todas las 348 especies descritas por autores únicos, solo tres fueron descritas por una mujer: Pristimantis carvalhoi y Vitreorana ritae (Lutz, en Lutz y Kloss, 1952) y Telmatobius cirrhacelis (Trueb, 1979). La representación femenina como únicas autoras está consistentemente subrepresentada en toda la investigación de anfibios a nivel mundial en comparación con la proporción general de autoras mujeres (Rock et al., 2021).
A pesar de las disparidades de género existentes y los porcentajes relativamente bajos de representación femenina, ha habido una tendencia positiva en la inclusión de mujeres ecuatorianas en la taxonomía de anfibios durante las últimas tres décadas. Un aumento general en investigadores ecuatorianos masculinos y femeninos en la taxonomía de anfibios desde el 11% entre 1990 y 2000 hasta el 79% en la última década se ha traducido en un aumento en la representación femenina ecuatoriana desde el 0.7% al 18.6% en el mismo período (ver Figura 62 derecha; Tabla 2.8). En línea con las tendencias observadas en la herpetología a nivel global, las mujeres involucradas en la taxonomía de anfibios en Ecuador tienden a estar sobrerrepresentadas como primeras autoras pero subrepresentadas como últimas autoras, en comparación con su representación general (ver Figura 62 izquierda; Rock et al., 2021). La mayoría de las contribuciones femeninas como primeras autoras provienen a menudo de estudiantes o profesionales recién graduadas trabajando dentro de un equipo liderado por un autor masculino (Duffy, 2017). No obstante, vale la pena destacar el papel significativo de la tutoría en fomentar el aumento de autoras mujeres, particularmente a través de la guía de investigadores como Luis A. Coloma, Juan M. Guayasamin, Santiago R. Ron, Diego F. Cisneros-Heredia, Ana Almendáriz-Cabezas, Mario H. Yánez-Muñoz y Jorge Brito Molina (Reyes-Puig y Mancero, 2022). Aunque somos conscientes de que la última autora puede no siempre corresponder al autor principal en la taxonomía de anfibios en Ecuador, nuestros análisis indican que las descripciones de especies con una última autora mujer tienden a tener más coautoras mujeres (Tabla 2.8). Por lo tanto, es crucial reconocer que lograr una representación femenina verdadera y significativa requiere un aumento en el número de mujeres que asuman roles de liderazgo en los próximos años.
Hasta hace poco, los campos de la evolución, ecología y conservación de anfibios en Ecuador estaban mayoritariamente dominados por investigadores hombres. Sin embargo, ha habido contribuciones significativas de científicas que se remontan a fines de la década de 1970, cuando Eugenia M. del Pino hizo descubrimientos trascendentales en el desarrollo de ranas marsupiales y otros taxones neotropicales. La investigación de Del Pino involucró a varias estudiantes mujeres a partir de la década de 1980, y todavía se la considera una de las científicas ecuatorianas más influyentes de todos los tiempos (ver también bajo el subtítulo “Del Pino y las Ranas Marsupiales”). Otra contribuyente femenina notable a la fauna de anfibios ecuatorianos es Ana Almendáriz-Cabezas, quien ha estado activa desde fines de la década de 1980. Martha L. Crump contribuyó a la conservación de anfibios en Ecuador con un estudio en 2002 (Toral et al., 2002), mientras que Elisa Bonaccorso colaboró en un estudio ecológico publicado en 2004 (Guayasamin et al., 2004). Patricia Castillo-Trenn, en 2004, proporcionó una de las descripciones más completas de renacuajos hasta la fecha (Castillo-Trenn, 2004). En 2006, Diana Freire y Carla Fernández, dos estudiantes de pregrado dirigidas por Fernando Nogales en la Universidad Técnica Particular de Loja, publicaron el primer análisis de Batrachochytrium dendrobatidis (Bd) en el sur de Ecuador (Freire et al., 2006). En 2008, Castillo Trenn y María Alexandra Quiguango Ubillús publicaron estudios detallados sobre el comportamiento de dendrobátidos (Castillo-Trenn y Coloma, 2008; Quiguango-Ubillús y Coloma, 2008). Desde 2009, Miryan Rivera ha contribuido a nuestra comprensión de la citogenética de anfibios y las secreciones de la piel (p. ej., Cipriani y Rivera, 2009). La disertación doctoral de Kathryn Elmer, a fines de la década de 2000, resultó en el primer estudio integral de la evolución de anfibios neotropicales de Ecuador, centrándose en un grupo dentro de Pristimantis (Elmer et al., 2006, 2007a, 2007b).
Desde 2010, ha habido un aumento en la investigación de anfibios en Ecuador, con 159 artículos publicados sobre evolución, 50 sobre ecología y 51 sobre conservación (Figura 63 arriba izquierda). Algunas investigadoras que se destacan por sus contribuciones a la evolución, ecología y conservación de anfibios en Ecuador son Eugenia del Pino, Ana Alméndariz-Cabezas, Elisa Bonaccorso, Kathryn Elmer, Catherine Graham, Miryan Rivera, Lauren A. O’Connell, Janeth Lessmann, Kim Hoke, Molly Womack, Eva K. Fischer, Diana Székely, Carolina Proaño-Bolaños, Rebecca Tarvin y Mónica I. Páez-Vacas. Otras investigadoras que han liderado al menos un estudio que avanzó el conocimiento de anfibios en Ecuador en estos campos incluyen a Rebecca Brunner, Teresa Camacho-Badani, Sofía Carvajal-Endara, Sueny dos Santos, Katherine Krynak, Laura Martín-Torrijos, Nora Moskowitz, María José Navarrete, Belén Proaño, Carolina Reyes-Puig, María José Salazar-Nicholls, María José Sánchez-Carvajal, Florina Stănescu, Andrea Terán-Valdez, Cecilia Tobar Suárez, Verónica L. Urgilés, Anyelet Valencia-Aguilar y María Vizcaíno-Barba.
A pesar de las contribuciones de estas investigadoras, la representación de mujeres no ha aumentado desde 2010 (ver Figura 63 arriba izquierda; Tabla 2.8). En promedio, las mujeres representan 27.9% de los autores en publicaciones en los tres campos, con ecología/historia natural y evolución teniendo la mayor representación femenina con 29.1% cada una, mientras que conservación tiene 23% (Figura 63 arriba derecha). Tanto las primeras como las últimas autoras mujeres corresponden a 29% cada una, lo que tampoco ha cambiado con el tiempo (ver Figura 63 arriba izquierda). Cuando la última autora es una mujer, la proporción de coautoras mujeres y primeras autoras mujeres aumenta (Tabla 2.8). Este fuerte sesgo en la autoría femenina ha sido identificado en varios estudios, y está generalizado en disciplinas relacionadas y otras en STEM y a través de regiones (p. ej., Grosso et al., 2021; Rock et al., 2021).
En términos de autores ecuatorianos, la representación general de investigadoras ecuatorianas está solamente en el 13%, fluctuando entre 4 y 24%, y no ha aumentado desde 2010 (Figura 63 abajo izquierda; Tabla 2.8). A partir de 2022, la representación femenina ecuatoriana finalmente ha superado el 20%. En contraste, la participación de investigadores ecuatorianos masculinos corresponde al 54%, desde el 33 al 76%, con una ligera disminución con el tiempo (ver Figura 63 abajo izquierda; Tabla 2.8). Las primeras y últimas autoras ecuatorianas representan menos del 12% cada una, y estas proporciones no han cambiado significativamente entre 2010 y 2022, ni difieren entre disciplinas (Tabla 2.8). Entre las investigadoras ecuatorianas, ecología/historia natural tiene la mayor representación en 18%, seguida de evolución y conservación en 11.9 y 11.2%, respectivamente (Figura 63 abajo derecha). Estos valores contrastan con la mayor tasa de participación de investigadores ecuatorianos masculinos en estudios de evolución (47%), ecología (70%) y conservación (60.5%; ver Figura 63 abajo derecha). Estos valores se han mantenido estables a lo largo de los años, excepto por la evolución, en la que vemos una disminución en la participación de autores ecuatorianos masculinos (ver Figura 63 abajo izquierda; Tabla 2.8). Aunque reconocemos que la última autora puede no siempre ser la autora principal, nuestro análisis también muestra que la proporción de autoras ecuatorianas aumenta cuando la última autora es mujer y particularmente cuando la última autora es mujer y ecuatoriana (Tabla 2.8). Además, la proporción de autoras ecuatorianas también aumenta cuando la primera autora es mujer, y aún más si la primera autora es una investigadora ecuatoriana (Tabla 2.8).
Todavía hay una preocupante baja representación de mujeres en la taxonomía, evolución, ecología y conservación de anfibios en Ecuador. Si bien ha habido un aumento en autores ecuatorianos en el campo de la taxonomía durante la última década, este aumento no ha sido equilibrado entre investigadores hombres y mujeres. Más aún, el mismo progreso no se ha observado en la investigación relacionada con la evolución, ecología y conservación. Vale la pena mencionar que el trabajo en conservación a menudo permanece sin publicar o solo se registra en informes y publicaciones de divulgación; por lo tanto, la contribución de las investigadoras—o de los biólogos conservacionistas en general—puede haber sido subestimada en esta muestra de la literatura revisada por pares. Por lo tanto, también es importante alentar a todos los investigadoes y equipos que trabajan en la conservación de anfibios a aumentar la publicación académica de sus resultados.
Reconocemos el impacto positivo de la tutoría inclusiva donde investigadores predominantemente masculinos han acogido a jóvenes investigadoras en sus equipos. Tales iniciativas tienen el potencial de ser transformadoras en fomentar la diversidad y la inclusión. Sin embargo, nuestros resultados también subrayan la importancia de los modelos femeninos a seguir y la urgente necesidad de que más mujeres avancen en sus carreras y asuman posiciones de liderazgo en la academia. Es crucial crear un entorno que apoye y empodere a las mujeres para sobresalir en sus campos, conociendo los desafíos y barreras que enfrentan las mujeres en Ecuador. Notablemente, nuestros datos indican que cuando las autoras ecuatorianas asumen roles de liderazgo, tienen el mayor impacto en mejorar la representación de mujeres en la biología de anfibios ecuatoriana. Esto resalta la importancia de apoyar y promover a las mujeres en posiciones de liderazgo porque pueden servir como modelos influyentes y catalizadores para el cambio en el aumento de la diversidad de género en la investigación de anfibios en Ecuador. La academia no puede desestimar las capacidades intelectuales de la mitad de su fuerza laboral. En consecuencia, es imperativo explorar mecanismos alternativos que promuevan la inclusión de mujeres en la ciencia.
Los científicos que actualmente estudian anfibios en Ecuador son un grupo con diversas nacionalidades, géneros, niveles académicos, antecedentes e intereses. Hay una prevalencia de ecuatorianos pero también algunos extranjeros. La mayoría ha seguido carreras universitarias. En general, este equipo de científicos es un grupo relativamente pequeño en comparación con aquellos en otros países o regiones con menos diversidad de anfibios (p. ej., EE. UU., Europa), pero es un grupo grande en comparación con otros países de América Latina.
En términos de nivel académico, algunos tienen títulos de PhD obtenidos en el extranjero (p. ej., 12 de los 30 seleccionados aquí), otros con maestrías adquiridas ya sea en universidades internacionales o nacionales (10 de 30), y algunos con títulos de licenciatura (8 de 30) obtenidos en Ecuador—la mitad de estos últimos están actualmente inscritos en estudios de posgrado. Un caso notable es el de Ítalo G. Tapia, quien completó la escuela secundaria pero ha ganado conocimiento práctico a través de trabajo de campo y experiencia en investigación principalmente trabajando como recolector (es el recolector más prominente) y como Gerente de Colecciones en el QCAZ (ver también bajo el subtítulo “La Balsa de los Sapos en QCAZ”). En Ecuador, la mayoría de los científicos están actualmente asociados con universidades (p. ej., Diego F. Cisneros-Heredia, Juan M. Guayasamin, Carolina Reyes-Puig, Mónica I. Páez-Vacas, Santiago R. Ron, Paul y Diana Székely), pero otros trabajan para ONGs (p. ej., Luis A. Coloma, Juan P. Reyes-Puig) u organizaciones gubernamentales (p. ej., Mario Yánez-Muñoz, Jorge Brito Molina), algunos trabajan independientemente (p. ej., Morley Read, Alejandro Arteaga, Jaime Culebras), y algunos están retirados pero aún publicando (p. ej., Ana Almendáriz-Cabezas, Eugenia M. del Pino).
La mayoría de los biólogos de anfibios viven en Ecuador, aunque algunos residen en el extranjero, ya sea trabajando en universidades (p. ej., Juan Carlos Santos, Lauren A. O’Connell) o estudiando (p. ej., Jorge H. Valencia, Marcel Caminer, Nadia B. Páez, María José Navarrete). La mayoría está trabajando en campos de sistemática y taxonomía, pero algunos se enfocan en otras áreas de la biología (p. ej., Eugenia M. del Pino, biología del desarrollo; Diana Székely, ecología; Juan Carlos Santos, biología molecular; Lauren A. O’Connell, fisiología, comportamiento). Además de su investigación y metas académicas, algunos de los biólogos de anfibios están involucrados en esfuerzos de divulgación pública y educación (p. ej., Luis A. Coloma, Jaime Culebras, Diego F. Cisneros-Heredia). En términos de género, las mujeres investigadoras de anfibios comenzaron a jugar un papel importante en la década de 1970, y su participación también se analiza bajo el subtítulo, “Mujeres en Biología de Anfibios: Una tendencia continua de subrepresentación en la academia”.
Además de la información proporcionada previamente para muchos de los biólogos de anfibios, aquí incluimos breves esbozos biográficos académicos de 30 biólogos de anfibios seleccionados que actualmente están contribuyendo al conocimiento de anfibios ecuatorianos. Fueron seleccionados en base a su productividad científica, según lo reflejado por sus publicaciones o el impacto de sus publicaciones (p. ej., según lo proporcionado por Scopus, una base de datos de citas de publicaciones indexadas de literatura revisada por pares que incluye revistas científicas, libros y actas de conferencias), con algunas excepciones. Quince de ellos están trabajando en sistemática y han descrito o codescrito ocho o más especies de anfibios reportadas de Ecuador al 30 de junio de 2022 (Figuras 64, 65, 66). Este número (ocho especies) fue elegido arbitrariamente para representar a algunos de los autores más prolíficos en términos de nombrar especies, aunque reconocemos que hay otros autores taxonómicos que han descrito menos especies pero han hecho contribuciones taxonómicas relevantes (p. ej., Glenn Flores, Manuel Morales-Mite, H. Mauricio Ortega-Andrade, Karl-Heinz Hungfer y Gregory O. Vigle, entre otros). Algunas de sus actividades se mencionan en otras secciones de esta enciclopedia. Las reseñas biográficas de no residentes extranjeros que han descrito ocho o más especies de Ecuador (Lynch, Cannatella, Hutter, Pramuk y Burrowes) fueron publicadas por Duellman (2015), y sus contribuciones se destacan a través del texto en el capítulo de historia. Entre los 30 biólogos de anfibios seleccionados, también incluimos reseñas biográficas para 10 autores que están haciendo contribuciones relevantes a varios aspectos de la biología de anfibios y/o esta enciclopedia. Ellos son: Sofía Carvajal-Endara, Eugenia M. del Pino, Mónica I. Páez-Vacas, Carolina Proaño-Bolaños, Lauren A. O’Connell, Morley Read, Elicio E. Tapia, Juan Carlos Santos, Diana Székély y Andrea Terán-Valdez. Algunos otros autores que han hecho pocas pero relevantes contribuciones en cualquier campo se mencionan en otro lugar. Las biografías que siguen están organizadas cronológicamente por fecha de nacimiento y fueron actualizadas al 31 de diciembre de 2022, a menos que se indique lo contrario.
Eugenia M. del Pino (ver Figura 64) es una bióloga del desarrollo que trabaja con anfibios. Nació en Quito, Provincia Pichincha, Ecuador, en 1945. De 1963 a 1967, estudió para obtener el título de licenciatura en educación secundaria en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). En 1969 recibió una maestría de Vassar College en Nueva York, donde estudió protozoos. En 1972, obtuvo un PhD en Emory University, donde fue mentorizada por Asa Alan Humphries, Jr., con una tesis relacionada a los huevos de Xenopus laevis. Trabajó en la PUCE durante 41 años. Fue Directora de Ciencias Biológicas (1972–1974), Profesora (1972–2013) y ahora Profesora Emérita (desde 2013). Del Pino ha estado involucrada en casi cien publicaciones, incluyendo 66 artículos científicos centrados en anfibios, con 43 de estos artículos indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Escribió un libro de texto sobre desarrollo embrionario temprano en animales. Es ampliamente reconocida por sus estudios sobre ranas marsupiales, especialmente Gastrotheca riobambae, en los que hizo descubrimientos importantes. Sus 17 premios nacionales e internacionales incluyen el Premio L’Oreal-Unesco para Mujeres en Ciencia para América Latina (2000); el premio ecuatoriano más prestigioso para ciencias naturales, el Premio Nacional Eugenio Espejo (2012); y el Premio de la Sociedad Latinoamericana de Biología del Desarrollo por sus fuertes contribuciones a la investigación en Ecuador (2019). En 2006, se convirtió en la primera ciudadana ecuatoriana en ser elegida para la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. En 2010–2013, del Pino participó en la fundación de la Academia de Ciencias del Ecuador. La rana cutín Pristimantis eugeniae fue nombrada en su honor (Lynch y Duellman, 1997).
Ana Almendáriz-Cabezas (ver Figura 64) es una herpetóloga que nació en Quito, Provincia Pichincha, Ecuador, en 1956. En enero de 1983, recibió su título de licenciatura en ciencias biológicas de la PUCE después de realizar una tesis sobre la distribución altitudinal de pinzones y vegetación relacionada en las islas Galápagos. Casi dos décadas después, en 2002, obtuvo una maestría en conservación y manejo del medio natural de la Universidad Internacional de Andalucía en España después de completar una tesis sobre monitoreo herpetológico en los Andes. Durante 34 años, desde junio de 1982 hasta mayo de 2016, estuvo a cargo de la sección de Herpetología del Instituto de Ciencias Biológicas (actualmente Departamento de Biología) de la Escuela Politécnica Nacional, inicialmente como investigadora asistente y luego (a partir de 2005) como investigadora. Después de su jubilación formal en 2016, continuó colaborando con la EPN como investigadora honoraria hasta septiembre de 2019. Almendáriz ha estado involucrada en 53 publicaciones, incluyendo 34 artículos científicos centrados en anfibios, y los componentes herpetológicos de dos libros, con nueve de estos artículos indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Almendáriz es una de las colectoras más productivas de anfibios ecuatorianos (ver Figura 36). Ana ha descrito o codescrito 20 especies de anfibios y reptiles, de las cuales 14 son anfibios (12 de Ecuador y dos de Colombia). Pristimantis almendariz (Brito-M y Pozo-Zamora, 2013) y Boana almendarizae (Caminer y Ron, 2014) fueron nombradas en su honor.
Morley Read (ver Figura 64) es un herpetólogo británico, especialista en Onychophora y fotógrafo de la naturaleza que nació en Fowley, Inglaterra, en 1958. En 1981, se graduó con una licenciatura en zoología del University College of North Wales, Bangor, donde también obtuvo un PhD en zoología en 1985, con una disertación sobre la ecología y taxonomía de los gusanos de terciopelo Onychophora. Mientras estudiaba para su doctorado, hizo trabajo de campo en Trinidad, donde comenzó a grabar cantos de ranas. Desde 1986, Read ha trabajado independientemente en varios proyectos estudiando anfibios ecuatorianos y ha estado asociado con ONGs, particularmente el QCAZ y el CJ, donde ha depositado la mayoría de sus colecciones de anfibios (1895 especímenes) y la colección más grande de grabaciones de audio de ranas. Read trabajó como investigador asistente para el QCAZ en 2010 y para el CJ desde 2017 hasta 2018. Participó como camarógrafo para Survival Anglia, filmó secuencias de reproducción de anfibios en Yasuní para el documental “Frogs the Movie” y recibió el Premio Semi-Finalista por una película sobresaliente sobre comportamiento animal en el Festival de Cine de la Animal Behavior Society de 2000. Al 31 de mayo de 2023, Read ha estado involucrado en 17 publicaciones, con seis artículos sobre anfibios indexados en Scopus, más un reporte, dos CDs con cantos de ranas y un libro sobre anfibios ecuatorianos. Read describió o codescribió cinco especies de anfibios, entre las cuales tres son de Ecuador de los géneros Osteocephalus (2) y Leucostethus (1) y dos son de Trinidad.
Luis A. Coloma (ver Figura 64). Consulte su biografía en las páginas introductorias y en “La Historia y Presente de la Biología de Anfibios”.
Santiago R. Ron (ver Figura 2.64) es un herpetólogo ecuatoriano que nació en Quito, Provincia Pichincha, en 1970. En 1995, obtuvo un título de licenciatura en ciencias biológicas de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador después de completar una tesis sobre estados de alerta en crocodilianos. En 1998, recibió una maestría en sistemática y ecología de la Universidad de Kansas, donde fue mentorado por William E. Duellman; su tesis de maestría se tituló “Relaciones de áreas biogeográficas de selvas tropicales neotropicales de tierras bajas basadas en análisis cladísticos de anuros”. En 2007, obtuvo un PhD en comportamiento, ecología y evolución de la Universidad de Texas en Austin, donde fue mentorado por David C. Cannatella, con la disertación “Sistemática y la evolución de llamados y preferencias de apareamiento en ranas del género Engystomops”. Es profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (2000–2002, 2007–presente) y Curador de Anfibios en el QCAZ (2010–presente). Ron ha estado involucrado en cerca de 150 publicaciones, incluyendo 130 artículos científicos centrados en anfibios, con 96 de estos artículos indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Participó en dos libros de fotografía de mesa que incluyen anfibios. Es uno de los colectores más productivos de anfibios ecuatorianos (ver Figura 30). Ha descrito o codescrito 62 especies de ranas ecuatorianas de los géneros Pristimantis (31), Osteocephalus (6), Boana (6), Engystomops (4), Hyloscirtus (2), Atelopus (3), Bolitoglossa (2), Lynchius (1), Noblella (1), Chiasmocleis (1), Elachistocleis (1), Scinax (1), Dendropsophus (1), Amazophrynella (1) y Excidobates (1). Pristimantis roni (Yánez-Muñoz et al., 2014) fue nombrado en su honor.
Paul Székely (ver Figura 2.64) es un herpetólogo rumano (de etnia húngara) que trabaja principalmente en la sistemática, ecología evolutiva y conservación de anfibios. Nació en Bicaz, Rumania, en 1974. Completó sus estudios de pregrado y maestría en 2004 y defendió su disertación de PhD en biología en 2010 en la Universidad Babeș-Bolyai, Rumania. Su trabajo anterior se centró en la ecología de los sapos de espuelas europeos (Pelobates fuscus y P. balcanicus). Desde 2014, ha trabajado en el sur de Ecuador, y desde 2017, ha sido profesor asociado en la Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador. Paul ha sido el Director del Museo de Zoología, Universidad Técnica Particular de Loja (MUTPL) y el Curador de la colección de vertebrados desde 2018. Ha tutorado a nueve estudiantes de pregrado y uno de posgrado (MS). Székely ha estado involucrado en 42 publicaciones, incluyendo 38 artículos científicos centrados en anfibios, con 32 (21 de anfibios ecuatorianos) de estos artículos indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha descrito o codescrito 15 especies de ranas de Ecuador de los géneros Pristimantis (10), Centrolene (1) y Gastrotheca (4) (hasta julio de 2023). Actualmente, continúa su trabajo, junto con su esposa Diana Székely, sobre la herpetofauna del Sur de Ecuador.
Juan M. Guayasamin (ver Figura 64) es un herpetólogo ecuatoriano-boliviano nacido en 1974 en Quito, Provincia Pichincha, Ecuador. En 2000, obtuvo un título de licenciatura en ciencias biológicas de la PUCE después de completar una tesis titulada “Partición acústica en una comunidad de ranas (Anura: Leptodactylidae) de los bosques nublados del oeste de Ecuador”; fue mentorado por Luis A. Coloma. En 2003, recibió una maestría en ecología y biología evolutiva en la Universidad de Kansas; su tesis, “El grupo Eleutherodactylus orcesi (Anura: Leptodactylidae): Osteología comparada y nuevas especies” fue tutorada por Linda Trueb. Para su PhD, también fue dirigido por Trueb e hizo una disertación sobre “Filogenia, taxonomía, evolución de caracteres y biogeografía de las ranas de cristal (Amphibia: Centrolenidae)”, y se graduó en 2007. Fue profesor e investigador en la PUCE (2008–2010) y la Universidad Tecnológica Indoamérica (2011–2016) y forma parte de la facultad de la Universidad San Francisco de Quito desde 2016. Ha dirigido a 12 estudiantes de posgrado (MS) y seis de licenciatura. Guayasamin ha estado involucrado en 118 publicaciones indexadas revisadas por pares, con 90 de estos artículos indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Sus contribuciones incluyen coescribir cuatro libros y la autoría de cuatro artículos de divulgación. Ha descrito siete géneros de ranas de cristal (Celsiella, Chimerella, Espadarana, Ikakogi, Rulyrana, Sachatamia y Vitreorana) y ha descrito o codescrito 61 nuevas especies de anfibios de Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela y Brasil. Guayasamin es miembro de la Academia de Ciencias del Ecuador, la Iniciativa de Supervivencia Atelopus, el Grupo de Especialistas en Anfibios de la UICN-CSE, la Alianza Jambato y el Panel Científico para la Amazonía.
Elicio E. Tapia (ver Figura 64) es un naturalista ecuatoriano enfocado en herpetología y aracnología que nació en Cutzualó, Cantón Sigchos, Provincia Cotopaxi, en 1975. En 2008, obtuvo su título de licenciatura en ciencias ambientales y desarrollo de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, campus Ibarra. Tapia ha trabajado como herpetólogo en varios proyectos en el Museo de Zoología de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (2008–2011) y en el Centro Jambatu (2011–2017), donde trabajó como gerente de colecciones e investigador de campo. En 2019, Elicio cofundó, junto con Nadine Dupérré (su esposa), la Reserva Biológica Pristirana, una reserva privada dedicada a la protección de la localidad tipo de Pristimantis ecuadorensis en los bosques andinos del Chocó de Ecuador. Tapia ha estado involucrado en cerca de 30 artículos científicos, con 13 de estos enfocados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Es uno de los colectores más productivos de anfibios ecuatorianos (ver Figura 30). La rana marsupial Gastrotheca elicioi ha sido descrita en su honor.
Juan Carlos Santos (ver Figura 64) es un ecólogo molecular, biólogo evolutivo y herpetólogo que trabaja principalmente con anfibios y lagartijas. Nació en Quito, Provincia Pichincha, Ecuador, en 1977. En 2002, obtuvo un título de licenciatura en ciencias biológicas de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador después de completar una tesis sobre las relaciones filogenéticas moleculares del complejo de especies relacionadas con Hyloxalus bocagei y Epipedobates tricolor; fue tutorado por Luis A. Coloma. En 2009, recibió una maestría en estadística y un PhD en ecología, evolución y comportamiento en la Universidad de Texas, Austin. Para su PhD, fue mentorado por David C. Cannatella con una disertación titulada “Filogeografía y la evolución de rasgos correlacionados bajo múltiples orígenes de aposematismo en la familia de ranas venenosas”. Ha sido becario postdoctoral en el National Evolutionary Synthesis Center (2009–2012) en la Universidad Duke, EE. UU.; en la Universidad de British Columbia (2014–2017), Canadá; y en la Universidad Brigham Young, EE. UU. (2014–2017). Desde 2017, ha sido profesor asistente en ciencias biológicas en la Universidad St. John’s, EE. UU. Ha dirigido a 16 estudiantes de posgrado. Santos ha estado involucrado en 41 publicaciones revisadas por pares, incluyendo 26 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha codescrito 12 especies de dendrobátidos (3 de Ecuador, 9 de Venezuela).
Mario H. Yánez-Muñoz (ver Figura 64) es un herpetólogo que nació en Quito, Provincia Pichincha, Ecuador, en 1978. En 2005, se graduó con un título de licenciatura en ciencias biológicas de la Universidad Central del Ecuador, con una tesis sobre la diversidad y estructura de 11 comunidades de anfibios y reptiles en Ecuador. En 2014, obtuvo una maestría en biología de la conservación de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador con una tesis que incluye descripciones y relaciones filogenéticas de dos nuevas especies de Pristimantis crestados de los Andes del norte de Ecuador; fue tutorado por Santiago R. Ron. Desde 1998, Yánez-Muñoz ha trabajado en varios proyectos estudiando anfibios y ha estado asociado con diversas instituciones: la EPN (1998–2002, asistente de curatoría y campo), MECN (1999–2017, voluntario/asistente de curatoría/curador/director ejecutivo), INABIO (2017–presente, investigador) y PUCE (2011–2018, taxónomo asociado). Yánez-Muñoz ha estado involucrado en cerca de 100 publicaciones, incluyendo 64 artículos científicos y seis libros centrados en anfibios, con 25 de estos artículos indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha descrito o codescrito 40 nuevas especies de anfibios (de 58 nuevas especies de anfibios, reptiles e invertebrados) de Ecuador de los géneros Pristimantis (30), Osornophryne (2), Oedipina (2), Noblella (1), Lynchius (1), Elachistocleis (1), Hyloscirtus (1), Nymphargus (1) y Epipedobates (1). También es uno de los 10 colectores de anfibios más prolíficos (3823 especímenes) (Figura 30). La rana cutín Pristimantis yanezi ha sido descrita en su honor.
Jorge H. Valencia (ver Figura 64) es un herpetólogo nacido en Ibarra, Provincia Imbabura, Ecuador, en 1979. Recibió su título en ciencias biológicas de la Universidad Central del Ecuador con una tesis titulada “Monitoreo de herpetofauna en bosque húmedo tropical, estudio de caso: los bosques de las comunidades kichwas Chuyuyacu y Pandenuque, cantón Arajuno, Provincia de Pastaza”. Fue tutorado por Nelson Gallo. Recibió una maestría en ciencias, red de biología y conservación de vertebrados estudiando la diversidad de especies, distribución y estado de conservación de anfibios y reptiles de la Cordillera del Cóndor, una región entre Ecuador y Perú. Actualmente, está cursando un doctorado en ciencias en el Instituto de Ecología, Xalapa, Veracruz, México, con una disertación sobre serpientes coral. Como herpetólogo, Valencia ha trabajado independientemente con anfibios y en numerosos inventarios, monitoreos, evaluaciones rápidas y estudios de impacto ambiental, especialmente para las industrias petrolera, minera e hidroeléctrica. Ha estado asociado con diversas instituciones, incluyendo el Vivarium de la Fundación Herpetológica Gustavo Orcés (1999–2013), donde comenzó como voluntario y luego trabajó como investigador y curador. En 2001–2002, realizó estudios de anfibios para Ecociencia. Actualmente, es profesor de taxonomía y ecología de anfibios y reptiles para la Asociación Veterinaria de Anfibios y Reptiles de México. Valencia ha estado involucrado en cerca de 50 publicaciones, incluyendo 40 artículos científicos (12 sobre anfibios) y cinco libros que incluyen anfibios, con siete de estos artículos indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha descrito o codescrito 8 especies del género Pristimantis.
Diego F. Cisneros-Heredia (ver Figura 64) es un naturalista, zoólogo y herpetólogo que nació en Quito, Provincia Pichincha, Ecuador, en 1980. Obtuvo su título de pregrado en ecología aplicada en la Universidad San Francisco de Quito USFQ, Ecuador, en 2006, con una disertación sobre la “Herpetofauna de la Estación de Biodiversidad Tiputini, Amazonía ecuatoriana” bajo la tutoría de David Romo. En 2008, obtuvo una maestría en modelado, monitoreo y gestión ambiental del King’s College London en el Reino Unido con una tesis titulada “Pérdida de hábitat e impactos del cambio climático en anuros neotropicales” bajo la mentoría de Mark Mulligan. En 2019, recibió un PhD con una disertación sobre los “Patrones Espaciales e Impacto del Cambio de Hábitat en la Diversidad de Vertebrados del Noroeste de América del Sur”. Desde 2009, Cisneros-Heredia ha trabajado como profesor en la USFQ y ha ocupado varios puestos de gestión, incluido ser el Fundador y Director del ZSFQ (2014–presente). Ha trabajado en varios proyectos estudiando anfibios y ha estado asociado con el MECN (INABIO desde 2017). Cisneros-Heredia ha publicado 165 títulos que incluyen 17 capítulos de libros y 5 libros. Entre estas publicaciones, hay 72 publicaciones científicas revisadas por pares, incluyendo 37 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha descrito o codescrito un nuevo género (Nymphargus); 3 especies de anfibios de Colombia, Perú y Bolivia; y 29 nuevas especies de anfibios de Ecuador de los géneros Pristimantis (10), Nymphargus (4), Hyloscirtus (2), Oedipina (2), Osornophryne (1), Rhaebo (1), Noblella (1), Boana (1), Centrolene (1), Chimerella (1), Cochranella (1), Espadarana (1), Hyalinobatrachium (1), Rulyrana (1), Teratohyla (1) y Epipedobates (1). La rana cutín Pristimantis cisnerosi fue nombrada en su honor.
Carolina Proaño-Bolaños (ver Figura 65) es una bioquímica y microbióloga que estudia las secreciones de anfibios. Nació en Quito, Provincia Pichincha, Ecuador, en 1980. En 2004, completó una tesis y recibió su título de licenciatura en biología en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Estudió la ocurrencia de compuestos antimicrobianos en 21 especies de anfibios ecuatorianos y purificó parcialmente cinco péptidos de Agalychnis spurrelli. Asistió a la Universidad San Pablo, CEU, España y recibió una maestría en 2007 en gestión y conservación de la biodiversidad en los trópicos después de hacer una tesis sobre la estructura genética de una población en declive de Atelopus sp. en Ecuador. Posteriormente, asistió a la Universidad San Francisco de Quito, donde, en 2012, completó una maestría en microbiología especializada en micro y biología molecular. Luego asistió a la Escuela de Farmacia de la Queen’s University, Belfast, Reino Unido, donde obtuvo un PhD en farmacia en 2016 con una disertación titulada “Desentrañando peptidomas de la secreción de piel de Cruziohyla calcarifer, Agalychnis spurrelli e Hypsiboas picturatus (Hylidae)” bajo la tutoría de Chris Shaw. Desde julio de 2016, ha trabajado en la Universidad Regional Amazónica Ikiam como profesora e investigadora. Proaño-Bolaños ha estado involucrada en 23 publicaciones, incluyendo 14 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Sus publicaciones incluyen el valioso hallazgo y descripción de nuevos péptidos (incluyendo cruzioseptins, picturins, pictuseptins, nuevas familias) y moléculas relacionadas en la piel de filomedúsidos e hílidos, que muestran usos biomédicos prometedores.
Diana Székely (ver Figura 65) es una herpetóloga rumana enfocada en las adaptaciones conductuales que permiten a los anfibios sobrevivir en ambientes extremos. Nació en 1981 en Constanța, Rumania. Diana obtuvo una licenciatura en biología y una maestría en gestión de áreas protegidas de la Universidad Babeș-Bolyai, Rumania. Bajo la guía del Profesor Dan Cogălniceanu de la Universidad Ovidius, Rumania, y el Profesor Mathieu Denoël de la Universidad de Lieja, Bélgica, terminó su PhD estudiando las “Adaptaciones de historia de vida y comportamiento a ambientes xéricos en anfibios fosoriales”. Sus métodos de estudio incluyen monitoreo de campo y experimentos bajo condiciones controladas utilizando diversas técnicas de laboratorio y nuevos enfoques de computación integradora. Su principal contribución al estudio de los anfibios ecuatorianos es su trabajo sobre la biología y ecología del poco conocido Sapo pacman de Stolzman, Ceratophrys stolzmanni, y los avances en nuestra comprensión de la complejidad de las adaptaciones de historia de vida y las estrategias conductuales que permiten a los anuros fosoriales sobrevivir en ambientes extremadamente secos o drásticamente estacionales. Es autora y coautora de 32 publicaciones, incluyendo 29 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). De las últimas publicaciones, 18 tratan sobre especies ecuatorianas. También participó en la descripción de 11 especies de Pristimantis, todas de Ecuador.
Mónica I. Páez-Vacas (ver Figura 65) es una bióloga de anfibios nacida en Quito, Provincia Pichincha, Ecuador, en 1982. Obtuvo el título de licenciatura en Ciencias Biológicas en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador en 2008 después de completar una tesis titulada “Revisión taxonómica del clado bocagei (Anura: Dendrobatidae)” y fue tutorada por Luis A. Coloma. En 2016, obtuvo un PhD en ecología en Colorado State University, EE. UU., con la disertación “Mecanismos de divergencia poblacional a lo largo de gradientes elevacionales en los Trópicos”. Su asesor principal fue W. Chris Funk. Entre 2016 y 2022, Páez-Vacas fue profesora asistente en la Universidad Tecnológica Indoamérica en Quito, Ecuador. En 2023, enseñó en la Universidad Central del Ecuador. Ha dirigido a tres estudiantes de posgrado (MS) y cuatro de pregrado. Ha participado en 11 publicaciones revisadas por pares, incluyendo cinco artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Páez-Vacas ha descrito dos especies del género Hyloxalus. Es miembro de la Iniciativa de Supervivencia Atelopus y la Alianza Jambato.
Sofía Carvajal-Endara (ver Figura 65) es una bióloga de anfibios nacida en Cuenca, Ecuador, en 1983. Obtuvo un título de licenciatura en ciencias biológicas en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador en 2010 después de completar una tesis sobre el efecto de factores ambientales y competencia interespecífica en la distribución de Gastrotheca riobambae y G. pseustes (Anura: Hemiphractidae) y fue dirigida por Luis A. Coloma. Trabajó como asistente de investigación en la PUCE (2010) y el Centro Jambatu (2011–2013) y en 2019 obtuvo un PhD en biología en la McGill University, Canadá. De 2021 a 2022, Carvajal enseñó en la Universidad Tecnológica Indoamérica en Quito, Ecuador. En 2023, estuvo asociada con la Universidad San Francisco de Quito. Ha participado en ocho publicaciones revisadas por pares, incluyendo cinco artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Describió o codescribió seis especies de los géneros Hyloscirtus (2) y Gastrotheca (4).
Juan Carlos Sánchez-Nivicela (ver Figura 65) es un herpetólogo nacido en Piñas, Provincia El Oro, en el suroeste de Ecuador, en 1983. Obtuvo un título de biología en la Universidad del Azuay en 2013 después de completar una tesis de pregrado sobre la diversidad y distribución de anfibios en un bosque húmedo montano en Zamora, Ecuador. En 2019, se matriculó en un programa de maestría en biología en la Universidad Nacional de Colombia con la tesis “Patrones ecológicos funcionales asociados con macroglandulas dérmicas en ranas de desarrollo directo del género Pristimantis (Anura: Strabomantidae) en los altos Andes del norte de América del Sur” bajo la tutoría de Yaneth Muñoz Saba, profesora y miembro del Instituto de Ciencias Naturales de la UNAL, y Diego F. Cisneros-Heredia de la USFQ. Desde 2008, Sánchez-Nivicela ha trabajado como herpetólogo, principalmente en proyectos de monitoreo, y ha contribuido al Museo de Zoología de la Universidad del Azuay (2012–2018), MECN (2013–2017), INABIO (2017–presente), Universidad San Francisco de Quito (2019–presente) e Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia (2019). Sánchez-Nivicela es parte del equipo de campo que ayudó a desarrollar el Parque Nacional Río Negro–Sopladora. Es autor o coautor de cuatro guías de anfibios. Ha participado en 15 publicaciones revisadas por pares, incluyendo 11 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Sánchez-Nivicela ha descrito o codescrito 12 especies de anfibios en peligro endémicos de los Andes del sur de Ecuador, 10 del género Pristimantis, uno de Lynchius y uno de Elachistocleis.
Jorge Brito Molina (ver Figura 65) es un mastozoólogo y herpetólogo que nació en Gualaquiza, Provincia Morona Santiago, Ecuador, en 1983. Obtuvo su título de licenciatura en biología y ciencias ambientales de la Universidad Central del Ecuador en 2013 después de completar una tesis sobre la diversidad y abundancia de pequeños mamíferos en la Reserva Ecológica el Angel. Brito Molina trabajó como voluntario/asistente de investigación en la EPN (2008–2014), tutorado por Ana Almendáriz-Cabezas. En la EPN, contribuyó al trabajo de campo y las publicaciones resultantes, particularmente en los inventarios realizados en la Cordillera del Cóndor que revelaron varias especies nuevas para la ciencia. Es investigador en la División de Mastozoología del MECN (2015–2017) e INABIO (2017–presente). Ha hecho importantes contribuciones al conocimiento de los anfibios de los bosques montanos amazónicos del río Upano y el Parque Nacional Sangay. Brito Molina es autor o coautor de cerca de 90 títulos, incluyendo cuatro capítulos de libros, dos libros y nueve guías y listas de especies. Entre estas publicaciones, 56 son revisadas por pares, incluyendo 11 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha descrito o codescrito 31 especies de vertebrados, la mayoría de las cuales (16) son anfibios de los géneros Pristimantis (11), Noblella (2), Chiasmocleis (1), Excidobates (1) e Hyloscirtus (1).
Juan P. Reyes-Puig (ver Figura 65) es un herpetólogo nacido en Quito, Provincia Pichincha, Ecuador, en 1984. En 2008, recibió un título de licenciatura en ciencias biológicas de la Universidad Central del Ecuador con una tesis sobre patrones de diversidad y el estado de conservación de los ensamblajes de ranas (Eleutherodacytlus) que ocurren en la vertiente norte del volcán Tungurahua. Desde 2004, Juan P. Reyes-Puig ha trabajado en varios proyectos estudiando anfibios y ha estado asociado con varias instituciones: la EPN (2004–2006, pasante/asistente de campo), MECN (INABIO desde 2017) (2002–2021, investigador asociado), Fundación Oscar Efrén Reyes (2005–presente, director técnico) y Fundación Ecominga (2008–2023, administrador, director ejecutivo). En este último rol, está activo en la adquisición de tierras y la creación de reservas para proteger anfibios. Reyes-Puig ha participado en 14 publicaciones revisadas por pares, incluyendo 9 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha descrito o codescrito 18 especies de ranas craugastóridas (17 Pristimantis, 1 Noblella).
Lauren A. O’Connell (ver Figura 65) es una bióloga celular y molecular nacida en la zona rural de Texas, EE. UU., en 1984. En 2006, recibió un Bachellor en ciencias biológicas de Cornell University. En 2011, obtuvo un PhD en biología celular y molecular en la University of Texas at Austin con una disertación titulada “Evolución de mecanismos neuroendocrinos que regulan el comportamiento adaptativo” y fue tutorada por Hans Hofmann. De 2012 a 2017, estuvo en una posición postdoctoral independiente como Bauer Fellow en Harvard University y desde 2017 ha sido profesora asistente en Stanford University. Desde 2011, ha trabajado en varios proyectos estudiando ranas venenosas in situ y ex situ. Ha tutorado, en Harvard y Stanford universities, a 12 becarios postdoctorales, ocho estudiantes de posgrado (incluyendo la ecuatoriana Daniela Pareja Mejía) y docenas de estudiantes de secundaria y pregrado. O’Connell ha participado en 72 publicaciones revisadas por pares, incluyendo 35 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha recibido muchos premios y reconocimientos, incluyendo la beca L’Oréal-USA For Women in Science en 2014, y fue reconocida por su trabajo de divulgación por L’Oréal USA en 2016.
Diego Batallas-Revelo (ver Figura 65) es un biólogo de anfibios nacido en Tulcán, Provincia Carchi, Ecuador, en 1984. Obtuvo un título de licenciatura en ciencias biológicas y ambientales en la Universidad Central del Ecuador en 2014 después de completar una tesis titulada “Análisis bioacústico de cantos de anuros de la Laguna Cormorán, complejo lacustre Sardinayacu, Parque Nacional Sangay, Ecuador”. En 2018, obtuvo una maestría en zoología en la Universidad Complutense de Madrid, España, con la tesis “Análisis bioacústico de los cantos de especies de Pristimantis del grupo myersi de los bosques montanos y alto montanos de la provincia de Carchi-Ecuador” y actualmente es candidato a doctor en la misma institución. De 2010 a 2013, Batallas-Revelo trabajó como asistente de investigación en la Escuela Politécnica Nacional, tutorado por Ana Almendáriz-Cabezas, donde organizó grabaciones de audio y comenzó a publicar sobre vocalizaciones de ranas. Hasta 2014, encabezó la Fundación Naturaleza Kakaram, una ONG dedicada a la investigación y educación. De 2016 a 2018, fue asistente de investigación en el MECN y luego en el Instituto Nacional de Biodiversidad. Batallas-Revelo es autor o coautor de 22 publicaciones sobre anfibios, entre las cuales 13 publicaciones son revisadas por pares, incluyendo 12 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha descrito o codescrito 16 especies de los géneros Pristimantis (12), Hyloscirtus (2), Noblella (1) y Chiasmocleis (1).
Andrea Terán-Valdez (ver Figura 65) es una bióloga de anfibios que nació en Quito, Provincia Pichincha, Ecuador, en 1984. Obtuvo el título de licenciatura en ciencias biológicas en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador en 2008 después de completar una tesis titulada “Selección Sexual en Engystomops puyango. Investigación experimental en laboratorio para probar la hipótesis de Selección Sexual con cantos de ranas”. Fue tutorada por Santiago R. Ron. En 2013, recibió una maestría en gestión de tecnología y recursos en los trópicos y subtrópicos en la University of Applied Sciences of Cologne, Cologne (Alemania) y la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (México). Trabajó con anfibios como asistente de investigación en la PUCE (2009–2011) y como gerente de colecciones y coordinadora de investigación en el Centro Jambatu (2018 al presente). Durante 2015–2016, fue profesora e investigadora en la Universidad Estatal Amazónica. Ha participado en 16 publicaciones, entre las cuales 9 fueron revisadas por pares, incluyendo 7 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha descrito y codescrito 9 especies (7 de Ecuador) de los géneros Atelopus (5), Pristimantis (2), Noblella (1) y Engystomops (1).
Marcel Adrián Caminer Rodríguez (ver Figura 65) es un biólogo de anfibios ecuatoriano-alemán nacido en Berlín, en 1985. Obtuvo un título de licenciatura en biología en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador en 2010 después de completar una tesis titulada “Sistemática del complejo de especies Hypsiboas fasciatus (Günther, 1858) e Hypsiboas calcaratus (Troschel, 1848) (Anura: Hylidae)”. Fue tutorado por Santiago R. Ron. En 2014, obtuvo una maestría en Biología Evolutiva en la Universidad Complutense de Madrid, España con la tesis “Relaciones filogenéticas, revisión taxonómica y filogeografía del complejo de especies Dendropsophus leucophyllatus (Beireis, 1783) y Dendropsophus triangulum (Gunther, 1869) (Anura Hylidae)”. Actualmente es candidato a PhD en el Programa de Regulación Génica en Evolución del Instituto de Biología Molecular, Johannes Gutenberg University of Mainz, Alemania. Caminer ha participado en 10 publicaciones sobre anfibios; ocho de ellas están indexadas en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha descrito o codescrito 11 especies en los géneros Boana (6), Pristimantis (2), Scinax (1), Hyloscirtus (1) y Osteocephalus (1).
Jaime Culebras (ver Figura 65) es un herpetólogo y fotógrafo de vida silvestre nacido en Cáceres, España, en 1985. Obtuvo el título de licenciatura en ciencias biológicas en la Universidad de Extremadura, España, en 2010. Se graduó con una maestría en enseñanza y aprendizaje de ciencias experimentales, sociales y matemáticas de la Universidad de Extremadura, España, en 2011 y una maestría en biodiversidad y conservación de áreas tropicales del CSIC y la Universidad Menéndez Pelayo, España, en 2012. Desde entonces, ha estado involucrado en muchos proyectos concernientes a la ciencia, fotografía y conservación con un énfasis en anfibios. Su fotografía de anfibios ha sido publicada en libros y revistas internacionales como National Geographic y BBC Wildlife Magazine, y ha sido galardonado con varios premios internacionales de fotografía, incluyendo Wildlife Photographer of the Year, World Press Photo, Montphoto y el Big Picture Photo Competition. En 2017, cofundó Photo Wildlife Tours, una empresa de ecoturismo que organiza, apoya y promueve tours e investigación en varios países con una misión de conservar la vida silvestre. Culebras ha participado en 19 publicaciones, incluyendo 10 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha codescrito 9 especies en los géneros Pristimantis (4), Hyloscirtus (1), Noblella (1) y Hyalinobatrachium (3).
Carolina Reyes-Puig (ver Figura 65) es una herpetóloga y mastozoóloga nacida en Quito, Provincia Pichincha, Ecuador, en 1988. En 2012, recibió un título de licenciatura en ciencias biológicas y ambientales de la Universidad Central del Ecuador. En 2015, fue certificada en bioestadística básica mediada con la plataforma de software R de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, y recibió una maestría en biología de la conservación de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Actualmente es candidata a PhD en biodiversidad, genética y evolución en la University of Porto, Portugal, y trabaja en la USFQ. Como herpetóloga, y desde 2008, Carolina Reyes-Puig ha trabajado en varios proyectos estudiando anfibios y ha estado asociada con varias instituciones: el MECN (2008–2010, 2012, 2015–2017), Fundación Oscar Efrén Reyes (2009–presente), Grupo Consultor Ecuambiente (2010– 2011), Ecociencia (2013), Fundación Herpetológica Gustavo Orcés (2014), QCAZ (2014–2015) y USFQ (2017–presente). En estos dos últimos, su puesto es Curadora de Herpetología. Carolina Reyes-Puig ha participado en 39 publicaciones, una guía de campo y dos libros. Entre estas publicaciones, 24 son revisadas por pares, incluyendo 12 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Ha descrito o codescrito 21 especies de ranas craugastóridas (18 Pristimantis, 3 Noblella) y dos salamandras del género Oedipina.
Verónica L. Urgilés (ver Figura 65) es una bióloga de anfibios que nació en Cuenca, Provincia Azuay, Ecuador, en 1990. En 2014, se graduó como bióloga especializada en ecología y gestión de la Universidad del Azuay, Ecuador, con una tesis titulada “Composición y estructura de anfibios en un gradiente altitudinal de la cordillera suroriental de los Andes ecuatorianos”. En 2020, Urgilés obtuvo una maestría en biología de la University of Central Florida, EE. UU., donde actualmente está trabajando en su PhD de biología integrativa. Mientras estudiaba en Florida, se ha involucrado en investigación de anfibios en colaboración con instituciones ecuatorianas, incluyendo el INABIO y la Universidad San Francisco de Quito. Urgilés ha participado en 10 publicaciones revisadas por pares centradas en anfibios e indexadas en Scopus (al 31 de mayo de 2023). En la mitad de ellas es la autora principal, incluyendo la descripción de 10 especies de Pristimantis (8), Lynchius (1) y Elachystocleis (1).
Alejandro Arteaga (ver Figura 65) es un herpetólogo y empresario turístico ecuatoriano-venezolano nacido en 1991 en Caracas, Venezuela. En 2015, obtuvo su título de licenciatura en biología de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Es el Presidente y Director de Investigación de Tropical Herping, una iniciativa que cofundó en 2009 para preservar reptiles y anfibios tropicales a través del turismo, la fotografía, la educación y la investigación científica. La investigación de Arteaga se ha centrado en la sistemática y biogeografía de anfibios y reptiles tropicales. Es el autor de dos libros (Reptiles of the Galápagos y The Amphibians and Reptiles of Mindo) y 19 publicaciones revisadas por pares, incluyendo 9 artículos científicos centrados en anfibios e indexados en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Arteaga ha descrito o codescrito 20 especies; entre ellas, siete son del género Pristimantis y una de Hyloscirtus. Ha estado involucrado en la adquisición de tierras para conservación a través de la Fundación Jocotoco. Su trabajo fotográfico ha sido presentado en National Geographic y el Discovery Channel. En 2015, Arteaga fue premiado en el concurso de fotografía Big Picture Natural World.
Nadia B. Páez (ver Figura 66) es una bióloga de anfibios que nació en Quito, Ecuador, en 1992. En 2014, obtuvo un título de licenciatura en ciencias biológicas de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador después de completar una tesis titulada “Sistemática del complejo de especies Pristimantis phoxocephalus (Anura, Craugastoridae) en Ecuador”. Fue tutorada por Santiago R. Ron. Trabajó como investigadora de anfibios en la PUCE hasta 2017. En 2018, Páez Rosales ingresó a un programa de doctorado en zoología en la University of British Columbia en Canadá, estudiando ecología de invertebrados. Páez ha participado en tres publicaciones revisadas por pares centradas en anfibios e indexadas en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Estas publicaciones incluyen la descripción de 13 especies en los géneros Pristimantis (12) y Elachistocleis (1).
Jhael Ortega (ver Figura 2.66) es una bióloga de anfibios que nació en Quito, Provincia Pichincha, Ecuador, en 1993. En 2020, obtuvo un título de licenciatura en ciencias biológicas de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador después de completar una tesis titulada “Dos nuevas especies de Pristimantis (Anura: Strabomantidae) del Parque Nacional Llanganates con comentarios sobre la composición de la comunidad en dos localidades”. Fue tutorada por Santiago R. Ron. Mientras realizaba sus estudios de pregrado, fue voluntaria como asistente de campo e investigación en el QCAZ. Actualmente, es profesora asistente en la PUCE. Ortega ha participado en cuatro publicaciones revisadas por pares centradas en anfibios e indexadas en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Incluyen la descripción de 13 especies en los géneros Pristimantis (12) y Noblella (1).
María José Navarrete (ver Figura 2.66) es una bióloga de anfibios que nació en Ibarra, Provincia Imbabura, Ecuador, en 1994. En 2017, obtuvo un título de licenciatura en ciencias biológicas de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador después de completar una tesis titulada “Sistemática del grupo de especies Pristimantis chloronotus (Anura, Craugastoridae) con ideas sobre su biogeografía histórica”. Fue tutorada por Santiago R. Ron. Mientras completaba sus estudios de pregrado, fue voluntaria como asistente de investigación y asistente de curatoría en el QCAZ. Desde 2020, Navarrete ha estado inscrita en un programa de PhD en biología integrativa en la University of California, Berkeley, EE. UU., estudiando la evolución de las tetrodotoxinas en anfibios bajo la tutoría de Rebecca Tarvin. Navarrete ha participado en cinco publicaciones sobre anfibios, entre las cuales tres están indexadas en Scopus (al 31 de mayo de 2023). Incluyen la descripción de nueve especies de los géneros Pristimantis (8) y Lynchius (1).